La segunda parte de Rocha

La segunda parte de Rocha

El gobernador de Sinaloa Rubén Rocha Moya se enfrenta a la segunda parte de su mandato. Difícilmente podría llegar en mejores condiciones políticas: su partido ganó el Congreso local y tiene a una incondicional ahí en Tere Guerra; Morena conservó suficientes Alcaldías para el respaldo en los Ayuntamientos, y colocó en ciudades clave a sus apreciados Juan de Dios Gámez y Estrella Palacios; la Presidencia y todo el poder federal está también en manos de la misma fuerza política; y por si fuera poco, como en el resto del país, en Sinaloa muchos de los otrora opositores están en su cancha, y quienes no lo están quedaron tan mermados, que se ve complicado que representen un bloque consistente y sólido para acciones contundentes y no solo testimoniales desde la oposición.

En lo político —porque es político más que judicial— la loza más pesada que carga el gobierno de Rubén Rocha sigue y seguirá siendo el conflicto con la Universidad Autónoma de Sinaloa, léase con Héctor Melesio Cuen. De tan largo ya se volvió tedioso. La estrategia inicial de romperlo desde adentro, socavando la estructura convenciendo a sus cabezas, específicamente al rector Jesús Madueña —el encargado en turno de la Casa Rosalina— no funcionó porque prevaleció la lealtad. Acorralarlos con expedientes judiciales y llevarlos a la negociación de fumar la pipa de la paz a cambio de retirarles las acusaciones, tampoco funcionó. Y la tercera jugada que se planteó para exterminar el brazo político y moneda de negociación de Cuen, el Partido Sinaloense, también falló. El PAS mantuvo una votación consistente, anclada en 70 mil sufragios que habla de una red bien amarrada. En la escasez de votos, ese 6.5 por ciento siguen siendo una muy buena carta de presentación, muy cerca del PRI y PAN que apenas rebasaron los 100 mil (antes solo en la capital de Sinaloa los obtenían).

En la suma y resta, entre ganar casi todo y el pleito con —y por— la UAS, Rubén Rocha sale ganando. Tiene casi todas las canicas y siempre tendrá la opción de darle cerrojo al tema de la UAS, o negociar una pas —no, una paz.

Es en lo político administrativo donde Rocha tiene el reto. La conformación del gabinete para la segunda fase de su gobierno, que no solo es inminentemente política la integración y menos por competencias, sino una extraña mezcla de intereses, lealtades y equilibrios, será clave para un desarrollo y cierre de su gubernatura, la que buscó entre ocasiones: la primera con menos de 40 años, y la alcanzó con más de 70.

Aquella promesa de hace tres años, previo a tomar protesta, de integrar un gabinete morenista e identificado con la izquierda histórica, no fue tal e incluso quedó muy lejos de ello. Hizo, como suele hacerse siempre en estos casos, un gabinete conformado por el círculo muy cercano, con los Enriques —Inzunza y Díaz— y el resto una mezcla de los compromisos políticos y los equilibrios.

El ajuste a la mitad no será distinto. El “cambiadero” y la “reingeniería” de los que habló al día siguiente de la elección son solo términos para la declaración: uno rimbombante y gastado, el de reingeniería, y el otro coloquial. Pero no serán ni uno ni el otro. De nueva cuenta —como suele hacerse en estos casos— hará los cambios obligados, por quienes se van a sus posiciones ganadas en la elección, como Inzunza, Graciela Domínguez y Tere Guerra, mantendrá el círculo cercano, y el resto hará un equilibrio entre compromisos adquiridos por las elecciones y los grupos de poder en el estado.

Margen de error
(Gobierno) Los tres puestos son estratégicos. Es la conducción política y del gabinete —desde la Secretaría de Gobierno—; es educación, siempre un tema en la cuerda floja y se supone prioritario para Rocha siendo él maestro y exrector; y es la Secretaría de Mujeres, que tratándose de la etapa de la primera mujer presidenta en México, adquirirá una relevancia incluso política.

Hasta ahora el gobernador de Sinaloa había descansado en Inzunza mucha —casi toda— la conducción política del Estado. Desde cualquier conflicto menor hasta temas de gobernabilidad, incluyendo el mismo de la UAS. El relevo en la Secretaría de Gobierno, más allá de tratarse del cargo más relevante después del titular del Ejecutivo, en este caso es fundamental para el estilo particular de gestión desarrollado por Rocha Moya.

Necesita otro Inzunza, pero solo tiene uno. Cualquier otra opción que surja, entre las dos o tres que baraja todavía, será un perfil distinto.

Pero no solo las secretarías de Gobierno, Educación y Mujeres son clave. Está agricultura que sigue causándole dolores de cabeza a este gobierno, poniéndolo en un predicamento cada vez que se acerca la cosecha. El cambio de esquema que desde el gobierno federal se impuso, no termina de cuadrar con la situación productiva de Sinaloa. Ahí lo más seguro es que concluya la etapa de Jaime Montes, una vez que acabe el mandato de López Obrador. Queda claro que el cambio de Montes por cualquier otra persona no le resolverá el problema a Rocha ni a Sinaloa, este tema es profundo, y al final se trata de pesos y centavos —y millones sería más exacto.

Es precisamente en el manejo de los dineros donde no habrá cambios. Se quedan Enrique Díaz, en Administración y Finanzas; Javier Gaxiola en Economía; y Joaquín Landeros en Obras Públicas.

De seguro hace un movimiento en la Secretaría del Bienestar. Necesita definir Turismo. Pero Salud, Transparencia y Seguridad Pública no movería a sus titulares.

Primera cita
(Sin margen) A decir verdad el margen de cambios de Rocha no es significativo. No le da para ninguna de las dos premisas: cambiadero y reingeniería. Los huecos que dejan las vacantes obligadas en los puestos de elección popular apenas le dan espacios para colocar los compromisos del mismo proceso electoral. Es decir, quienes dejan diputaciones o alcaldías, y con quienes se hicieron acuerdos políticos.

Es en todo caso en las subsecretarías donde puede tener el margen que necesita para su anuncio. Y ahí sí, en ese segundo nivel hacer el cambiadero.

Mirilla
(Cierre) Como quiera que sea, Rubén Rocha necesita un gabinete distinto para esta parte de su gobierno, donde ya no podrá descansar mucho en una relación con el presidente como la que tenía con López Obrador, cercana y hasta de amistad. Con la presidenta Claudia Sheinbaum tendrá que ser completamente distinto (PUNTO)

Artículo publicado el 23 de junio de 2024 en la edición 1117 del semanario Ríodoce.

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