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Aquí es con Doña Filo

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Desde 1960 la cenaduría se mantiene fiel a la comida casera deleitando los paladares de políticos, artistas, deportistas…

Por el Boulevard Madero justo donde se marca el número 582 está la Cenaduría La Filo, uno de los espacios tradicionales que emergieron en el Culiacán de los años 60.

Ha sobrellevado los embates de los sushis, los tacos de carne asada, los hot-dogs, hamburguesas, pero sigue ahí con sus tacos dorados de tortilla raspada, tostadas, gorditas, asado y enchiladas de requesón.

Es una casa común pintada de color naranja, que en sus inicios se adecuó con cuatro mesas, en la que fuera la sala de la casa de Victoria Palazuelos Chávez.

Ahora, aunque es más amplia y de techos altos, no ha perdido la sensación de hogar de techos amplios, pasillo y patio.
Por ahí han degustado los platillos políticos, periodistas, artistas, deportistas y las familias de antaño de la ciudad.

De eso recuerda bien Jorge Palazuelos, sobrino de Doña Filo, quien ha seguido con la tradición gastronómica, aunque no lo pensó así porque sus padres tenían una carnicería y quería seguir en ese negocio.

“Mi tía me invitó y la empecé a ayudar en la cuestión administrativa, mis papás tenían carnicería, pero como yo ya tenía el método de organización, empecé apoyando en las compras y en lo administrativo, me fui quedando y ya tengo 30 años aquí”, menciona.

“Doña Filo fue de las primeras en abrir un negocio y aquí en la que era su casa, empezó a vender cena con cuatro mesas, luego lo fue ampliando”.

El sazón de Doña Filo

Doña Filo era conocida por su buen sazón. Se fue corriendo la voz y los clientes empezaron a llegar, sobre todo cuando terminaban las funciones del Cine Alcázar.

“Había otros lugares aquí en el centro como La Pícara y otras cenadurías caseras. Los fines de semana pasaba lleno. Todo era familiar, venían puros vecinos a cenar. Todos se conocían”, detalla.

“Las tostadas y gorditas, a mí no me tocó pero me han dicho que las acompañaban con champurrado, después con Orange Crush”.

“Me di cuenta que La Filo es ya un ícono de Culiacán, que ahora vienen los hijos de aquellos que nos visitaban desde que se fundó. Ha ido creciendo la familia”.

“Doña Filo ha dado cabida a muchas mujeres, de hecho tres de ellas ya se han jubilado de aquí y eso nos da mucho gusto”.

Los embates de la pandemia

La pandemia recuerda que sí les pegó. Fueron los 100 días más duros y tuvieron que organizarse para subsistir.
“Empezamos con servicio para llevar, no estábamos preparados pero el 80 por ciento de las ventas se hicieron para llevar. Entramos a plataformas también”.

“Aquí hemos sufrido también la embestida de los sushis, la comida rápida. Antes aquí para el mes de julio pasaba lleno con las graduaciones, muchos escogían este lugar para cenar”.

Palazuelos detalla que desde que su tía fundó la cenaduría, se tiene por costumbre cada día empezar de cero. Nada se congela, ni se recicla.

“Es importante estar aquí, dar la bienvenida a la gente, a mí me da mucho gusto estar todos los días saludando a los clientes, que lleguen con un pastel para festejar la verdad es que me pone muy contento”.

Palazuelos afirma que en la cenaduría resiste como uno de los espacios tradicionales de la ciudad y está ahí como un pedazo de historia del viejo Culiacán.

Artículo publicado el 29 de mayo de 2022 en la edición 1009 del semanario Ríodoce.

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