junio 17, 2021 4:06 PM

Fin de las campañas 2021, drama, comedia y farsa

TOMÁS SAUCEDO. La política reducida a farsa.

Si tú te llevas al Verde, yo jalo al Colorado. Si presumes que primero los pobres, respondemos Puro Sinaloa. Que tus hijos, que tu suegro. Que la camioneta de lujo, que el autobús. Ustedes son un cáncer, llevan el país a las ruinas, ustedes pudrieron a las instituciones, robaron hasta enriquecerse. Que el gobierno estatal apoya a su partido, que el gobierno federal mete las manos. Si los candidatos y candidatas se vieran en un espejo, no reconocerían su reflejo. Si existiera la vergüenza se espantarían, preguntándose quiénes son esos del espejo. Son ellos y ellas.

Las campañas políticas que concluyen esta semana, como nunca antes quizás, se convirtieron en una puesta en escena donde la lucha por el poder tomó tintes dramáticos, cómicos y de una farsa. Afortunadamente la tragedia no asomó, como sí ocurrió en muchas otras ciudades y estados del país. Documenta Roxana Vivanco en esta edición de Ríodoce que son 35 candidatos y candidatas asesinadas en lo que va del proceso (y aun no termina), se suman agresiones de todo tipo, incluido el secuestro y desaparición de candidatos o simpatizantes. El país está en un enfrentamiento político que en muchos lados es una guerra abierta y desigual por el poder.

Nunca serán esclarecidos esos crímenes, podrá especularse hasta el cansancio si fue el narco o un contrincante despechado, un asunto personal, pasional, o una cuenta del pasado. Debieran ser investigaciones de urgencia y solo serán de trámite para el archivo.

Sí hay una tragedia en Sinaloa, se presenta cuando partidos y políticos desperdiciaron otra de las oportunidades para propiciar un encuentro con los ciudadanos. Un encuentro verdadero, no de simulación en actos únicamente para la foto o unos cuadros de video. Se perdió la oportunidad de un encuentro para escuchar y después hablar. Las ciudades, el estado y el país que tienen pensados los políticos no es el mismo que necesitamos los ciudadanos.

Al cierre de las campañas electorales de 2021, la clase política quedó lejos de aprender la lección de 2018. No era solo el retiro de las preferencias vía el voto a los partidos que en toda la historia se habían disputado el poder, tampoco fue volcarse por una marca –Morena- que respaldaba un testarudo López Obrador que por tercera vez buscaba la presidencia. Se esperaba una modificación total, de forma y fondo, donde se oxigenara por completo la vida pública viciada por años y años de prácticas perversas. No fue así.

Prevalecen las mismas y hasta peores prácticas, se trata de hacer lo que sea por convencer, comprar y hasta obligar a los ciudadanos para que voten por una u otra alternativa. Fue notorio desde la selección de los candidatos. Los ciudadanos nos encontramos, con raras excepciones, con los mismos perfiles del pasado, con chapulines que ya no brincan de un puesto a otro sino de una marca a la otra con desfachatez.
Otra vez se trata de elegir al menos peor.

 

Mirilla

(Lo cómico) Cuando la candidata de Redes Sociales Progresistas, Yadira Cabrera, le entregó un cojín a Rubén Rocha en pleno segundo debate para que descansara el cuello en sus siestas, no fue posible saber si provocó risas entre los asistentes o entre los candidatos y candidatas a la gubernatura. Pero la puntada no deja de ser cómica. En el primer debate Ricardo Arnulfo Mendoza, del PES, había dicho que él estaba como Jesucristo el día de la crucifixión, con ladrones a diestra y siniestra (refiriéndose que tenía a su izquierda a Rocha y a la derecha a Sergio Torres).

La política es demasiado seria en este país, solemne hasta el aburrimiento. Tampoco es que este par de puntadas tiendan a la comicidad inteligente y mordaz, pero sirven al menos para medir el grado y tamaño de su agudeza mental. Y resulta muy pobre, vergonzosamente básica.

 

Primera cita

(La farsa) Primero el Verde, con Tomás Saucedo; luego Redes Sociales, con Yadira Cabrera; y recientemente la candidata del Partido del Trabajo, Gloria González, terminaron por no convencerse ni a sí mismos y pidieron votar por alguien distinto a ellos.
Saucedo y González tiraron la toalla, abandonaron la contienda, y al declinar pidieron votar por otra de las fórmulas: el del Verde por Rocha, la del Trabajo por Zamora. Cabrera, de RSP, no declinó, hizo algo más extraño, lanzó un llamado a un voto útil que concluye que no es por ella, sino por Zamora. Aunque agrega que continuará de candidata y no declina.

Estos actos, viendo a Saucedo Carreño cambiarse de cachucha y vistiéndolo con el chaleco de Morena, o Gloria González estrechándole la mano a Zamora y Jesús Valdés para cerrar el trato, revelan la facilidad en que todo se convierte en una farsa. La farsa es el género dramático donde se lleva a extremos la apariencia hasta tocar lo grotesco. La realidad resulta tan irracional que da risa, pero una risa distinta a la comicidad, una risa acompañada de la pena que significa el abandono de toda dignidad.

Tomás Saucedo y Gloria González cayeron en el ridículo, fueron personajes de una farsa. De ahí lo peligroso de entrar en una contienda donde los partidos políticos los dominan los mismos personajes, ellos otorgan las candidaturas según el interés y la coyuntura. Una visión cortoplacista para apropiarse del poder y volver a las mismas prácticas tres años después, y de nuevo otros tres…(PUNTO)

Columna publicada el 30 de mayo de 2021 en la edición 957 del semanario Ríodoce.

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