mayo 11, 2021 3:37 AM

La simulación que pudre la vida pública

CALLES TOMADAS. El debate de las masas.

Un trago de optimismo entre tanta podredumbre: Si quien se siente puntero en un enfrentamiento electoral teme al debate, y quien cree seguirlo detrás piensa que podría revertir la situación, alcanzar y hasta rebasar, algo bueno debe existir en esta pobre y enclenque democracia en la que vivimos.

Si el debate entre gobernadores de la semana pasada lo siguieron diez o 100 mil, es suficiente con el miedo y oportunidad que infunde en los participantes. Es deseable aun más, pero por lo pronto no debe ser menos.

Nunca debemos olvidar que la lucha por el poder siempre es ruda, violenta, negra, cruel. Es condición humana. Es instinto. Las reglas han ido minimizando la peligrosidad, pero no se elimina. Por eso en México persisten las agresiones a candidatos y hasta los atentados.

Los ciudadanos contamos con poquísimos instrumentos democráticos para conocer a quienes aspiran al poder. Insuficientes son los discursos, las entrevistas, o los breves mensajes con promesas en un díptico o un volante. Es demasiado poco.

Por eso algunos mecanismos cuesta tanto alcanzarlos, porque la clase política los desprecia, para ellos entre menos cuentas se rindan mejor. Para los ciudadanos es lo contrario: necesitamos apuntalar y reforzar mecanismos que obliguen a los aspirantes a revelar lo que no quieren –como el 3 de 3 y las declaraciones de impuestos, patrimonial y de intereses-, otro podría ser que anuncien con anticipación quiénes los acompañarán en un eventual gobierno, necesitamos saber con quiénes trabajarían, con quienes se juntan, eso es fundamental para ir entendiendo a un gobernante.

Las plataformas electorales, que por ley entregan los partidos ante la autoridad pueden dar una idea, pero no son vinculantes ni muestran realmente un proyecto de gobierno. El documento queda arrumbado en un archivo, nadie lo revisa ni cuestionamos a sus creadores sobre cómo estarán concretándose esos proyectos del papel.

Para este proceso es tarde, pero a los debates entre aspirantes a puestos de elección les urge una renovación total. Los actores –es decir los candidatos- no son quienes deben imponer los formatos y las reglas de participación, deberían adaptarse a formatos de debate dinámicos y atractivos para un público amplio. Realmente debates, no únicamente espacios de exposición. Debatir es confrontar, es enfrentarse al otro con el arma de las ideas, defender una postura y criticar la del adversario. Todo lo que estos formatos con que se desarrollan los debates en Sinaloa no tienen.

A los ciudadanos nos urge buscar otros mecanismos –además de esos debates reales- que pongan de rodillas a los contendientes ante los ciudadanos, no ante sus opositores, sino ante la posibilidad de perder su ventaja, o reforzar la posibilidad de alcanzar al oponente. Será positivo desde el lado ciudadano, aunque no lo sea desde el lado de la contienda.

 

Margen de error

(Simulación) Una plaga invade nuestra vida pública, y es la simulación. Arrasa con todo, enferma lo que va tocando, está enquistada en muchos de los actos del poder público. Ya se acostumbraron a simular, es más sencillo que explicar. Muchas de las veces, además, desde lo privado se tolera y promueve esa simulación.

Me explico: La austeridad promovida por los gobiernos es mera simulación. Austeridad no es un invento de López Obrador y su gobierno, de austeridad hablan todos los gobiernos desde las crisis recurrentes en este país, la de 1994 por ejemplo. Lanzan un plan de austeridad, lo hizo Quirino Ordaz en 2017 también, y prohibieron la compra de coches nuevos –aunque reparar los que tenían salió mas caro- bajaron los salarios de los funcionarios de niveles medios y superiores, pero les pagan compensaciones en efectivo y con sobres amarillos. Se simula cuidar los centavos, pero se despilfarran los pesos en lo superfluo.

Hemos caído todos en esa simulación, la hemos tolerado, permitido, y hasta promovido. Y entonces tenemos lo que merecemos: debates que no son debates –son espacios de exposición. Fiscalización de gastos de campaña que nunca sigue las rutas del dinero, ni detecta pagos irregulares o la violación a los topes de campaña.

Imprentas, medios de comunicación, empresas de serigrafía, camiones, y todo lo que se necesite en una campaña, se vende y se compra, pero sin facturas que lo respalden, nada que deje una huella. Y el IFE simula fiscalizar, y los candidatos simulan entregar cuentas. Todos, da igual el color.

 

Mirilla

(Esfera) Desde afuera de la esfera del poder necesitamos forzar a la clase política a que deje de simular. Si en una campaña se gastan 100 millones en lugar de los 25 millones impuestos como tope, que se sepa y se diga. Que se registre. ¿Para qué el tope de campaña? El principio es obvio, para emparejar la contienda, todos pueden gastar lo mismo. Solo que es simulación.

1. Eliminar los topes de campaña, que los candidatos gasten lo que quieran, siempre y cuando no sea recurso público y se identifique el origen (donaciones con nombre y apellido). Y elemental: que la autoridad supervise que todo gasto queda registrado y respaldado, sin simulaciones.

2. Mantener el tope de campaña, que todos tengan un límite en el gasto, pero que la autoridad cumpla con la supervisión real, y se castigue cualquier omisión. Que se pague caro, que un diputado o gobernador sea inhabilitado antes de tomar posesión, aunque gane la elección.

La simulación en México es burda, pero nadie la admitimos (PUNTO)

Columna publicada el 25 de abril de 2021 en la edición 952 del semanario Ríodoce.

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