enero 15, 2021 7:16 AM

La lectura es un buen distractor: la ocurrencia de Emiliano

Culiacanazo-Ana Frank-1

No es fácil imaginar que en medio del terror alguien tenga el aplomo de alcanzar un libro y ponerse a leer en voz alta para calmar a los demás. Lo hizo Emiliano, un joven de 17 años que trabajaba de charolero en la Farm Burguer, justo a un lado del lavado de autos y donde se habían quedado atrapadas alrededor de 30 personas, entre empleados y clientes la tarde del 17 de octubre de 2019.

Las señoras se encerraron en el baño y hasta afuera se oían los rezos, dice. “Padre nuestro que estás en los cielos…..”

—Chale, cerramos la puerta y hasta afuera se escuchaban los murmullos… “Líbranos del mal…”

En la escalera estaban los más jóvenes.

“Habían llegado a comer tres morros, un bato y dos morras. Cuando el desmadre se protegieron en las escaleras. Temblaban de miedo y cómo no, si un chingo de plomazos pegaban en las paredes, se oía el desmadre afuera, las blindadas, los sicas corriendo, los soldados gritando, las cincuenta, los granadazos. Entonces vi a las morras bien asustadas y se me ocurrió distraerlas con algo. Yo traía a la chamba un libro que me había robado en la prepa, fui por él y me puse a leer en voz alta.

Pag 28. Lo recuerda bien:

Jueves 10 de octubre de 1942. Un jueves negro también para Ana Frank.

Querida Kitty:

Ayer tuve un miedo terrible. A las ocho sonó el timbre con persistencia. Sólo se me ocurrió una cosa: que eran ellos. Pero todo el mundo afirmó que sólo se trataba de mendigos o del cartero, y me tranquilicé. Los días se vuelven muy tranquilos. Lewin, un joven químico y farmacéutico judío, trabaja en la cocina de las oficinas para el señor Kraler.

Conoce bien el edificio, por eso tememos que un día se le ocurra subir para ver el antiguo laboratorio. Permanecemos inmóviles y silenciosos como ratas en su escondrijo. ¿Quién habría podido sospechar, hace tres meses, que Ana azogue sería capaz de quedarse quieta en una silla durante horas y horas, sin moverse?

Le pregunté a Emiliano por qué leyó justamente esa parte del diario de la niña alemana que se escondía de los nazis, que hablaba precisamente de alguien que se pasa horas en un escondrijo. “¿Lo escogiste a propósito de la situación?”

“La verdad no, yo abrí el libro y me puse a leer. A la morra que venía con la pareja le gustó mucho, traía lentes y me dijo que a ella le gustaba leer. Me preguntó que si qué otros libros había leído y, chale, no supe que decirle porque casi no leo; ese libro me lo robé en la prepa y pues, me gustó”. Después seguí viendo a la morra, salimos varias veces pero es muy acá la morra… chale”.

Me dijo que se quedó con dos cartuchos calibre 50 y que quiere hacer con ellos un dije. Un dije de cobre y plomo, menudo recuerdo de esa tarde de perros.

Artículo publicado el 18 de octubre de 2020 en la edición 925 del semanario Ríodoce.

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