abril 20, 2021 1:57 PM

Perlas de pepe

 

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Entre la ruleta, el póquer, el backgamoon, el blackjack, el futbol, el basket, el cricket, los deportes pues, la casa británica de apuestas Ladbrokes abre su corazoncito para que sus seguidores desafíen al azar con una modalidad poco común, sofisticada, muy alejada de los estereotipados intereses de los asiduos a los casinos.

Para que se den una idea, les voy a pedir que jueguen con su imaginación: llega al recinto un apostador clásico, con lentes oscuros que ocultan profundas ojeras de trasnochado e impiden que exteriorice la menor expresión de un sentimiento, los músculos faciales imperturbables y la actitud serena. Como ya no dejan fumar en ningún lado, menos en Inglaterra, no lo imaginen con un cigarrillo, ni con puro o pipa, póngale, mejor, un whisky en su mano. Con cálculo de experto, toma una considerable montaña de fichas, la arrastra y dice:

—Va mi resto por el sueco Tomas Tranströmer para Premio Nobel de Literatura 2011.

No es algo nuevo. La Casa Ladbrokes tiene años jugando apuestas al ganador del Premio Nobel de Literatura. Recién, el año pasado dieron en el blanco con Mario Vargas Llosa, pero otros años lo han recibido escritores que no estaban, digamos, en su ranking. Como debe ser, los apasionados a esta ruleta literaria tienen peculiaridades nada difícil de imaginar. Sin duda sienten más pasión por las musas que por Birján.

Esta apuesta es un ejercicio elevado a la ene sublimación de nuestras muy tradicionales peleas de gallos, donde se le va al giro o al colorado. En el caso, al japonés (Murakami) o al gringo (Dylan), al sueco (Tranströmer) o al sirio (Adonis), pero no para que se maten a picotazos y navajazos, sino para acertar cuál es la obra que los académicos dejan viva para la posteridad, aunque se han dado casos de que, como en El Gallo de Oro, esa película lograda en base a un guion de Juan Rulfo, el gallo derrotado regrese prácticamente de los brazos de la muerte para demostrar que él era mejor.

Los casos que ilustran la anterior aseveración son demasiado conocidos, pero no sobra dar una recordadita a unos cuantos de los que injustamente no lograron su ingreso a la nómina del Premio Nobel, que este año está dotado con diez millones de coronas, o sea, un millón cuatrocientos sesenta mil dolarucos, nada comparado con el Cabot y el CPJ (felicidades conglomerado Ríodoce, felicidades Javier). Seré breve en este asunto, que, como ya dije, está demasiado sobado. Jorge Luis Borges, el autor de El Aleph; Vladimir Nabokov, el de Lolita; Marcel Proust, En busca del tiempo perdido; James Joyce, Ulises; Mark Twain, de Las aventuras de Tom Sawyer. Con esta quinta, que es uno de los drimtims de la historia de la literatura universal, queda demostrado que los apostadores, por más que desplieguen una vastedad de conocimientos sobre el tema, por más que finquen su riesgo en sesudos razonamientos, en años de estudios, siguen estando, como todo jugador, en manos del caprichoso azar, o de la caprichosa Academia Sueca, como usted guste y mande.

 

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