La “tercera ola” democratizadora, teorizada por Samuel P. Huntington en su libro de 1991, describe la transición de más de 30 países del autoritarismo a la democracia entre 1974 y 1990. Iniciada con la “Revolución de los Claveles” en Portugal, esta ola afectó a Europa, Latinoamérica, Asia y África, marcando una expansión global de la democracia.
Hoy podemos decir que una ola derechizadora está recorriendo América Latina.
Países como El Salvador, Bolivia, Perú, Argentina, Ecuador y Chile que hace pocos años eran gobernados por fuerzas progresistas, ahora tienen gobiernos de derecha. El caso Venezuela es el más dramático, una fuerza externa secuestró al presidente Nicolás Maduro Moros.
En la actualidad, son pocos los países en América Latina que son gobernados por fuerzas progresistas: México, Uruguay, Brasil y Colombia. El caso de Nicaragua, es muy diferente. Desde hace años la Revolución Nicaragüense (MSLN) perdió el rumbo.
El Movimiento Socialista Indígena en Bolivia duró 20 años. Su principal creador Evo Morales, se encargó de enterrarlo. Bolivia, mayoritariamente indígena, cerró su ciclo el domingo 17 de agosto del 2025.
El Movimiento al Socialismo (MAS), que bajo el liderazgo de Evo Morales inauguró en 2006 un ciclo político a favor de los más pobres de Bolivia, marcado por la expansión del Estado, la redistribución de la renta y un inédito protagonismo de los sectores indígenas y campesinos, ha reducido a la marginalidad su fuerza electoral. La izquierda boliviana fue derrotada, después de 20 años de hegemonía.
Partido o movimiento que no es capaz de crear nuevos cuadros, está condenado a dejar el poder a otras fuerzas.
El caso boliviano encaja en una tendencia más amplia en la región. Tras la ola progresista que marcó el inicio del siglo, varios países de América Latina viven un retorno a liderazgos conservadores o liberales, con matices nacionales. Argentina, Ecuador, Bolivia y Chile se inscriben en esa secuencia que, aunque no siempre responde a la misma lógica, comparte un denominador común: el desgaste de proyectos progresistas que no lograron renovar su legitimidad después de largos años de poder.
El 17 y 18 de abril se celebró la Cumbre de la Democracia en Barcelona, España, cuyo anfitrión fue el presidente, Pedro Sánchez Pérez Castrejón. A este evento asistieron los presidentes de Colombia, Gustavo Francisco Petro Urrego; el presidente de Brasil, Lula Inácio da Silva, y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum Pardo, y personalidades de la política de EU y de Europa.
México empieza a tener una vida activa en la política exterior, la presencia de Claudia Sheinbaum fue notable, y su intervención fue magistral. Dio a conocer los principios que guían nuestra política exterior, elaborados por el mazatleco Genaro Estrada, y dijo:
Vengo a contarles lo que México tiene como principios constitucionales surgidos de la historia, en materia de principios democráticos en política exterior y que hoy resuenan fuerte y claro, y están más vivos que nunca en el escenario mundial: El respeto a la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias, el rechazo al uso de la fuerza, la igualdad jurídica de los Estados, la necesidad de la cooperación internacional para el desarrollo, el respeto a los derechos humanos, la lucha permanente por la paz.
Artículo publicado el 26 de abril de 2026 en la edición 1213 del semanario Ríodoce.







