Nada es lo que parece: Los vuelos de la muerte en escena

Nada es lo que parece: Los vuelos de la muerte en escena

La voz de Alicia de los Ríos Merino, abogada e historiadora, desentraña la historia de su madre, Alicia de los Ríos Merino, miembro de la Liga Comunista 23 de Septiembre. También recrea la muy breve biografía de su padre, Enrique Pérez Mora, el Tenebras, quien, a los 25 años de edad, es abatido tras una acción guerrillera, luego de dejar su semilla en el vientre de su compañera de lucha, nombrada, a raíz de su muerte, responsable militar en el Valle de México. Alicia también es el nombre de la abuela que asumió la tutela de su nieta, ahora convertida en actriz para exponer los hechos de la desaparición y asesinato de cientos de jóvenes que en los años sesenta y setenta vivieron la utopía del cambio revolucionario. Los regímenes autoritarios y anticomunistas de la época inventaron métodos infames para perseguir y exterminar a sus enemigos ideológicos, como los vuelos de la muerte.

La compañía Teatro Línea de Sombra presenta su obra Vuelos nocturnos sobre un mar sin fondo, a cincuenta años de la desaparición de Alicia de los Ríos Merino y del auge de la Guerra Sucia, que inicia a mediados del siglo pasado y no concluye sino hasta los años noventa. Es una puesta en escena basada en una investigación profunda, realizada por la dueña de la voz narrativa del hecho dramático. La obra se sostiene de principio a fin gracias a la experiencia y el talento de sus artífices: Jorge Arturo Vargas, Eduardo Bernal, Mario Moncada y Alicia Laguna, que dotan a la pieza de recursos multimedia y musicales (música de Juan Pablo Villa y Shantal Saad).

Este tipo de teatro documental funde el testimonio con una estética en la que la actuación carece de pretensiones exaltantes para dar paso a la presencia de personajes que hablan y gesticulan desde su propia experiencia, desde su humanidad desgarrada y a la vez en el plano de su cotidianidad en donde llaman a no ser presas del desencanto y la tristeza, sino a construir una memoria que nos permita entender el presente e imaginar un mejor futuro. Una memoria histórica con la que México sigue en deuda.

La obra nos revela información que la mayoría del público ignora, por ejemplo, que el gobierno mexicano fue punta de lanza en las técnicas de tortura y desaparición de presos políticos, que la policía y el ejército mexicano establecieron casas clandestinas para la reclusión ilegal y usaron aviones de la Fuerza Aérea para lanzar cuerpos ya difuntos, moribundos o sedados al océano Pacífico. Una de esas víctimas fue Alicia de los Ríos Merino, motivo de esa historia, que es la de una juventud mexicana segada por la guadaña de la intolerancia y la impunidad.

Entre el público se advertía la presencia de personas del exilio argentino y chileno. Se enteraban apenas de que los vuelos de la muerte en el Cono Sur tuvieron su origen en la asesoría militar mexicana. La obra conmueve y sacude en el contexto de un mundo que vuelve a ser dominado por la ultraderecha y el fascismo, por el crimen organizado, pero sobre todo ante el desencanto y el pasmo de conciencias que se identifican aún con las luchas de los más débiles y los desheredados, con los trabajadores, con un sentido de justicia y de equidad. La obra aún puede verse en el Teatro Helénico de la Ciudad de México, pero ojalá itinere en el resto del país.

Artículo publicado el 15 de febrero de 2026 en la edición número 21 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.