Según la última encuesta publicada por Banxico sobre las expectativas empresariales, hay un claro enfriamiento del optimismo empresarial, más del 40 por ciento considera que es un mal momento para invertir. Al mismo tiempo la inflación muestra un claro repunte alcanzando niveles por encima del 4 por ciento en algunas regiones, mientras que las políticas arancelarias y la presión salarial seguirá impulsando el crecimiento inflacionario.
Fuentes de inflación
Este 2026 se espera un año aún más turbulento que el 2025 debido a la famosa renegociación del T-MEC, y a una total reconfiguración de la política comercial mexicana que ha dado un viraje en los últimos meses, caminando hacia una política proteccionista en las industrias que compiten con productos provenientes principalmente de China. El establecimiento de aranceles, el mayor control sobre contrabando y la imposición de cuotas para paquetes pequeños, irán cercando a los negocios que dependen de las importaciones chinas, y eso tendrá un efecto muy considerable en los precios. Por ejemplo, de enero a octubre de este año, el 20 por ciento del total de importaciones provienen de China, de ese tamaño es el efecto que tendrá para empresas por los bienes de capital, insumos, y también para los consumidores. Por supuesto que es una política que busca proteger a la industria nacional, pero debiera también buscar fortalecerla y hacerla más competitiva.
También, el incremento salarial y el crecimiento de las transferencias a los hogares, son todos fuentes de demanda que estimulan el crecimiento de la inflación. Otro elemento, aunque aún incierto, es la posible reducción de la jornada laboral, que traería consigo el crecimiento de los costos laborales para las empresas, impulsando así también los precios. Dicha medida puede tener elementos positivos para los trabajadores, pero de inicio incrementaría presiones inflacionarias.
Por el otro lado, la decisión de Banxico de reducir la tasa de interés de referencia, podría ser una fuente inflacionaria, aunque la decisión se fundamenta principalmente en que la economía no creció este 2025 y que la inflación está cercana al rango objetivo de 3, más o menos un punto porcentual.
Crecimiento y optimismo por el suelo
Según el reporte antes mencionado las empresas redujeron su optimismo de inversión, lo que llevó a la cancelación de proyectos o a ponerlos en espera. Uno de los elementos de mayor influencia es que el T-MEC ya no puede darse por sentado y, aún si se firma, no se puede confiar en absoluto en Donald Trump, ya que “a como dice una cosa, dice otra”. En consecuencia, las empresas reportan una mejor contratación e inversión física, lo que es un claro indicador de las previsiones para el siguiente año.
Por su parte, el gobierno federal invertirá una parte muy pequeña del presupuesto en proyectos productivos estratégicos, apenas el 2.5 por ciento del PIB, mientras que las transferencias directas serán del orden del 3 por ciento del PIB. No obstante, cabe aclarar que dentro de los proyectos productivos está Pemex, que ha seguido absorbiendo recursos sin que muestre beneficios económicos.
En suma, iniciamos el 2026 con dos motores de crecimiento apagado en México, uno es el sector privado, especialmente la industria de exportación, que sigue despidiendo gente, y otro es el bajo gasto productivo del gobierno federal. Al mismo tiempo, iniciamos con varios factores inflacionarios: menor tasa de interés, más transferencias a los hogares, imposición arancelaria a bienes asiáticos, crecimiento salarial y las expectativas de mayores costos laborales con la reducción de la jornada laboral.
Artículo publicado el 21 de diciembre de 2025 en la edición 1195 del semanario Ríodoce.






