Nosotros levantamos la voz

Nosotros levantamos la voz

El director de la Primaria Sócrates rememora el fatídico enero: “mucha gente de Culiacán sintió también ese dolor”

Desde su pupitre, un niño se levantó: “¿Usted por qué dijo que los mataron porque traían el carro polarizado?”, le cuestionó al gobernador Rubén Rocha Moya. El mandatario peló los ojos; no sabía qué contestar. Esa mañana, estaba de visita en la primaria Sócrates, desnudo, sin las hostigadoras cámaras de la prensa ni sus guardaespaldas siguiéndole el paso.

Estaba ahí para pedir perdón. Quince días antes, la madrugada del 19 de enero, Gael, de 9 años, y Alexander, de 12, fueron alcanzados por las fulminantes balas que los privaron de la vida. Gael falleció horas después; su padre, Antonio, quedó en el lugar. Alexander murió a los 3 días en la cama de un hospital.

El jueves 23 de enero, el cuerpo de estudiantes, maestros y padres de familia se movilizó afuera de la Primaria Sócrates; tenían que manifestarse. Ya lucía un moño negro en el umbral de la puerta. Gael cursaba el cuarto año y Alexander, quien ya había recorrido los pasillos, aún era recordado por sus maestros.

Todos vestían de blanco y los niños se enrollaron en la muñeca el listón de los globos blancos que liberarían durante la protesta. El caso provocó el hartazgo y la movilización de miles de personas, quienes realizaron una de las protestas con mayor participación ciudadana. En el camino se seguían uniendo más personas, una guitarra tocaba Un Millón de Amigos y el clamor de “¡Con los niños no!” resonó por el primer cuadro de la ciudad.

La agenda era llegar hasta el Palacio Municipal y lo que comenzó de manera pacífica culminó con el desvío de las masas hasta el Palacio de Gobierno, con el destrozo del despacho del gobernador. Globos blancos se elevaban mientras puertas y paredes eran derribadas.

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Había coraje, recuerda Víctor Manuel Aispuro, director de la primaria, tocaron una de las fibras más sensibles, “era el dolor de una familia que habían destrozado, unos niños asesinados… acabaron con esa familia. Entonces mucha gente de Culiacán sintió también ese dolor sin tener la presencia”.

En ese momento, apenas habían transcurrido cuatro meses de la crisis de violencia, pero el cansancio se venía acumulando. El primer caso mediático fue el de Juan Carlos Sánchez Palacios, abogado, quien fue abatido por error en un operativo liderado por el Ejército Mexicano y antagonistas del crimen organizado, la tarde del 21 de septiembre, en los departamentos Clamont.

Le siguieron Jason Zavala Rodríguez y Yukhié Adaly, estudiantes de la Universidad Autónoma de Sinaloa, perseguidos el 24 de octubre por un comando en la Calzada Heroico Colegio Militar, hasta chocar en uno de los postes del camellón. Hasta llegar al asesinato de Alexander y Gael, quienes fueron víctimas de un fallido despojo de vehículo.

A un año del conflicto, las marchas en búsqueda de la paz y los desaparecidos son escasas, pero continúan.

Un gobierno cuestionado

Para Aispuro, el efecto de la protesta afectó el discurso y la percepción pública comenzó a cambiar, generando señalamientos más severos hacia Rocha Moya al salir ante las cámaras y decir que “no pasa nada”, “todo está bien” o “la gente inventa”. Esto desarrolló uno de los primeros puntos de conflicto, al minimizar lo evidente: el padecimiento de una crisis de violencia y la falta de control por las fuerzas de seguridad.

“En ese momento, mucha gente empezó a cambiar el discurso y era sí es culpable el gobernador por omisión, sí es culpable porque no está participando activamente, porque trata de mentir sobre lo que realmente está pasando en Sinaloa, pero hay un culpable más: los delincuentes y esos son los generadores de violencia, esos son los que están ocasionando daño, esos son los que nos tienen sumidos en esta angustia”, señaló.

Aispuro anhela que los políticos —incluido el gobernador— encabecen estas marchas, pero “no como mandatario, sino como ciudadano, como una persona”. La expectativa es que se despojen de su investidura partidista y actúen “como personas a las que les duele, que sienten, que se vuelvan humanos”.

Pese al furor de la población en su demanda de mejores condiciones de seguridad, la crisis continúa. La estrategia gubernamental, describe Aispuro, es fallida. Percibe que el trabajo del gobierno federal (Guardia Nacional, Marina, y Ejército Mexicano) entrega resultados; sin embargo, el gobierno local no.

“La gente estaba ávida de que alguien levantara la voz. Nosotros la levantamos, pero en un sentimiento de dolor, de frustración. Y entonces hay mucha gente que sigue todavía viviendo en el miedo (…) si ellos no actúan y están dejando de hacer mucho, están perjudicando al pueblo”, señaló.

Luchas prolongadas

A lo largo de 16 años, Alma Rosa, líder del colectivo Voces Unidas por la Vida, ha encabezado más de 20 marchas para exigir el retorno de su hermano Miguel Ángel Rojo Medina y de otros más que están desaparecidos.

En esta crisis, el aliento de las madres que gritan el nombre de sus hijos se ha visto disminuido. Alma enmarca dos razones principales: miedo y desesperanza. Por un lado, el miedo las llevó a parar un poco; gritar en un fondo de violencia las expone. Por otra parte, se hagan marchas o no, la problemática continúa.

“Nosotros hacemos las manifestaciones queriendo hacer conciencia en la sociedad, en las personas, en todo lo que tenga que ver con esto que estamos pasando, con esta guerra que estamos viviendo (…) Pero también en que el gobierno voltee y haga su trabajo y vea en qué forma nos ponemos de acuerdo, tanto familiares de desaparecidos, como ellos, en querer cambiar esto, que no exista la desaparición, que no exista tanta violencia”, señaló.

En el receso de recorrer las calles, donde se exhiben las pancartas y se entonan las consignas, la exigencia se traslada a las oficinas de la Fiscalía General del Estado (FGE), donde las carpetas de investigación permanecen inmóviles, empolvadas.

“En todos estos años que llevamos no hay avance en las investigaciones de ningún caso. Es raro el caso donde te digan, ‘han hecho esto, los investigadores han investigado esto, este avance en esta investigación, en esta carpeta o en esta averiguación previa hay un avance’”.

“A mí me ha deprimido tanto, tanto esto, que hay veces que pienso dejar y dejar esto, decir, ‘hermano, ya son 16 años, ya voy a parar’”.

En toda su lucha, ha visto cómo otras madres se acaban de tanto buscar.  A otras les quitan la vida por querer de regreso a sus hijos. En el fondo, agradece a Dios que su mamá haya muerto antes de la desaparición de su hermano; de lo contrario, ella se hubiera acabado junto con su madre.

Artículo publicado el 7 de septiembre de 2025 en la edición 1180 del semanario Ríodoce.

 

 

 

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