Crónica: El sobreviviente de las fosas de Tacuichamona

Crónica: El sobreviviente de las fosas de Tacuichamona

En la sindicatura de Tacuichamona ubicada al sur de Culiacán, el colectivo Sabuesos Guerreras localizó al menos cinco cráneos y restos humanos dentro un cárcamo de la Japac; tres de ellos pertenecían a hombres que viajaban a Mazatlán para un trabajo de construcción; un grupo armado los interceptó y asesinó, uno salió con vida

 

Una bala le atravesó el cuello y salió por la cabeza; cayó tendido. Sus amigos recibieron el mismo trato. El grupo armado que los levantó les quitó la ropa: los dejaron encuerados, con los órganos palpitantes expuestos a la intemperie. Los pararon a la orilla de la fosa séptica y, uno por uno, les daban un plomazo. Eran cuatro; él fue el tercero en caer.

Rebobinando

Desde muy temprano —a eso de las 7 de la mañana— él y sus amigos tomaron la carretera Culiacán-Mazatlán. El plan era llegar al puerto mazatleco para realizar un trabajo de construcción. Nada difícil, sencillo; a eso se dedicaban. Arriba del carro: dos ingenieros, un chalán y él.

Como es usual en los viajes de carretera, decidieron hacer una pequeña parada en uno de los desolados OXXO que brillan en las orillas de las carreteras. Este se localiza justamente a la entrada de San Francisco de Tacuichamona, sindicatura ubicada a 65 kilómetros de Culiacán. Ahí los interceptaron.

Al llegar, se topan con los malos: hombres con radios en el cinturón, pistolas fajadas y trepados en sus camionetas. Los tomaron. Estaban en tiempos de guerra: es octubre de 2024. El calor del conflicto entre Los Chapos y Los Mayos estaba en ebullición. Los sujetos realizan sus protocolos: les cubren los ojos y los cambian de carro.

Él conocía muy bien la zona. Con los ojos vendados comenzó a contar el tiempo y las vueltas que daba su inesperado transporte. Sentía los topes y las brechas. Los sujetos los llevaron hasta el interior de Tacuichamona, tomaron la calle La Matraca, un extenso camino de terracería; piedras puntiagudas y tierra suelta.

Detienen los vehículos, los bajan y los ponen en fila sobre la fosa séptica. Un pequeño lugar rectangular con 12 tapas de registro a cargo de la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado de Culiacán (JAPAC), capaz de almacenar residuos fecales y todo aquello que apeste, lejos de cualquier presencia humana.

Los desnudan. Sin razones. Nunca hay argumentos. “Los vamos a dejar ir”, les decían.

Uno por uno, comienzan a caer. El veía como le quitaban la ropa a sus amigos y les ponían la pistola. Suena la bala. Caen. Su turno fue en el tercer disparo. La bala entró y él se hunde al interior de las pestilentes aguas. No muere, pero se hace el muerto. Inerte, inmóvil, una sigilosa caída. Describió la sensación de estar ahí flotando:

Había algo suave, pero asqueroso. El olor patea, violenta los orificios nasales. Sentía una capa de grasa: es la materia fecal que hacía contacto con su piel ensangrentada. Escuchaba el agua correr. Cada que se quería mover, sentía que se hundía. El cuarto cuerpo cae sobre él. Permanece tácito. Sintió como el cabello de una mujer se enredaba entre sus dedos.

UNOS DE LOS CRÁNEOS. Al menos cinco han sido encontrados.

 

Decidió esperar a que se fueran. Las frecuencias de radio aún resonaban. Sonido saturado, bocas pegadas a los micrófonos. Las conversaciones no acababan, los hombres hablaban y él “muerto”. Tardó entre media hora y una hora cuando las voces comenzaron a alejarse. Se estaban retirando. Como último acto cerraron los registros con las pesadas tapas de concreto. Él quedó a oscuras.

Escape

Estuvo toda la tarde ahí. Rodeado de aguas negras y con la herida fresca. Poco a poco empujaba la pesada tapa de concreto que estaba sobre él. Con cuidado para no hundirse. Finalmente salió. La noche ya había caído, cerró nuevamente la tapa y buscó un camino.

Tenía miedo, estaba desnudo y con el material fétido adherido a su piel. Las monumentales torres de cableado que se entremezclan con lo árido de las rancherías fueron su guía para llegar hasta la comunidad Las Flores, ubicada aproximadamente a 1.5 kilómetros del cárcamo. Caminó y caminó durante toda la madrugada.

En el patio de una de las casas miró a un señor, ya viejito barriendo su patio. Eran las 5 de la mañana. Se le acercó y le pidió ayuda: contó lo sucedido y pudo contactarse con su familia. Llegaron por él y lo llevaron a un hospital. A pesar de la herida abierta, el contacto directo con la masa negra de putrefacción y los residuos de pólvora y metal que atravesaron su piel no sufrió ninguna infección. De milagro vivió, le decían los doctores.

Fantasías

Los investigadores dudaron sobre la historia. Nadie le creía. ¿Es posible sobrevivir a algo así? Elementos de la Fiscalía General del Estado y la Comisión Estatal de Búsqueda acudieron al lugar. Ellos buscaban una fosa clandestina, entre la tierra. Nunca se les ocurrió abrir una de las 12 tapaderas del cárcamo. Desecharon la búsqueda.

HUESOS, ROPA, SOGAS. Entre los hallazgos.

 

En noviembre de 2024 el testimonio llegó hasta el Colectivo Sabuesos Guerreras A.C, las madres buscadoras se interesaron. Escucharon a viva voz lo sucedido. “Pues era fantasioso lo que nos contaba, yo dudaba, dudaba”, contó una de ellas. Por la situación de violencia el rastreo de los demás cuerpos no se pudo llevar a cabo, es tierra caliente.

Fue hasta el jueves 15 de mayo que acompañadas por la Comisión Estatal de Búsqueda y elementos de seguridad acudieron al lugar de los hechos. Todo estaba ahí; llegaron directamente a la fosa séptica Abrieron las tapas y sin remover mucho el lodo fecal encontraron tres cráneos.

Las labores en el área son pesadas. Las aguas están contaminadas y es complicado extraer los restos óseos. Fue hasta el día siguiente, viernes 16, que un camión vactor de la JAPAC ayudó en la extracción de los residuos sanitarios. Ellas apoyaron con sus palas, hundían y sacaban desechos, el primer fémur lo encontró “Ramiro”. Su hermano desapareció el 29 de marzo de 2025, un mes después su cuerpo fue localizado por el colectivo en el mismo lugar donde desapareció. Se siente en deuda con ellas. Es su primera búsqueda, su primer positivo.

Paleaban y surgían fragmentos de huesos, costillas, quijadas, fémur, vértebras y dos cráneos. Uno de ellos reciente, aún conservaba tejido orgánico. Cinco cráneos en total. El olor impacta en los ojos, lagrimean.

Sobre la tierra suelta, el camión abre su compuerta y expulsa el agua negra. Sale chispeante, mancha y penetra. Ahí, sobre el azote del sol, los trabajadores de la Comisión de Búsqueda toman un rastrillo y escudriñan el material chicloso. Las botas se pegan, cada paso está cuidado. Sale un hueso y un zapato. El olor es tan fuerte que ni las moscas se acercan.

“Yo quiero que saquen a mis amigos de ahí”.

Artículo publicado el 18 de mayo de 2025 en la edición 1164 del semanario Ríodoce.

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