Nos acercamos a los siete meses de la explosión violenta en Culiacán, si algo queda claro después de tantos días y noches de una vida alterada, atrapados en el peligro constante, es que a los dos grupos les quedan muchos recursos para continuar con su guerra.
La muestra más clara de ese poderío de Mayitos y Chapitos, aunque suene contradictorio, la ofrece el mismo gobierno federal al dar a conocer el recuento de resultados en Sinaloa. En la presunción de esos resultados, está también el tamaño de sus alcances. Dice el Secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, en la mañanera del martes 25 de marzo: mil 80 detenidos; mil 489 armas de fuego; 68 laboratorios para la elaboración de metanfetaminas; 51 mil 970 kilogramos de droga, entre ella mil 118 kilos de fentanilo y un millón 133 mil pastillas.
Aritmética simple de esta disputa entre los Guzmán y los Zambada. Si se suman las mil 80 personas detenidas que refiere Harfuch, los mil 39 asesinatos (hasta el viernes 28 de marzo) y las mil 180 personas desaparecidas, suman más de 3 mil personas. Solo así es posible dimensionar los alcances de lo que estamos viviendo en Sinaloa.
Aun así, todavía pueden arreciar con los ataques y enfrentamientos, como ha sucedido esta última semana de marzo. El jueves 27, por ejemplo, se contabilizaron 12 crímenes. Tan fuertes en la posibilidad de movilización como el primer día.
Entre lo que revelan los números crudos está la capacidad de reclutamiento de la organización y el involucramiento social en las actividades delictivas. Muchos dirían que no sorprende, pero quizás nunca habíamos tenido tan claro el tamaño de esos alcances. Incluso, es posible que esos mil asesinatos, mil desapariciones y mil detenidos, sean apenas una muestra del poder y alcance del narco en nuestra tierra.
Mil detenidos. Supera con mucho la fuerza policial de casi todas las corporaciones de Sinaloa. No llegan a mil los Estatales Preventivos, por ejemplo, menos la Agencia de Investigación Criminal —antes Ministerial— ni casi ningún ayuntamiento, con la excepción quizá de Culiacán. Hay municipios que no tienen ni una docena de policías.
Mil crímenes. Para hacer una comparación de relevancia, es una cifra cercana a los mil 200 asesinatos en Israel en octubre de 2023, cuando el ejército de Hamás irrumpió las fronteras. En Israel los asesinatos fueron en un día, en Sinaloa en siete meses.
Mil desapariciones. Mil 180. Supera el número de personas asesinadas, en lo que se ha vuelto una constante de los últimos años, que las desapariciones superen los asesinatos. Y supera también cualquier otra cifra en un periodo similar.
Margen de error
(Hidra) Es un lugar común referirse al narco como el monstruo de mil cabezas. La hidra de la mitología griega a quien apenas le cortan una cabeza le surgen dos o 10. Es repetido señalarlo así pero encaja perfectamente la comparación. Si detienen a un grupo o si pierden la vida otros jóvenes, pueden reclutar más, eso no es problema.
Cada vez son más jovencitos quienes terminan en sus filas. Cada vez más inexpertos. Cada vez más descontrolados.
Jesse Kevin, de 22 años, todavía con acné en el rostro, es uno de esos mil detenidos. Apenas tiene 10 años más que Gael, a quien le atribuye la Secretaría de Seguridad haber asesinado el 19 de enero pasado, junto a su hermano Alexander, y el papá Antonio de Jesús.
Solo 22 años y Jesse cuenta con una carrera larga, según el parte oficial sobre su participación en la organización de Los Menores. Se encarga de atacar a los grupos rivales como parte de las Fuerzas Especiales Avendaño. Además de reclutar a otros jóvenes para su célula delictiva.
Primera cita
(Joven) También en esta primavera culichi de 2025, se confirmó lo que primero se regó como un rumor. A un jovencito le rociaron gasolina en la colonia Lázaro Cárdenas y le prendieron fuego. El parte médico refiere que un 15 por ciento de su cuerpo sufrió quemaduras.
La información es escueta. Los sucesos fueron el jueves 27 en medio de balaceras y persecuciones de esa mañana y tarde en el sector sur de Culiacán. El mismo día que se incendió el Teatro de la UAS.
Otra constante de estos meses son también los incendios. Negocios, casas o sitios públicos que terminan en escombros. Se suman a las muchas incógnitas de estos meses.
Mirilla
(Siglo) Son siete meses de vivir el zarpazo del narco. En Sinaloa en realidad es más de medio siglo. Unos lo han padecido más que otros. Asesinatos, familias enteras involucradas, pueblos ocupados y abandonados, una economía contaminada, un poder político avasallado. Luto, sangre. Muchos llevamos décadas tratando de explicarnos y de entender los alcances de la violencia. El imponente negocio que la provoca.
Aun con todo este tiempo a veces parece que no hemos aprendido nada. En Sinaloa seguimos entrampados. Aquel problema chiquito de gomeros jugando a los negocios globales adquirió dimensiones inabarcables. Cuando el propio poder político está agazapado, azorrillado, y quien da muestras de valor es una madre buscando a su hijo, que se enfrenta a los narcos con una pala y una varilla, algo muy malo debe estar pasando.
Sin conclusiones fatalistas, es justo ahora, en esta nueva crisis de seguridad, en esta nueva espiral de violencia provocada por el narco, cuando pueden surgir las pequeñas soluciones y la nueva forma de explicarnos como ir saneando la vida de Sinaloa (PUNTO).
Artículo publicado el 30 de marzo de 2025 en la edición 1157 del semanario Ríodoce.







