Dentro de un par de meses se cumplirá el 155 aniversario de La Siempreviva, primera revista editada exclusivamente por mujeres mexicanas y primera publicación feminista del país. El 7 de mayo de 1870 comenzó a circular en Mérida, Yucatán. La editaban tres jóvenes: Rita Cetina, quien tenía 23 años en ese momento, Cristina Farfán, de 24, y Gertrudis Tenorio, de 27.
La misión de la revista quedó expresada en su título completo: La Siempreviva. Órgano oficial de la sociedad de su nombre. Bellas artes, ilustración, recreo, caridad. Redactada exclusivamente por señoras y señoritas. Las siemprevivas aludidas en el título son plantas caracterizadas por su gran resistencia, incluso en climas adversos; con esa imagen en mente, las editoras quisieron dar cuenta de la tenacidad de esa empresa que aspiraba a crecer, pese a cualquier dificultad en torno suyo. ¿A qué dificultad podría enfrentarse? Una, muy clara, consistía en que el proyecto de Cetina, Farfán y Tenorio apuntaba hacia la defensa de la educación de las niñas y las jóvenes yucatecas, en un contexto donde tal educación se limitaba a rudimentos de escritura, aritmética y catecismo. En contraste con eso, en el primer número de la revista ellas afirmaron su propósito de contribuir a que “la mujer salga completamente de la esclavitud de la ignorancia y entre con paso lento, pero firme, en el sacrosanto templo de la verdad y de la ciencia”.
Además de ser un esfuerzo editorial que puso en circulación 46 números entre 1870 y 1872, las tres muchachas fundaron una sociedad literaria y una escuela con el mismo nombre: La Siempreviva. En los tres casos se manifestaron públicamente interesadas en paliar las carencias formativas que afectaban en particular a las mujeres, por lo cual ofrecieron a sus congéneres elementos, teóricos y prácticos, para que lograran valerse por sí mismas, sin necesidad de depender de otros.
En cierta forma, aquel objetivo dio pie a la aparición de otras publicaciones periódicas dirigidas total o parcialmente por mujeres. Las Hijas del Anáhuac se imprimió en la Ciudad de México bajo la dirección de Concepción García y Ontiveros (1873-1874); Ángela Lozano formó parte de la redacción de El Búcaro, también en la capital del país (1873-1874); en Tabasco, Cristina Farfán fundó El Recreo del Hogar (1879); la española Concepción Gimeno editó en la Ciudad de México El Álbum de la Mujer (1883-1890); en Guadalajara, Esther Tapia participó en la dirección de La República Literaria (1886-1890); la guerrerense Laureana Wright dirigió Violetas del Anáhuac (1887-1889); en Monterrey, Ercilia García se hizo cargo de La Violeta (1887) y en Guadalajara Refugio Barragán hizo lo propio con La Palmera del Valle (1887); Guadalupe Fuentes e Isabel M. de Gamboa estuvieron al frente de El Periódico de las Señoras (1896); finalmente, en la capital de la República apareció La Mujer Mexicana (1904-1908), que fue dirigida, sucesivamente, por Laura Méndez, Dolores Correa, Victoria Sandoval y Luz Fernández.

RITA CETINA.
Es importante recordar esos nombres pues forman parte de la genealogía de las escritoras, las periodistas, las editoras y las feministas mexicanas; más aún: son parte de la historia de un país que les ha escatimado reconocimiento. Algunas de ellas fueron conscientes del carácter histórico de sus esfuerzos. Fue el caso de Laureana Wright, quien, en las páginas de Violetas del Anáhuac (1888), reconoció a Cetina, Farfán y Tenorio por haber tenido “la gloria de ser ellas las primeras que fundaron en la República un periódico redactado exclusivamente por señoritas”.
Y hay otras importantes primogenituras atribuibles al trío de yucatecas. Por ejemplo, parecen haber sido las primeras mexicanas que organizaron una convocatoria literaria: los juegos florales anunciados en La Siempreviva. Rita Cetina, además, fue la primera yucateca que certificó sus conocimientos ante un sínodo y obtuvo su acreditación como profesora de instrucción primaria en Yucatán, en 1877. Ella misma fue la primera directora del colegio La Siempreviva y del recién fundado Instituto Literario de Niñas de Yucatán. Un dato más: algunas de las exalumnas de La Siempreviva organizaron, en 1916, el Primero Congreso Feminista Mexicano, cuya realización tuvo lugar en Mérida. Abrieron brecha en más de un terreno, según se ve.
Ciertamente, la impronta de Cetina, Farfán y Tenorio fue honda. Décadas más tarde seguían siendo recordadas en su patria chica como célebres profesoras y como exitosas poetas cuyos versos aparecieron en diarios y revistas literarias de la península y de otras zonas del país. Sus composiciones también figuraban en antologías nacionales como Poetas hispano-americanos (1889) y Poetisas mexicanas (1893). Hoy, una beca nacional lleva el nombre de una de esas escritoras y docentes, la beca estudiantil “Rita Cetina”; con ello apenas comenzamos a rendir homenaje a sus muchas aportaciones.
Cuando fundaron La Siempreviva, en la primavera de 1870, las tres jóvenes editoras se articulaban en una red de colaboración cuyo objetivo era la educación de las mujeres. Para tal efecto redactaron poemas, cuentos y ensayos; también informaron a sus lectoras sobre la manera en que en otros países se fundaban establecimientos educativos para las niñas y se abrían espacios para su desarrollo profesional. Dicho de otra forma, la revista, el colegio y la sociedad literaria La Siempreviva apostaron por la construcción de una sociedad más justa, donde las mujeres ya no fueran excluidas. Para tal fin, emplazaron a sus contemporáneas con una entusiasta consigna que aún puede resonar a la luz del #8M: “hermanas nuestras, adelante”.
* La autora es doctora en Humanidades, línea Teoría Literaria (Universidad Autónoma Metropolitana-Iztapalapa), magistra en Estudios de la Diferencia Sexual (Universidad de Barcelona), especialista en Literatura Mexicana del siglo xx (Universidad Autónoma Metropolitana-Azcapotzalco), especialista en Creación Literaria (Universidad Camilo José Cela-Madrid), Posgrado Experto en Escritura Creativa Multidisciplinar (Universidad Camilo José Cela-Madrid) y licenciada en Ciencias Humanas (Universidad del Claustro de Sor Juana).
Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 10 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.






