Una habitación vacía: reflexiones de una madre a la espera de su hijo

Una habitación vacía: reflexiones de una madre a la espera de su hijo

La mamá de Joel Antonio Alapizco, desaparecido el 11 de septiembre de 2024 en Culiacán, aún espera su regreso

 

Su mamá empujó por primera vez las puertas de la Fiscalía General del Estado de Sinaloa (FGE) la mañana del 11 de septiembre de 2024. La noche anterior había estado en vigilia. No estaba sola, en el lugar había otras madres con semblantes desconcertantes y entristecidos. Esos rostros moldeados por la tristeza tenían los nombres de sus hijos que recientemente habían desaparecido.

El día anterior, el 10 de septiembre, su hijo fue a visitar a un amigo. Salió de su casa en la colonia Revolución Mexicana, al sur de Culiacán y ya no regresó. Es hijo único, se llama Joel y tiene 25 años, su mamá recuerda verlo salir del umbral de la puerta de su habitación, mientras tarareaba una canción y se ponía a bailar. Esa mañana conversaron, él quería salir, solamente iba a tardar un rato y regresaría.

Un día después, Joel Antonio Alapizco Cárdenas se unió a las estadísticas de desapariciones, él como muchos otros desapareció en medio de la crisis de violencia que atraviesa la ciudad. Ese día, su mamá desfiló junto a otras mujeres que acudían a la fiscalía para presentar sus denuncias; sus hijos también habían desaparecido. El lugar estaba lleno desde hacía dos días. Su declaración fue tomada y un agente le fue asignado.

— ¿Ha habido desapariciones?, le preguntó.

— Muchísimas, en estos dos días que empezó todo fueron un montón de muchachos los que se llevaron, y al parecer, muchos creen que se los llevaron para trabajar con ellos, le contestó.

Dos días antes, el 9 de septiembre de 2024, el conflicto dentro del Cártel de Sinaloa había comenzado. Los organismos e instituciones empezaron a generar sus números: unos contaban a los muertos y otros a los desaparecidos. De manera extraoficial, la Comisión Estatal de Búsqueda realizaba un conteo. Desde hace seis meses hay aproximadamente mil desaparecidos; sin embargo, no todos los reportes van con ellos.

Las cifras oficiales de la FGE son de mil 200. Todos son números aproximados. Los colectivos de madres buscadoras invitan a duplicar las cifras. Siempre son más desaparecidos y menos las personas localizadas.

“Sí usted sabe algo me lo comunica”, le dice su agente. Cuando Joel salió de su casa no llevaba un teléfono consigo, recientemente se le había dañado. “No hay mucho que hacer, como él no llevaba teléfono, también no hay por donde buscarle”, comenta su mamá.

Los únicos mensajes y llamadas que recibe sobre el posible paradero de su hijo, son sofocantes. Del otro lado de la línea hay un extorsionador. “Yo soy amigo de su hijo y yo supe que lo tienen pa’ arriba (en la sierra), yo le puedo ayudar para que lo bajen para Cosalá y ahí lo pueden recoger ustedes, pero igual necesitaría dinero para moverlo o si gustan ustedes pueden ir”, decía el primer mensaje que recibió.

Desde ese momento ella supo que era una extorsión. “Se lo llevamos a fiscalía y dicen ‘no, debe de ser extorsión’, pero ni siquiera lo checaron ni nada. Y por otro lado me dijeron ‘no, es que ellos lo tienen que checar’, para descartar cualquier cosa y no, no lo hicieron”.

Los amigos de Joel también le llaman. Cargan con la misma pregunta que ella se hace desde hace meses, ¿por qué se lo llevaron?, es una persona sería, nada conflictiva. Se la vivía en su casa, desde hacía un tiempo había dejado de trabajar. La muerte de su novia lo había dejado varado. Estaba medicado, comenzó a tomar pastillas para la depresión y ansiedad.

Poco a poco tomaba la rutina y entre sus planes estaba abrir un negocio de food park ya que una tía le ayudaría, pero el proyecto se vio forzado a pararse.

Cada que se acerca a las autoridades observa la indiferencia de ellos para buscarlos.

“Ellos piensan que todos andan en algo y como que no les interesa buscar, no, no buscan. Si buscaran cuantos no hubieran encontrado, pero no. Si uno se acerca te dicen, ‘no, no hay nada’”.

Tuvo que integrarse a un colectivo de madres buscadoras. Saber que todas están pasando por el mismo dolor de alguna manera les reconforta, entre ellas comprenden la ausencia de un hijo. Su familia a veces la acompaña a realizar rastreos, lleva siete. Nunca ha encontrado nada, solamente una vez que localizaron ‘huesitos’.

Cada semana recorre los pasillos del Servicio Médico Forense (SEMEFO). Se acerca a la ventanilla y pide revisar las fotografías con los rostros de las personas que tienen ahí. Nunca pensó que llegaría a tener esa rutina.

“Es feo, yo muchas veces ya había visto eso de las desapariciones, antes de que pasara todo esto, decía yo ‘¡Ay! que feo pasar por algo así de tener un hijo desaparecido y no saber ni dónde queda por tantos años, dónde está, dónde lo dejaron y ¡zas! que me toca’”, rememora.

El día que desapareció ella visitó su cuarto, y desde hace seis meses tiene una habitación vacía, intacta, como él la dejó. Es de paredes blancas, en el centro hay una cama cobijada por una colcha y almohadas color beige. Dos burós y un mueble para la televisión. A veces su madre entra en ella, se acuesta y se pone a llorar.

“Me meto a su cuarto y me acuerdo, está solo, es muy triste. Ver que pasa más tiempo es peor. ¿Dónde está? No saber si vive o no vive, si le quitaron la vida, ¿dónde lo dejaron? No saber si lo voy a encontrar, es muy difícil”, relata.

Cuando se sienta a comer, le invade su recuerdo. Los bocados le saben amargos. ¿Estará comiendo o no?, se pregunta. ¿Tendrá frío?, ¿tendrá sed?, ¿lo estarán torturando? Todo cambia, ya no vive tranquila. Ya no sabe en qué pensar, ha pasado medio año.

Las lágrimas recorren sus mejillas. Son acuciosas, hilitos. Delgados de tanto llorar. A veces ríe, lo recuerda. Escucha sus carcajadas, cuando se acercaba a hacerle cariños y acostarse a su lado. Cada vez que se arrinconaba en un sillón y se quedaba dormido. Cuando la intentaba chantajear.

— Cómprame una hamburguesa, ¿que no soy tu consentido?

— ¿Cómo vas a ser mi consentido?, si eres el único hijo que tengo.

Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 1155 del semanario Ríodoce.

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