En el sexto mes del conflicto entre las facciones de Mayitos y Chapitos, el oscuro túnel violento no muestra alguna luz final. El costo social, económico y político se encarece día con día. Aquí todos hemos perdido.
Parece hasta macabro que en medio de todo hablemos de la celebración del Carnaval, la fiesta pagana del exceso y desenfreno, como si aún hicieran falta más excesos o alguien tuviera ganas de reír entre tanto escombro. Siguiendo con la metáfora, valdría más dar un salto a la fiesta de guardar, la Cuaresma, con su abstinencia y sosiego.
Más allá del nivel de intensidad de los combates entre los bandos, que si han bajado o están peor, prevalece la certeza de que neutralizar las agresiones y ataques pasa por opciones elementales, relacionadas con el más alto nivel en los grupos: uno, la captura de alguna de las dos cabezas; dos, la entrega de uno de ellos —aunque parezca remota—; y tres, que sea abatido en el conflicto y/o por las fuerzas federales Iván Guzmán o Ismael Zambada Sicairos.
Pero el terreno de los hubiera siempre es insospechado y abre vertientes al infinito, porque si ocurriera alguna de esas tres opciones, tampoco es garantía de un final a la pugna desatada en Culiacán y Sinaloa.
Hay dos categorías de daños en estos meses del conflicto intestino de la Organización Sinaloa. Por un lado el de mayor relevancia, y ya se mencionó, el costo social, económico y político para Culiacán en particular; también están los daños que el combate federal y Chapitos y Mayitos se han hecho entre sí a sus estructuras delictivas.
En referencia a los resultados de las operaciones conjuntas del Ejército, Marina, Guardia Nacional y Seguridad Pública Federal, siguen siendo insuficientes para una neutralización efectiva. La prueba evidente es que la afectación social y la percepción pública se mueven muy poco.
En cuanto al daño que se han hecho entre ellos ocurre lo mismo. Se atacan y dejan una estela de muertos y desaparecidos, incluidas víctimas ajenas al conflicto. Se multiplican los ataques a los intereses desperdigados de cada grupo —las jugadas, expendios y otros negocios—, y presumiblemente a miembros de sus organizaciones. Pero en todos los casos sin daños aparentes a sus estructuras criminales, o a las cabezas de los círculos principales que controlan los negocios de todo tipo que ambos tienen.
Margen de error
(Harfuch) En esa lógica y política se enmarca la nueva visita a Culiacán no solo de Omar García Harfuch, el Secretario de Seguridad Federal, sino también del General Secretario, Ricardo Trevilla: “Supervisando… labores de seguridad y líneas de acción”, las definió Harfuch, con el desmantelamiento de tres narcolaboratorios.
La política de seguridad federal de la Presidenta Claudia Sheinbaum muestra más certezas que hace unos meses, va en el sentido de estar conteniendo las embestidas que todos los días preparan los ejércitos de Chapitos y Mayitos, o eufemísticamente llamada neutralización de los generadores de violencia, esa se visualiza tan a largo plazo que exige acostumbrarse, más que desaparecer los enfrentamientos que provocan muertes y desapariciones.
Por eso los anuncios sobre resultados de las operaciones en cada visita a Sinaloa de Harfuch, o ahora del General Trevilla. Y se destacan los desmantelamientos de laboratorios, aseguramientos de drogas, o personajes abatidos y detenidos.
Primera cita
(Trevilla) El General Secretario Trevilla Trejo llega a Sinaloa en tiempos particularmente complejos para el Ejército que comanda. En cuanto a despliegue por el país, cobertura territorial, número de efectivos y áreas de inteligencia e información, es la Secretaría de la Defensa donde está la mayor fuerza con los efectivos militares y la Guardia Nacional, muy por encima de lo que puede representar la Secretaría de Marina.
Por ahora los focos de la responsabilidad de la seguridad del país, mediáticamente al menos, recaen sobre todo en Omar García Harfuch, pero su institución depende completamente de los brazos armados y de cobertura que coordina con Defensa y Marina. Sin ellos, la Secretaría de Seguridad Pública y Protección Ciudadana de Harfuch queda completamente débil.
El gobierno de Sheinbaum además le transfiere a la SEDENA de Trevilla Trejo más responsabilidades, como las obras públicas que ya venían realizando a través de la Dirección de Ingenieros en tiempos de López Obrador, por eso los anuncios de que ahora serán ellos quienes construyan los nuevos tramos ferroviarios al aeropuerto Felipe Ángeles.
Sin contar la amenaza cumplida del Presidente estadunidense Donald Trump de incluir a cárteles mexicanos en la lista de organizaciones terroristas del mundo.
Mirilla
(Sinaloa) Aún falta mucho por recorrer. Los costos siguen acumulándose en todos los órdenes. Los destellos que se anuncian en cada visita de García Harfuch o ahora de Trevilla Trejo son insuficientes para aclarar el rumbo de la política de seguridad federal para el estado de Sinaloa.
A pesar de tantos meses de la pugna entre Chapitos y Mayitos que todo lo invade, prevalece la incertidumbre, los muchos cuestionamientos sobre el rumbo y claridad de la política para neutralizar lo que enfrenta Culiacán y Sinaloa.
Artículo publicado el 16 de febrero de 2025 en la edición 1151 del semanario Ríodoce.







