El grabadista, dibujante y caricaturista, quien murió el 20 de enero de 1913, logró retratar la vida cotidiana del pueblo, sus creencias y manera de pensar
José Guadalupe Posada Aguilar nació el 2 de febrero de 1852 en Aguascalientes, donde actualmente hay un maravilloso museo de la muerte que lleva su nombre y honra su memoria.
Entre 1868 y 1888, Posada se fogueó en las lides del grabado, el dibujo y la caricatura trabajando para diversos periódicos, tanto de su natal Aguascalientes como de León Guanajuato, donde entró como aprendiz en el taller litográfico de su mentor, Trinidad Pedroza.
A finales del 88 se trasladó a la Ciudad de México, donde aprendió las técnicas de grabado en plomo y zinc. Aquí inició su carrera profesional incursionando en periódicos como ilustrador, mostrando ya su filo político, crítico y subversivo. Con una obra amplia y variada, logró retratar la vida cotidiana del pueblo, sus creencias, manera de pensar, al tiempo que hacía una crítica despiadada a los abusos y privilegios gubernamentales y a la explotación de los desposeídos. Esto, seguramente le granjeó una gran popularidad entre la gente y la animadversión gubernamental.
Posada, con su gran talento natural para el dibujo y el grabado, vivió y murió prácticamente en el anonimato y sólo fue valorado muchos años después, principalmente por el reconocimiento, que de su trabajo hiciera Diego Rivera. Se cuenta que falleció de alcoholismo en el barrio de Tepito, en la Ciudad de México, a los 61 años de edad, el 20 de enero de 1913.
El Día de Muertos en nuestro país, que durante siglos había sido una festividad estrictamente tradicional y popular, hoy en día, ya no puede describírsele como una suerte de acto de folclore cerrado en el tiempo. Con el paso de los años, ha ido creando a su alrededor un campo semántico muy fuerte y atractivo que, de alguna manera, cubre todas las esferas de la cultura nacional. Particularmente en las artes visuales, canciones populares y la literatura profesional.
La imagen plástica de la calavera en su forma actual, está inseparablemente conectada con la obra de Posada. Sin exagerar, puede ser llamado el creador del Día de los Muertos. Artista autodidacta, que trabajó a pedido principalmente en los populares géneros de impresión, de periódicos y revistas. Creaba anualmente, el 2 de noviembre, grabados con imágenes de esqueletos vivientes, y estos grabados, reproducidos en miles de copias, llegaban para fortuna y deleite de la gente.

Así se formó su famosa serie gráfica de Calaveras. Baste tan solo recordar a su famosa Catrina y a su Calavera garbancera, que eran una burla de los pobres enriquecidos, que despreciaban sus orígenes y costumbres para adoptar modas extranjerizantes.
Inicialmente, en su trabajo, Posada se centró en imágenes de calaveras creadas previamente en férulas y en arte decorativo y aplicado, pero les dio a estas imágenes más bien esquemáticas y en ocasiones incongruentes, una vitalidad y claridad jubilosas y una perfección tan plástica que sus dibujos se convirtieron en cánones. De hecho, se le ocurrió la idea de vestir a los esqueletos, denotando los detalles del traje con la identidad de género, social, económica y profesional de los diferentes estratos de la población; fue él quien aprendió a unir expresiones faciales a los cráneos y a transmitir la más amplia gama de tonos emocionales. Esto le dio a sus calaveras una postura dinámica y las involucró en una trama de crítica a la sociedad y al poder político.
Hoy en día, en México, los artesanos que se dedican a la fabricación de juguetes, disfraces, adornos decorativos y estampas populares baratas, que representan una calavera, toman los grabados de Posada como referentes.
Sin embargo, la principal aportación de Posada en las fiestas de Día de Muertos, fue el elemento de la risa, que se convirtió en su rasgo distintivo. De hecho, las realidades de las tradiciones anteriores no dan ninguna razón para afirmar que este elemento de risa, originalmente fuera inherente a las festividades conmemorativas mexicanas, ni entre los pueblos prehispánicos y mucho menos en el México colonial y del siglo XIX. No hay ninguna evidencia jocosa o divertida para las festividades del 1 y 2 de noviembre en estos periodos. Fue Posada, quien le dio a sus calaveras y calacas un sentido cómico.
Hablando sobre el papel de Posada en la formación de la tradición del Día de los Muertos, uno debe prestar atención a un aspecto significativo, a Posada se le suele llamar artista popular y folclórico. Al mismo tiempo, esta característica resulta estar lejos de ser cierta.
Numerosos grabados de Posada indican claramente que él, a pesar de ser un artista prácticamente autodidacta, dominó perfectamente la técnica del dibujo académico, conoció las leyes de la perspectiva y construyó magistralmente todo tipo de composiciones, es decir, en esencia, se convirtió en un artista profesional. Sin embargo, en sus Calaveras destinadas a la gente, se apartó conscientemente de los cánones académicos y fue guiado por una tradición popular accesible, pero aun así, sus Calaveras todavía llevan la impronta de la profesionalidad.
Así, en el caso de Posada, tenemos el primer y más grande ejemplo de la participación de un artista profesional en el campo semántico de las festividades del Día de Muertos. Además, este gigante del arte no obedecía tanto a la tradición, sino que la transformaba de manera activa, constante y consciente.
- El autor es historiador y artista plástico, con estudios de doctorado en Historia Moderna y Contemporánea de América Latina en el Instituto de América Latina de la extinta Unión Soviética. Ha sido docente de la Universidad Autónoma de Sinaloa, la Universidad de Juárez de Durango y la Universidad Nacional Autónoma de México.
Artículo publicado el 19 de enero de 2025 en la edición 8 del suplemento cultural Barco de Papel del semanario Ríodoce.







