Marcha contra la violencia y la cara del hartazgo

Marcha contra la violencia y la cara del hartazgo

Miles de culiacanenses se manifiestan y exigen airados justicia por Gael Antonio y Alexander y el fin de la inseguridad

 

Los asesinatos de Gael Antonio y Alexander le mostraron al gobernador la cara del hartazgo y la furia contenida por la violencia y la inseguridad que se vive en Sinaloa.

La expresión colérica contra su gobierno, detonada por el infanticidio perpetrado la madrugada del domingo 19 de enero en el fraccionamiento Los Ángeles.

Insultos y denostaciones contra Rubén Rocha Moya y de su ahijado, el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez Mendívil, en su jueves negro.

Cuatro días después del multihomicidio en el fraccionamiento Los Ángeles, padres de familia de la escuela Sócrates, sociedad y colectivos crean su Fuenteovejuna para tomar las calles en demanda de justicia por la muerte de sus exalumnos y del padre de ellos, Antonio de Jesús.

El jueves negro de los gobernantes comienza en blanco.

Un “mundo” de gente toma la José Aguilar Barraza, de blanco vestida y globo en mano. El 23 de enero es un lienzo donde se escribirá la historia.

La marcha-protesta la encabezan Antonio de Jesús, Gael Antonio y Alexander, inmortalizados en la fotografía de tamaño natural.

Un tierno sol es misericordioso. El calor de la mañana es tierno.

Un murmullo se gesta y nace en el conglomerado. El clamor asciende desde las profundidades de la vida e inunda la avenida Álvaro Obregón.

“Con los niños no… con los niños no…”.

En la marcha no solo van maestros y alumnos de la primaria Sócrates. Es el pueblo furioso y cansado de la violencia y de la insensibilidad oficial.

“Culiacán está de luto… nos faltan Alexander y Gael… Justicia… justicia…”, se escucha.

La manifestación es tumultuosa y su grito se escucha fuerte.

“Fuera Rocha… fuera Rocha…”, “los niños no se tocan… los niños no se tocan…”

Mantas y cartulinas refuerzan la protesta con consignas escritas a brocha gorda.

La marcha avanza a palacio municipal con la sangre a punto de ebullición.

“Justicia… justicia…”.

Quienes cargan la fotografía del padre e hijos, enmarcada en herrería, se adentran al patio central del ayuntamiento, seguidos por el contingente.

“Culiacán está de luto… Fuera Rocha… fuera Rocha…”.

En el patio central del Ayuntamiento, al pie de la fotografía monumental le hacen un altar a las víctimas de la violencia.

En palacio municipal no hay ningún funcionario visible… el edificio está “escueto”. El alcalde no da la cara. Un emisario baja y pide atender una invitación al diálogo en “la comodidad de su despacho”.

“No nos atendieron… Da la cara cuando menos… asesinos…”, “que baje el presidente municipal… que dé la cara… justicia… justicia… Da la cara, cobarde…” se escucha.

“Nosotros queremos que ellos den la cara y que hablen con la gente que aquí está reunida…”, dice Sergio Guerrero.

Una lluvia de globos blancos puebla el cielo con su ascenso. En la avenida Álvaro Obregón se extienden mantas con consignas de justicia y se prenden veladoras.

Ahí se gesta el jueves negro de Rocha Moya, en la rabia macerada por la insensibilidad oficial, cuando decide el contingente tomar rumbo a palacio de gobierno.

El tramo es largo pero el efecto mucho. La gente de la calle se une al reclamo. El “fuera Rocha”, se hace más audible.

Maestras de la primaria Otilio B. Ortega, megáfono en mano, esperan la marcha. Y los niños a través de las ventanas de las aulas se unen al grito de “con los niños no…”.

El sol torna en fuego. El ánimo se calienta y la sangre hierve. El “mundo” de gente cruza la explanada de la unidad administrativa.

La explanada central es insuficiente para albergar a la multitud. El clamor se vuelve insulto en la ebullición de la sangre.

“Que chin… Rocha… que chin… Rocha…”, “narcogobierno, narcogobierno… queremos paz… queremos paz…”.

“No somos los maestros… somos todos…” dice Víctor Aispuro, el director, “no es la escuela Sócrates, no son los niños de esa familia. Son todos los niños del estado… Estamos llenos de luto y ya basta”.

La burocracia observa expectante desde los pasillos. La furia y el hartazgo se apoderan de la gente que se abalanza a la puerta de acceso. Los guardias intuyen las intenciones y reaccionan de manera tardía.

“Fuenteovejuna” rompe el cristal y entra a la fuerza. Asciende las escaleras hasta el tercer piso y accede de igual manera al vestíbulo de la oficina del gobernador.

El vestíbulo ya es un hormiguero en ebullición donde el dependiente de la oficina trasmite las indicaciones para que se forme una comisión para dialogar con el mandatario.

“Fuera Rocha… fuera Rocha… asesino… asesino…”, retumba en el vestíbulo.

Los ánimos se salen de control y, poseídos por la rabia, los manifestantes abren un boquete en la pared de falso plafón y arrasan cual tornado con lo que hay en la oficina.

“El pueblo está enojado… Rocha asesino… Rocha asesino… cobarde… cobarde… narcogobierno… no más muertes. Queremos resultados…”, resuena en el vestíbulo.

Las negociaciones para la formación de una comisión son abortadas. La lista de personajes se reduce a la madre de Gael Antonio y Alexander. El diálogo no se da.

“La están terapiando…”, se escucha.

“Ya no está… ya se fue… se hace pendejo…”, gritan, molestos.

Alguien quiere calmar los ánimos, sin conseguirlo…

“Violencia no… más violencia no…”, grita, mientras algunos pretenden derribar la puerta que accede al despacho del gobernador.

Ante el infructuoso intento de dialogar, el contingente abandona el vestíbulo, desciende y vuelve a la explanada central de palacio de gobierno, donde se entona el Himno Nacional.

“Fue tan cobarde que al subir y orillarnos a subir hasta arriba no nos quiso atender y no salió, aunque le decíamos que nosotros lo íbamos a proteger y que solo queríamos un mensaje conciliador y un mensaje de paz”, dice el director de la primaria Sócrates.

“¿Por qué Rocha se hace el occiso…? Porque no son sus hijos…”, se escucha entre el conglomerado.

La explanada central de palacio de gobierno hierve de rabia, de coraje… El “fuera Rocha” y “justicia” escritos con aerosol y sangre en el piso son una muestra del hartazgo.

Un maestro del Cobaes, megáfono en mano, resume el sentir de la multitud, el clamor y el hartazgo…

“¡Ya basta, gobernador, o renuncias o trabajas, pero haz algo…!”.

Artículo publicado el 26 de enero de 2025 en la edición 1148 del semanario Ríodoce.

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