Rapsodia por una ciudad en llamas

Rapsodia por una ciudad en llamas

La violencia relega a los músicos a camellones, aceras, para buscar el sustento en un Culiacán sumido en la violencia

En una ciudad que se consume en llamas, las notas alegres buscan disfrazar la tragedia que vive Culiacán.

Desde que el Sol amanece hasta que la Luna aparece, la música nace de la nostalgia de una normalidad perdida. En esquinas y cruceros, en camellones y en cualquier lugar, los músicos aderezan con su arte un Culiacán que se macera en su propia sangre.

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El timbre de los trombones y las percusiones engañan el oído con su artificio de alegría, mientras sus habitantes sobreviven a la volubilidad de quienes se disputan la hegemonía criminal desde el 9 de septiembre.

Las notas de la zozobra

A un costado del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) se encuentra Donaciano García y su grupo Doganas Banda, resguardándose del fuego líquido que se evapora del pavimento.

En el espacio que nadie les prometió desgranan notas alegres para engañar la vida citadina. Se escabullen entre los carros en busca de la moneda para llevar a casa y sobrevivir al ritmo impuesto por la inseguridad y la violencia.

“Nos afectó (la violencia) totalmente, porque nuestra vida es de noche y ahora sí, a las ocho, nueve, ya no hay movimiento. Por eso optamos por salir un rato al semáforo”, comenta.

Pero ese rato es todo el día.

Con recipientes improvisados adaptados a los instrumentos musicales, se granjean el peso en el horno de Culiacán.

“Cuando empezó esto fue la sicosis que había… era una sicosis tremenda. Yo no quería salir. Yo tardé como una semana más o menos en salir de la casa”, cuenta.

Ahora Donaciano y las decenas de músicos que esparcen sus notas en toda la ciudad, buscan la sobrevivencia en un horario que no es el suyo.

“Definitivamente nos cambió el rol de la noche al día… fue un cambio radical”, agrega.

La inseguridad y la violencia que se ha extendido a algunos municipios del estado, les ha traído la cancelación de contratos.

La música guapachosa que incita a “mover el bote” acaricia el oído de los derechohabientes del Seguro, atraídos por la banda que se resguarda el fuego inmisericorde del mediodía.

“Gracias a Dios la gente responde bien. Le encanta la banda… le encanta la fiesta. Pasan carros y nos piden canciones. Pasa un cumpleañero o algún sepelio pasa y nos vamos en la caravana pa’ que les vayamos cantando”, expresa.

En el crucero del bulevar Aquiles Serdán y Gabriel Leyva, otra banda improvisa algunas canciones. Uno de los músicos cambia su instrumento por un bote y se dirige a los autos. Algunos conductores bajan el cristal para darle una moneda, otros solo los observan.

La misma escena se repite a lo largo del bulevar Pedro Infante, conocido como corredor automotriz. Varias agrupaciones buscan sobrevivir de lo que saben hacer, tocando música. A veces hay suerte y otras apenas les alcanza para pasar el día.

Una ciudad en llamas

La confrontación que sostienen las dos facciones del Cártel de Sinaloa desde el 9 de septiembre, con decenas de muertos y desaparecidos, ha sacado la música a la calle.

Los músicos apostados en cualquier lugar crean una atmósfera de engaño. De alegría ficticia. De una armonía rota en el pentagrama ejecutado por las armas.

En una economía que se va a la quiebra con el cierre de fuentes de trabajo, con su alegría arrebatada.

La vida trastocada

La vida trastocada por la violencia e inseguridad mantiene a los habitantes de Culiacán bajo un estrés continuo, con el Jesús en la boca por no quedar en medio del fuego cruzado o ser víctima de un acto delictivo.

“Ya no aguanto… el pelo se me cae a puños por tanto estrés… ya no sé qué hacer”, exclama una trabajadora del estado, que pidió el anonimato.

Y una directora de escuela la secunda:

“Literal, se me está cayendo del estrés…”

Trabajadores que temen el despido y que sacrifican el salario en aras de conservar su empleo por la situación que vive el sector empresarial.

“No te pagan el descanso… se le llama el día solidario”, comenta un trabajador de la hotelería de Culiacán.

La vida en sol menor

En el camellón del bulevar Maquío Clouthier los músicos se instalan, bajo el puente del crucero de la Álvaro Obregón y México 68 ejecutan sus instrumentos y a un costado de la delegación del IMSS torean la vida al ritmo del clarinete y la tambora.

Son los músicos desplazados de su entorno para ganar el peso con su arte, inundando con sus ritmos una ciudad en llamas mientras los ejecutantes sobreviven bajo el sol. “Con que salga pa’ comer… con eso…” exclama Donaciano.

Artículo publicado el 27 de octubre de 2024 en la edición 1135 del semanario Ríodoce.

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