Justo cuando Harvey (Dennis Quaid), un prepotente magnate de la televisión, le informa a Elisabeth Sparkle (Demi Moore), la superestrella en decadencia del canal, que dejará de aparecer en pantalla porque el público prefiere al alguien diferente, un médico le ofrece la posibilidad de crear una versión mejorada de sí misma, con sólo inyectarse una dosis de una misteriosa sustancia. La legendaria conductora acepta sin dudarlo y tras aplicarse el líquido aparece la joven Sue (Margaret Qualley), quien muy pronto ocupa su lugar en un nuevo programa. Sin embargo, al someterse a ese tratamiento de división celular, la presentadora no toma en cuenta que debe compartir el tiempo con su alter ego: mientras una hace su vida plena y consciente durante una semana, la otra, dormida, recarga su energía con un alimento especial.
De manera dramática, terrorífica y explícitamente sangrienta, La sustancia (The Substance/Reino Unido/2024), escrita y dirigida por la francesa Coralie Fargeat, expone una historia alrededor de la superficialidad de la televisión, del significado de la belleza, la resistencia al envejecimiento, y de los métodos que ofrecen juventud y belleza, con todos sus peligrosos riesgos e irreversibles consecuencias.
La cinta actualmente en cartelera critica duro y directo al aparente mundo efímero y frívolo alrededor de los medios televisivos, a los que sólo les interesa que sus contenidos sean vistos por (cada vez más) millones de personas, para atraer más patrocinadores y eso recaiga en ganancias exorbitantes para la cadena y sus anunciantes, sin que importen los intereses personales/profesionales de los conductores de los programas.
Indiscutiblemente, la película es una de la más interesantes, creativas y originales, al menos de este año, no sólo por las oportunas temáticas que aborda, sino también por su estupendo y fantástico aspecto visual, con encuadres perfectamente compuestos, en lo que juegan un papel significativo el manejo del color, la iluminación, los planos y los ángulos; y vestuario, maquillaje y efectos especiales contribuyen extraordinariamente.
Todas esas ideas se expresan magníficamente gracias a las impecables actuaciones: Moore, sin empacho en mostrarse desnuda ante la cámara, es naturalmente convincente como esa presentadora que siente coraje, frustración, impotencia y decepción porque a sus 50 años ya no le “sirve” a su empresa ni es del agrado del público, por lo que se ve obligada a hacer cualquier cosa para continuar vigente; Qualley refleja puntualmente la frescura y belleza de la juventud, pero también la vanidad, prepotencia, altanería y egoísmo de alguien en pleno momento de éxito; Quaid es exacto como el empresario televisivo al que sólo le interesan las millonarias ganancias.
La cinta tiene momentos que a muchos les parecerán asquerosos, repugnantes y perturbadores, por ese derroche de sangre a borbotones, aunque, también, eso encaja exactamente con el toque gore y de horror corporal que la cinta quiere transmitir. De hecho, si bien La sustancia funciona perfectamente en su mezcla de drama y horror, su único inconveniente podría ser su paso a las imágenes de violencia exagerada y explícita en su parte final. Véala… bajo su propia responsabilidad, como siempre.







