La fiscaliartritis, otra enfermedad del Ministerio Público

La fiscaliartritis, otra enfermedad del Ministerio Público

La fiscaliartritis, es otra anomalía de la institución del Ministerio Público. Es una enfermedad que afecta el aparato motriz y paraliza al individuo. La afección sintomatológica ocasiona inflación y dolor muscular, rigidez, dificultad para mover o desgaste (artrosis) en las articulaciones.

Lea: El ministerio público padece ‘fiscaliesclerosis múltiple’

A simple vista a la institución encargada de la procuración de justicia e investigación del delito, se le aprecian síntomas muy afines a estas enfermedades: fiscaliartritis y fiscaliartrosis, con manifestaciones de desgaste en su estructura, acalambramiento y obstrucción de los canales de comunicación de las áreas entre sí y entre sus mismos miembros.

Por eso, es común advertir las diferencias entre una agencia del Ministerio Público y otra, no sólo por la incidencia del tipo de delito que investigan, en el caso de las Agencias del Ministerio Público Especializadas, sino por su desarticulación metodológica y la forma de trabajo que realizan; pues el hecho que atiendan en particular cierto tipos delictivos, la aplicación de una metodología general debería ser la misma o al menos contar con los mismos recursos metodológicos; sin embargo, es notoria la diferencia entre unas y otras.

Sucede lo mismo, no en raras ocasiones sin exageración, al revisar las carpetas de investigación, resulten marcadas discrepancias en el equipo que asiste al lugar de intervención o lugar de los hechos, entre la policía de investigación y el personal pericial, en que el informe policial homologado y el dictamen de criminalística de campo, describen escenarios distintos, no sólo sobre datos cuantitativos, sino también cualitativos.

Resulta de explorado conocimiento criminalístico que mientras el tiempo pasa, la verdad huye; por eso, es de trascendental importancia, ante la noticia de un hecho probablemente delictuoso, contar con los primeros datos sobre lo ocurrido en ese lugar y saber discriminar una sucesión de hechos, su secuencia y mecánica de desarrollo; todo eso, como imperativo para la reconstrucción, lo más próxima posible, a la realidad de lo sucedido, como base para obtener éxito en la investigación.

Por otra parte, la actuación del órgano acusador del delito está sujeto a una actuación procesal que le obliga a realizar sus diligencias en determinado tiempo. Estos términos procesales, comprometen un actuar diligente, pronto y oportuno; sin embargo, esto, no siempre es así, porque los efectos de esta patología, han desgastado y dificultado su actuación debida, incurriendo constantemente en violaciones de garantías y al debido proceso.

El conjunto de problemas ocasionados por la desarticulación institucional, es propiciador de discrecionalidad en todos sus integrantes, amén de otros males, que afectan directamente a las víctimas de los delitos, pero que también ocasionan grandes niveles de impunidad y corrupción.

Lea: El Ministerio Público, como si tuviera Alzheimer…

La corrupción, es un síntoma que comparten y ocasiona múltiples enfermedades. En la fiscaliartritis, la corrupción propicia tantas molestias y dolor al Ministerio Público, que volvió rígida y desarticulada a la institución. La rigidez del quehacer institucional resulta evidente, pues éste, dista de realizarse en forma ágil y oportuna; aunque algunas veces pareciera que no tiene tales dolencias, sobre todo, cuando sus actuaciones obedecen al mandato de hecho u obediencia política; pero por lo general, las manifestaciones artríticas y su actuar desarticulado suelen aparecer de manera sistemática.

Es común observar ante los efectos de la fiscaliartritis, halla presencia de manifestaciones hostiles o de resistencia entre las distintas dependencias de la institución, que haya desconfianza o celo en el quehacer de cada área o simplemente, no se reconoce o respete el trabajo que realiza cada área, en el marco de la Ley Orgánica de la Fiscalía y de su Reglamento. Esta artritis institucional, origina que la labor del Ministerio Público se vea disminuida, desarticulada, engarrotada, deficiente y con desdén por los manuales, procesos y protocolos con que cuenta, traduciéndose en la más clara manifestación de falta de profesionalismo.

Muchos de estos achaques que actualmente presenta el Ministerio Público, se irán paliando en la medida que alcance su verdadera y plena autonomía, no sólo administrativa; que la policía de investigación realice menos actividad de policía política o dependa menos del jefe político en turno o de los poderes fácticos del entorno, sino que, su dependencia sea realmente del titular del Ministerio Público, con mando de hecho y de derecho; que se aleje de la improvisación y se fortalezca verdaderamente el trabajo en equipo; que no simule la aplicación de metodología científica en la investigación del delito y aplique eficazmente los recursos metodológicos en vigor; que eleve el sentido de pertenencia de sus recursos humanos y se vuelva un auténtico garante del respeto de los derechos humanos.

Una fiscalía de justicia liberada de estos males artríticos, será un verdadero defensor de la legalidad y auténtico representante social, que gozará del reconocimiento de la sociedad y contribuirá a la armonización de la vida en comunidad; de lo contrario, estaremos ante la persecución de un sueño o una quimera.

Continuará…

Artículo publicado el 15 de septiembre de 2024 en la edición 1129 del semanario Ríodoce.

Lee más sobre:

Últimas noticias

Scroll al inicio

2021 © RIODOCE
Todos los derechos Reservados.