Miradas desde la vieja Europa

Miradas desde la vieja Europa

Hoy que mi fuerza de vista es mejor, la imaginación brilla un poco más”, advierte desde Alemania el pintor mazatleco Rubén Gallardo

Dedicar toda una vida al arte visual y que, a los 72 años de edad, en un país lejano al tuyo, te apliquen dos cirugías en ambos ojos por problemas de glaucoma y cataratas podría significar algo fatal.

Es el caso de Rubén Gallardo, quien el 28 de diciembre de 1992 salió de México hacia Alemania, invitado por unos coleccionistas cuando se encontraba en Taxco, Guerrero. Ahora en Berlín, el 15 de abril y el 3 de junio de este año lo operaron de los ojos y le colocaron lentes de contacto. Fue un duro golpe por su trabajo en las artes plásticas o visuales, sin embargo, ha sido atendido por buenos médicos y los gastos se han cubierto con un seguro de salud, por lo cual, en estos momentos tiene más ánimo de seguir “trabajando mis ideas y proyectos, pues eso hago desde hace rato: pinto ideas y conceptos, objetos y fotografías. Curiosamente he estado nuevamente en contacto con los promotores de arte y ahora que mi fuerza de vista es un poco mejor, la imaginación brilla un poco más”.

Rubén Humberto Gallardo Garrido es hijo de los destacados profesores José Guadalupe Gallardo López (Durango) y de Eva Garrido Hayne (Chihuahua). Nació en Torreón, Coahuila, el 19 de septiembre de 1952, pero al mes de su nacimiento la familia se trasladó a Mazatlán, así que “mi barrio fue Olas Altas, Centro Histórico, Cerro de la Cruz… Ahí crecí. Conozco todos sus alrededores”, presume el pintor.

Desde los 8 años descubrió el gozo por el dibujo y la apreciación por el arte en las revistas y enciclopedias de la biblioteca de su padre. Participó en un concurso de modelado en arena, que se desarrollaba en Playa Norte. A los 11 años le regalaron una cámara Kodak Instamatic y comenzó sus experimentos en esa área, y todo lo relacionado con la fotografía de aficionado al mismo tiempo con el dibujo. A los 14 años, con un tío fotógrafo aprendió el arte del revelado, impresión, y los secretos del “cuarto oscuro”, composición y manipulación de negativos para algunos efectos en la fotografía. En 1970 tuvo un maestro de dibujo, Fritz Riedl, austriaco, en Guadalajara, que lo motivó en sus primeros trabajos. En 1971 participó en una pequeña exposición de estudiantes de arquitectura.

Ingresó en 1973 a la Escuela Nacional de Arquitectura-Autogobierno, UNAM, donde se daba importancia al aspecto autodidacta en la formación. Esto le ayudó mucho hasta la actualidad, confiesa y agrega: “Por algunos años realicé obra sobre papel, que eran como mis trabajos secretos, solo unas personas tuvieron la oportunidad de apreciarlos”.

En 1977-78 optó por trabajar de tiempo completo en el arte.

Hasta hoy, 2024, ha expuesto su trabajo en diferentes ciudades de Alemania, Francia, España, México en individual, y en colectivo en Mónaco, Miami, Nueva York, Sudáfrica, Dubái, Shanghái.

Ha recibido distinciones, premios y menciones honoríficas. “Ahora miro estas distinciones como enaltecedoras del ego… No me gusta. Lo que quiero es hacer arte, pensar en arte y soñar en arte, y ahí Juan, ahí es donde soy feliz, donde me encuentro conmigo mismo, y entiendo lo que soy y gozando nuevos lenguajes en arte”, confiesa.

Recordó que cuando residía en Mazatlán, “en la euforia etílica-adrenalínica-enervántica, yo hablaba de la meta-pintura, la pintura más allá de la pintura… Esas euforias metafísicas se quedaron en el Son Sin, El Aguaje, El Burócrata, El Olympia. Ahora lo intento y lo logro en sobriedad… Tengo 36 años sin tomar alcohol”.

Gallardo vivió intensamente cierto esplendor que tuvieron las artes plásticas en Mazatlán durante los ochentas, cuando Roberto Pito Pérez Rubio instaló la Galería Arte Activo.

La vida lo llevó a Taxco, Guerrero, donde se le presentaron dos oportunidades de viajar a Alemania: primera, la maestra Macrina Rabadán Santana, dueña de una pequeña galería, lo recomendó ante unos amigos extranjeros, y la segunda, unos ex propietarios de galería y coleccionistas de Alemania lo visitaron en el Instituto de Arte, también por recomendación de Rabadán.

Rubén preparaba la exposición Conjuro del Ver para Culiacán, la cual montó en octubre de 1992. Había entablado una amistad con la joyera Anette Hilt (posterior madre de su hijo Antoni Diego) quien cursaba una especialidad en el Instituto de Artes de Taxco. Ella lo animó a aceptar esas dos oportunidades.

“No quería dejar Taxco. Llegué con la mitad de la exposición Conjuro del Ver enrollada en un tubo grueso PVC a Fráncfort del Meno. Me animaron a promocionarme como estudiante invitado a la Escuela Superior de la Creación en Offenbach. Fue mucho esfuerzo y estrés al principio”.

Sobre su estilo, es difícil definirlo. La crítica de arte Raquel Tibol clasificó Línea recortando el horizonte, expuesta en 1986 en la bienal Arte Activo como “una obra geométrica lírica”.

Gallardo explica: “He usado y uso la fotografía tal cual haciendo énfasis en la forma o la distorsión que provoca la imagen a través del cristal con gotas de agua, abstrayendo esa realidad. ¿Abstracción informal? No lo podría decir”.

Ahora en Berlín, sigue con sus ideas y conceptos, a pesar de los problemas de la vista, y algunos más orgánicos, pero con ánimo positivo de hacer arte, pensar arte.

Artículo publicado el 30 de junio de 2024 en la edición 1118 del semanario Ríodoce.

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