Durante 16 años he escrito cientos de notas sobre asesinatos de personas. De niños, adultos mayores, jóvenes asesinados de las peores maneras; pero ninguna había sido tan difícil de narrar como la del asesinato de Javier. El viernes 19 de mayo de 2017 mis manos no “sacaban humo” del teclado como decía Andrés Villarreal, en ese entonces jefe de información de Ríodoce.
En la pantalla sólo veía la hoja en blanco sin poder empezar la nota sobre el homicidio. Tenía que describir, para la edición del domingo 21 de mayo, cómo fue el crimen, algo que ya había hecho muchas veces con los homicidios que todos los días se cometen en la ciudad. La inmovilidad de mis manos y mi mente bloqueada para no saber ni siquiera cómo empezar, creo que tiene explicación: era la primera vez que escribía sobre el asesinato de un amigo. Nunca antes lo había hecho.
Y el lunes 15 de mayo también fue la primera vez que vi a una persona tan cercana a mí, tirada en el suelo con balazos en todo el cuerpo. Desde 2006 que empezó la fallida guerra contra el narco y el pleito de Joaquín Guzmán con los hermanos Beltrán Leyva, como reportero de nota roja había visto cientos de cadáveres, calcinados, mutilados, deshechos a tiros, decapitados, degollados.
Ese viernes de cierre, una nota que podía escribirse rápido, me llevó horas. Por más que intentaba las manos no me respondían. Veía la hoja en blanco en la pantalla, una y otra vez, salía de la oficina y volvía a entrar una y otra vez, mientras mis compañeros escribían, o intentaban hacerlo, en silencio, porque no era un viernes normal en la redacción de Ríodoce, porque Javier ya no estaba ahí apurándonos o bromeando.
Por la mente no me pasaba nada, estaba en blanco igual que la hoja en la pantalla. Pensaba que no podría empezarla nunca, hasta que no sé cómo pude poner las primeras letras. Con mucha dificultad cada vez que escribía Javier. Me llevó horas terminar de redactar lo que se sabía hasta ese momento de cómo ocurrió el asesinato.
Luego vinieron los detalles del homicidio. El siguiente viernes, otra vez, había que escribir para la edición impresa otra nota sobre la mecánica que ya había determinado la Fiscalía General de la República con la reconstrucción de hechos que había realizado días antes… y otra vez la hoja y la mente en blanco. Y otra vez fueron horas para poder escribir cómo los sicarios le cerraron el paso, cómo uno de ellos bajó y le disparó en la frente, luego se acercó el otro sicario y cómo vinieron después los otros 11 balazos y cómo cayó al suelo herido.
Nunca me había pasado por la mente que escribiría una nota roja sobre un amigo o un familiar. Es algo que como reportero de seguridad no imaginas que un día puede suceder y tampoco quisieras hacerlo. Fue la primera vez y espero no haya otra más.
- El autor es reportero de Ríodoce.
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Artículo publicado el 12 de mayo de 2024 en la edición 1111 del semanario Ríodoce.






