Ya lo había anunciado hace dos meses: el empresario Juan José Arellano Hernández, presidente del Grupo ARHE, entregó a la Marina 18 motocicletas, drones, equipo táctico y un buque para la vigilancia en las costas de Mazatlán. El altruismo como máscara, como ha ocurrido con otros prominentes empresarios cuya riqueza no soporta una ojeada policiaca o la más elemental revisión fiscal. Crean fundaciones y con ello pretenden lavarse la cara. No lo hacen solos, siempre caminan de la mano del poder, no importa si este es rojo, azul o tinto: del poder.
Empresarios que crean fundaciones hay muchos, pero el caso de Juan José Arellano Hernández puede convertirse en un paradigma, un prototipo. Un análisis de su trayectoria arrojaría infinidad de momentos bizarros, contradictorios, absurdos. En 2015, por ejemplo, la FGR abrió contra el grupo ARHE investigaciones bajo la presunción de que, a través de decenas de empresas factureras, lavaban dinero del crimen organizado. Les congelaron las cuentas y los persiguieron, pero a la vuelta de siete años el señor estaba sentado en una cena de gala, junto a 25 empresarios más, entre ellos Carlos Slim… en palacio nacional, Andrés Manuel López Obrador su anfitrión.
Parecía una broma, un chiste de humor negro. Junto al empresario mazatleco estuvo Jesús Guadalupe Vizcarra Calderón, dueño de Grupo Viz y compadre de Ismael Zambada, el Mayo. Se trataba de pasar la charola, al más puro estilo de Carlos Salinas, para avanzar en la construcción de la presa Santa María y no importaban los pelos en la sopa, había que cerrar los ojos y degustar. En la misma cena estuvo Agustín Coppel, entonces presidente del grupo familiar, quien durante la campaña de 2018 creó un bunker clandestino para golpear con basura informativa y guerra sucia a AMLO –eso se demostró y hasta fue publicado en el libro de Tatiana Clouthier, Juntos hicimos historia.
La filantropía se ha convertido en una máscara para políticos enriquecidos y empresarios cuyas fortunas han sido cuestionadas por una razón u otra. Y ha sido la vía para ser reconocidos socialmente y aceptados en los círculos empresariales a veces reacios a incluirlos en sus mesas. Ocurrió con Vizcarra y ha ocurrido también con los Arellano Hernández. A los empresarios culichis no les gustaba salir en las fotos con Vizcarra, empezando por los Coppel. Pero el ganadero forzó el acercamiento con inversiones. No lo querían dejar entrar al residencial Álamos, propiedad de los Coppel, pero entró. Y luego también a La Primavera, donde hasta hizo sus oficinas corporativas. Estos empresarios se adaptan como los camaleones, cambiando de color según se requiera para camuflarse. Fue Juan Millán quien metió a Jesús Vizcarra a la política al incorporarlo a su campaña, primero, y luego haciéndolo diputado federal. Luego fue alcalde de Culiacán impulsado por Jesús Aguilar y después quiso ser gobernador por el PRI, pero perdió… y al final se acomodó a los tiempos nuevos, cambió de color y terminó apoyando con dinero a candidatos de Morena.
A los hermanos Arellano Hernández también les sacaban la vuelta los empresarios de Mazatlán, sobre todo los turisteros. Eran muy jóvenes y se habían enriquecido “inexplicablemente” muy rápido. Decenas de empresas a su nombre iban y venían, se creaban y desaparecían, depósitos millonarios en efectivo que entraban y salían al día siguiente para irse a otra empresa del mismo grupo. Y, por si fuera poco, pleitos familiares de Juan José, que terminó quitándole los hijos a su primera esposa, Angélica Cristerna, con la ayuda del entonces alcalde panista, Alejandro Higuera, al que luego integró a su nómina.
Pero también en el puerto los empresarios cedieron. Juan José hizo un rodeo por las esferas del poder y les llegó por arriba, no por el lado del Químico Benítez, —que estaba endiosado con ellos y a quien vieron solo como un tonto útil—, sino desde los más altos niveles. Zanjado el tema legal hasta por la acusación de que eran parte del conglomerado de empresas ligadas a Genaro García Luna, recibieron un regalo por parte de la Agencia Nacional de Aduanas en México: el centro logístico llamado Mazatlán Logistics Center, la joya del Grupo ARHE.
Bola y cadena
JUAN JOSÉ ARELLANO HERNÁNDEZ es tan hábil que hace meses se metió hasta en la Casa Blanca, durante la conmemoración del Mes de la Herencia Hispana. Al evento, organizado por The Hispanic 100 Foundation, fue invitado por el embajador de México en Washington, Esteban Moctezuma. Y en 2023 apadrinó al equipo Amazonas de Yaxunah, de Yucatán, durante un partido amistoso en el Chase Field, casa del Arizona Diamondbacks.
Sentido contrario
PERO ESO ES LO DE MENOS, hace un mes, el Comité de la Hispanic Prosperity Gala otorgó en Mar-a-Lago, Florida, el premio al Mejor Empresario del Año a Juan José Arellano; se dijo que por “su visión estratégica y capacidad de impacto trascienden fronteras y generan desarrollo económico con sentido social”… Pero el señor solo había abierto una “cadena” de hamburguesas que, hasta ahora, tiene seis tiendas. Lo relevante es que también recibió la presea, entre otros, Javier Milei, presidente de Argentina. Ya en 2024 el empresario había asistido a la residencia de Donald Trump en Mar-a-Lago, a una reunión donde asistieron alrededor de 200 empresarios, parte de la comunidad de inversionistas hispanos en los Estados Unidos.
Humo negro
“DE NINGUNA MANERA volveré a México. No soporto estar en un país más surrealista que mis pinturas”, dicen que dijo alguna vez Salvador Dalí. Y al francés André Bretón, padre del surrealismo, se le atribuye el dicho de que a México había que intentar entenderlo no por la razón, sino por el absurdo. México, según dijo, “es el país más surrealista del mundo”.
Artículo publicado el 15 de marzo de 2026 en la edición 1207 del semanario Ríodoce.






