Niños-víctimas-criminales-víctimas

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Los hechos son cada vez más frecuentes en Sinaloa: niñas y niños asesinados; niños que matan niños. La cifra ya ronda las cien víctimas desde que la guerra empezó en septiembre de 2024. Muchos fueron levantados sin que aparezcan todavía. Y la guerra no ofrece descanso. Un día baja de intensidad y al siguiente de apodera de las calles con más saña.

Fallamos las familias, falló el gobierno, fallaron las instituciones y falló la sociedad, fallaron las escuelas y los maestros, el sistema educativo; aquí no hay inocentes y quien se erija en juez se empeña en fallar. Hay que ver a uno de estos muchachos y preguntarle porqué.

Una gran colaboradora de Ríodoce imparte clases en secundaria y los mira siempre a la cara, y los regaña, les ayuda, los orienta, les regala libros y los pasa aunque no logren sus créditos porque no quiere que se queden allí, que miren hacia afuera de sus almas para ver si encuentran una lucecita que los guíe. “Yo soy malo, maestra, yo ya no tengo remedio”, le dicen. Y ella se conmueve; tiene un hijo de nueve.

Algunos de sus alumnos entran y salen de los centros de rehabilitación cuando no cumplen todavía los 15. Se recuperan unos días y vuelven a caer. Hablan de sus papás, de sus mamás, de sus hermanos; de su hermana que embarazaron cuando estaba en segundo y no haya cómo mantener al morrito; de su mamá drogadicta, de su padre malandrín que está en la cárcel o que un día fue asesinado, de su tío narco, de su vecino narco, de su amigo narco y su camionetota. Esos son sus temas de conversación. En ese mundo crecen los niños y es el mundo que creamos nosotros, el mundo que les dimos.

La escuela está por el bulevar Maquío Clouthier. Un día pasó un cortejo estridente de camiones urbanos; habían matado a un chofer y ese era el homenaje y la protesta de sus compañeros; los niños y las niñas salieron a la cancha a para verlos pasar y lloraban a mares. No lo podían creer, conocían a todos los de sus rutas, la Buenos Aires, la Díaz Ordaz… luego escenas similares se repetirían porque al inicio de la guerra mataron a cuatro o cinco, entre ellos los que conocemos como “garbanzos”.

Esos niños debieran estar muy enojados con nosotros, con el gobierno más, mucho más, pero también con nosotros. Decenas de ellos ya no fueron a la escuela, sus mismos padres los sacaron porque tienen miedo que algo les pase. Ya no saben, dicen, ni porque están matando tantos morros. Tener un amigo narco puede ser letal. El miedo se ha empoderado en muchas de esas familias porque conocen a quienes les han matado hermanos, primos, amigos, papás, y les han balaceado y quemado sus casas.

Luego el uso de las redes sociales incrementa la aprensión porque los hechos vuelan en cosa de minutos. Ningún acto violento ocurre en nuestras ciudades que no tengamos en nuestros dispositivos de inmediato. Y compartir se ha convertido en un vicio nocivo para todos, convirtiéndonos con ello en una comunidad de dolientes, de morbosos y apesadumbrados.

A estas alturas el gobierno tiene que reconocer que sus modelos formativos fracasaron. Y que la solución a este panorama de desolación en nuestros niños y jóvenes tendrá que revertirse poco a poco y que esto será, si se inicia ahora, un proceso muy lento, cuyos resultados podrían verse en décadas. Así de grande es el monstruo. Nosotros lo creamos y lo alimentamos, el gobierno con su falta de programas inclusivos, educativos y formativos y nosotros con la falta de atención y de creación de núcleos familiares y sociales persuasivos, de atención con los niños un día sí y el otro también.

Bola y cadena

TODOS LOS DÍAS NOS PREGUNTAMOS cuándo acabará este infierno, pero terminamos convencidos de que la respuesta es cada vez más inasible. Especulamos sobre si podría terminar cuando agarren a los cabecillas de los grupos en pugna, pero terminamos pensando que tal vez esto agravaría las tensiones. “La mato y aparece una mayor”, dice Silvio Rodríguez en una de sus canciones, (Sueño con serpientes). “Con mucho más inferno en digestión”. No es que sea una fatalidad, ni que tengamos que vivir toda la vida con esto, pero el huevo de esta serpiente se incubó durante más de medio siglo…

Sentido contrario

A UN AMIGO LE QUITARON SU CAMIONETA en una plaza del sur de la ciudad, grande la plaza. No supieron encenderla y lo alcanzaron para que les dijera cómo. “¡Pégale un balazo pa que se le quite, mátalo al cabrón!” gritaba uno de ellos desesperado. Le quitó un candado y se fueron; ya en la pluma (eso se lo contó un vigilante) aplastaron el botón de ayuda y dijeron “levanta la pluma, acabo de bajar una camioneta”. Y alguien desde el centro de control levantó la pluma. Eso pasa todos los días, le dijo el vigilante, tres o cuatro veces al día.

Humo negro

PUES RESULTA QUE TAMBIÉN a Olmes Homar Salas Gastélum lo amenazaron para que se retirara de la contienda, le dijeron que grabara un video anunciando su retiro; pero no lo hizo y ganó. Dicen en el Ayuntamiento que lo apoyaron los que iban a votar por Julio Duarte. Días después balacearon su casa. Lo dijimos en Ríodoce: era como sacarse la rifa del tigre. ¿Los que lo amenazaron fueron los mayos o los chapos? ¿Los que atacaron su casa fueron mayos o chapos? Solo el que mueve el sartén sabe lo que guisa.

Artículo publicado el 23 de febrero de 2026 en la edición 1204 del semanario Ríodoce.

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