En la fábula el Pastorcito mentiroso, un jovencito vigila a sus ovejas en la pradera y se le ocurre bajar al pueblo gritando que vio un lobo que acecha su rebaño. La gente acude a ayudarle a defender las ovejas, pero solo es una broma. El pastorcito repite día con día la misma acción: baja al pueblo gritando de pavor que está el lobo amenazando su rebaño. Y sigue siendo una broma. Hasta que un día sucede todo igual, solo que ahora sí es verdad que está el lobo por comerse sus ovejas. Nadie hace caso de sus gritos y el lobo se da un festín.
La fábula se parece mucho a nuestra realidad después de la captura en Caracas, Venezuela, de Nicolás Maduro, Presidente en funciones, y su esposa Cilia Flores. Por una orden de Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos.
Trump, sería ese pastorcito de la fábula que hablaba y hablaba, y nadie creía que llegara a tanto. Hasta el mismo Maduro envalentonado gritaba desde el balcón de la casa presidencial: “Venga por mí, aquí lo espero en Miraflores. Venga por mí, cobarde.” Ahora a sus palabras le sigue el video donde camina esposado llegando a Nueva York. El pastorcito Trump ha tenido en vilo a medio mundo con sus gritos, pero ahora ese medio mundo está convencido de que sus palabras podrían ser ciertas y sus dichos pueden tomarse de manera literal.
El primero que puso sus barbas a remojar fue el Presidente de Colombia Gustavo Petro. Convocó a millares a las plazas de su país para mandar el mensaje que él sí tiene respaldo del pueblo. Mientras, Trump continuó enfocando sus amenazas a México, con los mismos dichos de una invasión terrestre, pero en lugar de llevarse a alguna autoridad, su objetivo serían los líderes de los cárteles. Dice que sabe dónde viven, y que la Presidenta tiene miedo enfrentarlos.
En noviembre pasado el Pastorcito intensificó sus alegatos sobre la necesidad de una intervención militar, con el pretexto de los narcos mexicanos que envían fentanilo y que provoca la muerte de millares de americanos. Entonces se filtró un supuesto plan para esa operación en territorio mexicano, a la par que las fuerzas estadounidenses continuaban los ataques a lanchas venezolanas en aguas internacionales, con el mismo pretexto de la droga. Hasta la fecha sumaron más de 100 personas asesinadas en esos ataques ilegales y sin pruebas reales de que eran narcolanchas.
Sea como sea, ahora con Maduro enfrentando un juicio en una corte federal de Estados Unidos, y el Pastorcito anunciando que también le interesa invadir Groenlandia, un territorio que forma parte de Dinamarca, no queda más que creer que el lobo sí puede atacar a las ovejas.
Margen de error
(Cárteles) Cualquier acción militar en México con ese pretexto, o bombardeos con drones a objetivos terrestres específicos, no tendría ninguna justificación desde el punto de vista de la normalidad del respeto a los otros países y en el marco del derecho internacional. Pero eso a Trump ha quedado claro que no le interesa.
El gobierno americano tiene ahora a más capos de la droga mexicanos que en ningún otro tiempo. Están tres cabezas principales esperando juicio (que muy seguramente no lo habrá, porque han llegado a un acuerdo): los Guzmán López, Ovidio y Joaquín; y nada menos y nada más que Ismael Zambada, el Mayo, su preciado trofeo y a quien llevaban décadas intentando capturar. Por si fuera poco también tienen en su poder a Rafael Caro Quintero, a quien señalan como el asesino intelectual de su agente de la DEA, Enrique Camarena.
Primera cita
(DEA) La Agencia Antidrogas estadounidense, la DEA, y otras agencias de ese país como el FBI o la CIA, tuvieron carta abierta de operación por mucho tiempo en México. Por la vía de la Embajada tenían en los hechos el derecho de participación en operaciones directas, acompañando o dirigiendo acciones del Ejército o de la Marina. Pero el panorama cambió en el gobierno de López Obrador. Aunque no mucho, aún estaba la coordinación estrecha y hasta el apoyo en actividades de inteligencia.
No olvidemos que muy poco antes del operativo fallido para capturar a Ovidio Guzmán, en lo que se convirtió el primer Culiacanazo del 17 de octubre de 2019, la DEA y legisladores federales de Estados Unidos habían visitado Culiacán. Llegaron, se dijo, invitados por el gobierno de Quirino Ordaz para conocer las acciones del gobierno contra los laboratorios de drogas sintéticas y los resultados de la estrategia de seguridad que iba reduciendo los homicidios de manera importante.
A Quirino le interesaba eliminar la advertencia a los ciudadanos americanos de no viajar a Sinaloa. La visita oficial se hizo con el mayor sigilo, pero con el permiso del gobierno federal, en ese entonces ya con López Obrador.
Todo explotó cuando semanas después de esa visita del mismo director de la DEA, el gobierno mexicano intenta capturar a Ovidio Guzmán, señalado por la DEA como el principal proveedor de fentanilo a los Estados Unidos, con el resultado que ya conocemos.
Mirilla
(Ovejas) La captura de Maduro revivió el tema de la intervención ordenada por Trump a México para llevarse o desmantelar los cárteles de la droga. Muchos ahora ya no lo toman tan a la ligera como lo fue en un primer momento. El pastorcito podría ahora no estar mintiendo, tener en la mirilla un nuevo objetivo. Y el lobo podría estar a punto de dar un nuevo zarpazo (PUNTO)
Artículo publicado el 11 de enero de 2026 en la edición 1198 del semanario Ríodoce.







