Cuidado Presidenta, era la advertencia obvia para Claudia Sheinbaum y su gabinete de seguridad. La evidencia empírica sobre Michoacán apunta exactamente donde mismo: un estrepitoso fracaso federal de los presidentes Calderón, Peña y López Obrador, en sus anuncios para enfrentar la violencia e inseguridad en la tierra de los aguacates y los limones.
Aun con el aviso, Sheinbaum presentó el Plan Michoacán por la Paz y la Justicia: 12 ejes, 100 acciones, más de 57 mil millones de pesos de derrama adicional al presupuesto. Otros 5 mil efectivos federales, que se suman a 4 mil ya desplegados en el estado.
Es el cuarto plan para Michoacán en dos décadas. Cada administración defenderá matices y avances, logros y pendientes, pero Michoacán no sale del mapa del caos mexicano.
En la geografía del país resaltan zonas sumidas en ese caos, como mucho del amplio territorio michoacano, que se extiende a la conocida como tierra caliente donde confluyen Guerrero y el Estado de México. Ciudades y pueblos que entran y salen del mapa donde la violencia llega y se estaciona, o se planta un tiempo y si hay suerte se mueve.
Para nada es menor que los últimos tres presidentes hayan lanzado planes específicos para pacificar Michoacán, y los tres hayan fracasado. Podría decirse que igual han fracasado otros muchos intentos en este mismo periodo por contener explosiones de violencia en otras zonas del país, y se tendrá razón, pero este estado en los últimos 20 años ha recibido un trato distinto.
La diferencia es que en el caso de Michoacán se han desarrollado planes específicos, líneas, estrategias, despliegues, recursos públicos y un anuncio rimbombante donde el Ejecutivo federal en turno encabeza un mayúsculo evento, se rodea de la plana mayor de la política y castrense, lee un elocuente discurso, delinea acciones, se ponen plazos y metas…Todo buscando la elocuencia, mediática al menos. Mientras que en otros lugares de México solo se ha tratado de despliegues de fuerzas federales, anuncios básicos sobre los resultados y acompañamiento a las autoridades locales. Esa diferencia es importante.
Sabemos que cada territorio de México en este mapa del caos tiene su propia bitácora del fracaso, al punto de llegar a confundir las entidades federativas de México, y sus nombres, con las zonas de influencia de las organizaciones criminales del país. Por eso, existe el Cártel Jalisco, el Cártel de Sinaloa, La Familia Michoacana, el Cártel de Juárez…y así.
Margen de error
(Manzo) Esta vez, con Sheinbaum, fue el asesinato del Alcalde de Uruapan, Carlos Manzo, lo que motivo el anuncio del nuevo Plan Michoacán.
Manzo apenas tenía 13 meses en el cargo, pero había tomado notoriedad y relevancia nacional porque andaba armado y con chaleco antibalas. No por mera pose, ni solo para la foto, sino porque con las magras fuerzas locales se enfrentó a las células del crimen que amenazaban su pequeño municipio de apenas 300 mil habitantes, pero punto central de la producción del oro verde, el aguacate. El Alcalde sin miedo, se le bautizó.
Manzo tenía 40 años cuando lo asesinaron. Era egresado de Ciencias Políticas del ITESO, la Universidad Jesuita de Jalisco, y fue diputado federal por Morena en las elecciones intermedias de AMLO en 2021. Rompió con el partido, se lanzó como independiente y ganó la elección en Uruapan. Muy rápido se hizo notar. En julio pasado, el mismo Manzo a la cabeza, desmanteló un campamento de adiestramiento para miembros del Cártel Jalisco en una huerta de aguacates en Uruapan. Mostró video y denunció la participación de mercenarios colombianos.
Primera cita
(Planes) Si con Sheinbaum fue el asesinato del Alcalde Carlos Manzo lo que propició el lanzamiento del Plan Michoacán, con sus antecesores también hay una motivación específica que los obligó al lanzamiento del plan.
Con Felipe Calderón fue el simbolismo de acudir al rescate de su tierra natal. Unos meses antes de que tomara posesión, La Familia Michoacana lanzó cinco cabezas humanas a la pista de un bar en Uruapan. Con apenas 11 días en el cargo, anunció el envío de 5 mil efectivos federales –militares, marinos, policías y ministerios públicos– a lo que llamó el Plan Conjunto Michoacán. El 3 de enero de 2007, para supervisar el operativo que apenas tenía 20 días, Calderón se vistió la casaca y cachucha militar, posando con las cinco estrellas de Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas. Aquella imagen se convertiría, a la postre, en su caricatura.
Enrique Peña, en el retorno del PRI, lanza en febrero de 2014 el Plan Michoacán “juntos lo vamos a lograr” –decía el slogan. Un año antes irrumpieron los grupos de autodefensas, células civiles armadas, y tres personajes cobraron relevancia: Hipólito Mora, productor de limón; Manuel Mireles, reconocido médico; y Estanislao Beltrán, papá Pitufo, un granjero de la zona. Peña quitó al gobernador Fausto Vallejo, y después mandó a Alfredo Castillo como Comisionado de Seguridad, pero que bautizaron como Virrey. Este firma un acuerdo con las autodefensas para que se mantuvieran armadas y después intentan desarmarlas. El caos se mantiene. Regresan a Castillo, abandonan Michoacán.
López Obrador también lanzó su Plan de Apoyo para Michoacán. Lo proyectó a tres años porque era octubre de 2021 y era el tiempo que le quedaba en el cargo. Mandó a los secretarios de la Defensa, Marina, Bienestar y Educación. Mandó más tropa pero aclaró que no declaraba la guerra porque “eso ya quedó atrás…resultó un rotundo fracaso.” Con menos ruido, pero el Plan de Apoyo de AMLO tuvo el mismo resultado que los dos anteriores.
Mirilla
(Claudia) Ahora tenemos nuevo Plan Michoacán. Sheinbaum desoyó las enseñanzas del pasado y a un año de gobierno abre otro frente con Omar García Harfuch y el general Ricardo Trevilla a la cabeza. Lo hacen mientras están pendientes Sinaloa, Guerrero, Guanajuato, Jalisco… (PUNTO)
Artículo publicado el 16 de noviembre de 2025 en la edición 1190 del semanario Ríodoce.






