El jurado lo declaró ganador sin examinar otros cuadros de la exposición

El jurado lo declaró ganador sin examinar otros cuadros de la exposición

A mediados de los ochentas se realizó el concurso en el Acuario, dirigido por Ignacio Velarde. Se estrenaba como galería, pues no las había en Mazatlán. Los pintores exponían en los pasillos de las plazas o en los vestíbulos de algunos hoteles.

La Asociación de Artistas Plásticos de Mazatlán (AMAP) se esmeraba porque la ciudad conociera las obras de sus integrantes, así que acudieron prestos a la convocatoria.

Antonio López Sáenz y Carlos Bueno eran ya pintores reconocidos y fungieron como jurados del certamen. También nombraron jurado al filósofo y maestro universitario Melvin Cantarell, pero no asistió.

Las obras concursantes formaban un semicírculo sobre el cual los dos jurados hicieron un paneo. Carlos Bueno se fue derecho a una obra, también López Sáenz y acordaron ya no examinar ninguna más. Seleccionaron Trópico de Cáncer, de Carlos Maldonado.

El tema fue el mar. Carlos, inspirado en Marc Chagall, pintó una paloma en vuelo, tras esa figura la catedral y de fondo el horizonte marino.

El dictamen en que Bueno y López Sáenz otorgaron el premio a Maldonado precisa que Trópico de Cáncer poseía “una luminosa personalidad, frescura en el tratamiento de la superficie pictórica, composición creativa, el trópico integrado a una gama de color encendida, originalidad en el manejo del dibujo de la anécdota…”.

Carlos Maldonado recordó la anécdota y nos platica algo de su vida. Nació en Escuinapa. Fueron cuatro hermanos: Héctor, Gladys, Helen y Carlos.

Con grandes esfuerzos de parte de su familia, en Mazatlán estudió primaria, secundaria y preparatoria en el Instituto Cultural de Occidente. Luego, en Guanajuato, estudió la licenciatura en Derecho, sin convicción, porque le gustaba leer. Fue practicante en el despacho del Tote Fuentevilla. El título le sirvió para trabajar como profesor en el CBTIS, en el área humanística.

Muy pronto se definió por las artes plásticas. En segundo de primaria, la maestra Francisca Chica, le platicó a su mamá que veía al chamaco Maldonado un poco distraído, pero dejó de tarea un dibujo del escudo nacional y se sorprendió de su habilidad para dibujar. Sorprendía también a la familia: se enfermó de fiebre tifoidea, su hermana Gladys Maldonado Mc Donald le compró acuarelas y dibujó el Pájaro Loco, luego compró macetas para que les pintara flores.

Llegó entonces a la Universidad de Guanajuato donde se registró en un taller de pintura, artes plásticas y grabados. Fue su maestro Jesús Gallardo; después conoció a Jesús Morales Rivera, dibujante, a través de una vecina.

Aprendió técnicas y secretos que siguen siendo secretos y asegura que nunca ha visto una referencia a esa técnica de lápiz que usaba él, que le permitió sacar tercer lugar nacional en 1974 en un concurso del INBA en el cual participó en el área de dibujo.

Empezó a valorarse. Después de ese premio conoció a Carlos Bueno, a López Sáenz… Ambos tenían excelente opinión de su trabajo. Ya era de la AMAP, una iniciativa de Octavio Yáñez, Victoria Loto, Juan Covarrubias, Óscar Castillo, Tere Valdez, Manuel Zataráin y otros artistas plásticos de Mazatlán que intentaban darse a conocer a través de exposiciones.

Estudió en el INBA mazatleco con Manuel Muñoz. Socorro Sánchez era la directora, supo de un concurso nacional en el que participó y ganó el tercer lugar. Ahí aplicó el secreto técnico de Jesús Morales en dibujos hechos a lápiz.

Participó en varias exposiciones colectivas, en Mazatlán siempre. Considera que, en su caso, el dibujo y la pintura no han sido un buen negocio. No vendía. Le salían chambas para hacer dibujo a personas. Retratos. Cobraba el equivalente a un mes de sueldo en la escuela, ya que los elaboraba con tal minuciosidad que se tardaba un mes en hacerlos.

Carlos Maldonado se define como “un dibujante con influencia principalmente de Marc Chagall, de sus figuras al óleo. Me encanta el arte griego en general y Pablo Picasso. Como dibujante tengo influencias de Jesús Morales”.

Ya está jubilado como maestro. Hace unos 20 años se inscribió en un taller de literatura de María Muñiz, en Mazatlán, pues asegura que siempre le ha gustado la poesía. “La poesía me ha gustado, me ha ayudado a vivir, tiene un aspecto didáctico. Cuando estaba en la preparatoria, estuvo de moda, grabaron en cine y radio, el poema Desiderata que me impactó, especialmente su final: “esfuérzate por ser feliz”.

Ha escrito alrededor de ocho libros. Es poesía de amor y desamor, aforismos, pensamientos con dibujos… Pero esa es otra historia.

CARLOS BUENO. Dibujante y artista plástico.

 

 

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