Una casa es un espacio físico habitable, que puede ser de uno o más niveles. Puede tener o no personas viviendo al interior. La casa existe a partir de que termina su construcción, y perdura hasta que es demolida.
Un hogar, en cambio, es una vivienda —no necesariamente una casa— donde reside una persona o una familia; en sentido emocional, el hogar es un espacio de unión, de calor fraterno.
Dejar un hogar al cambiar de casa cuando se es pequeño parece ser una experiencia traumática, que influye en el desarrollo emocional de quienes lo viven más de una vez.
Cuando el hogar se traslada, la infancia se fragmenta
Se estima que el 13 por ciento de la población mundial vivía con afecciones de salud mental en 2020. Se prevé que la carga económica mundial por estas afectaciones, incluida la reducción de la productividad y los gastos de tratamiento, llegue a 6 billones de dólares para 2030, superando los costos combinados del cáncer, la diabetes y las enfermedades respiratorias crónicas.
Un estudio reveló que la experiencia de mudarse durante la infancia, sin importar el tipo de barrio, se asoció con tasas más altas de depresión en la edad adulta. Las personas que se mudaron en más de una ocasión entre los 10 y los 15 años tuvieron 61 por ciento más probabilidades de sufrir depresión en la edad adulta.
El estudio publicado en la revista de psiquiatría Jama, incluyó datos masivos de más de un millón de personas nacidas entre el 1 de enero de 1982 y el 31 de diciembre de 2003, que residieron en Dinamarca los primeros 15 años de vida.
En el análisis de los comportamientos se realizó un seguimiento individual desde los 15 años de edad y hasta la muerte, emigración, el diagnóstico de depresión o un límite de fecha del 31 de diciembre de 2018.
Otro factor que se encontró fue que las personas que vivieron en barrios con índices de bajos ingresos durante la infancia tenían más probabilidades de desarrollar depresión en la adultez. Tras cada caída en un quintil económico, el riesgo de depresión aumentó en 2 por ciento.
Durante el seguimiento, 35 mil 098 participantes fueron diagnosticados con depresión, de los cuales el 67.6 por ciento fueron mujeres.
Los resultados sugieren que un entorno familiar estable durante la infancia puede mitigar el desarrollo de depresión.
“Existen muchas razones potenciales por las que mudarse en la infancia podría estar asociado con una probabilidad de desarrollar depresión. Los hijos de una familia inestable, tal vez con rupturas de relaciones o pérdida de empleo, tienen más probabilidades de necesitar mudarse. La mudanza en sí misma podría romper los lazos sociales y contribuir al colapso de los servicios de apoyo social formales e informales, incluida la escolarización”, propuso el estudio.
Artículo publicado el 21 de julio de 2024 en la edición 1121 del semanario Ríodoce.






