No se puede decir que Osiel Cárdenas Guillén fue un gran capo. Surgió de la nada y su reinado en el noreste del país duró si acaso un lustro. Otros que tuvieron más o menos el mismo origen, que fueron lavacarros o vendedores de naranjas —él fue mesero y ayudante de mecánico—, llegaron a ser verdaderos señores del narco: el Chapo Guzmán, el propio Mayo Zambada —arriero en su juventud—, el Güero Palma, el Azul…
En todo caso, la celebridad del Mata amigos se debe a que fue él quien incorporó al Cártel del Golfo a un grupo de militares de elite que fue primero su escolta personal y luego de un proceso de reclutamiento, su brazo armado. Por llamarse a sí mismos Z-1, Z-2, Z-3, fueron conocidos más tarde como Los Zetas.
En realidad, la historia criminal de Osiel es breve, reclusiones en cárceles de los Estados Unidos con penas insignificantes, pero en México nada relevante, salvo que, luego de la aprehensión y extradición de Juan García Ábrego, él se quedó a cargo de la organización. Había escuela en el cártel, sobre todo la que venía de Juan Nepomuceno Guerra Cárdenas, un verdadero padrino, pero todo indica que Osiel no le aprendió mucho. Se entronizó en el 98 y cinco años más tarde cayó preso. Un suspiro en el poder.
Vicente Fox era el presidente de la república y lo detuvo por presiones de los Estados Unidos, pues Osiel había capturado a dos agentes de la DEA, los torturó y los amenazó de muerte. Pero nunca calcularon ni él ni las fuerzas armadas, sobre todo la Sedena, que detenido el líder, los Zetas, que eran ya un cuerpo armado con conexiones en México y en el sur de la Unión Americana, tendrían una libertad de movimientos y una autonomía que les permitiría suplir en muy poco tiempo el lugar que Osiel había dejado vacío, pero con métodos que no habíamos visto nunca en México.
Lo que vendría después sería infernal no solo para esa zona del país, sino para varios estados y regiones. Los Zetas no se ocupaban mucho del tráfico de enervantes a los Estados Unidos y, en ese tiempo, menos a Europa, sino que fueron en busca de los territorios para explotarlos a través del narcomenudeo, la extorsión, el secuestro, el cobro de piso, con un esquema en el que, sin invertir un centavo, solo con la venta de la marca, lograban ingresos millonarios.
Los Zetas impusieron el terror entre los empresarios, de la gente de a pie y hasta se adueñaron de la narrativa pues con el asesinato y secuestro de periodistas y amenazas a los medios, conculcaron la libertad de expresión a niveles de pánico, al grado de que los territorios bajo su control fueron bautizados después como “zonas de silencio”.
Fueron ellos los que inventaron los narcobloqueos y le dieron vuelo a las narcomantas que colgaban de los puentes con una retórica dantesca destilando sangre y muerte.
Preso en el penal del Altiplano hasta 2007, Osiel Cárdenas solo fue un espectador de lo que hacían sus viejos aliados. Había sido detenido en marzo de 2003 en un operativo del ejército.
Procesado en una corte federal de Houston, Texas, no tardó en llegar a un acuerdo con los gringos, se convirtió en colaborador del gobierno norteamericano, además de que entregó 50 millones de dólares para lograr una sentencia leve. Le dieron 25 años, pero gracias a su “buena conducta”, solo estará 17 años en prisión, pues saldrá en libertad el 30 de agosto.
A este señor, que tiene cuentas pendientes en México, le debemos que a partir de su detención se haya reconfigurado el mapa criminal en el país; a partir de 2008 los Zetas establecieron una alianza con los hermanos Beltrán Leyva luego de la detención del Mochomo en enero de 2008 y México se pintó de rojo. Fueron parte de la comunicación criminal los hombres y mujeres colgados de los puentes, las víctimas descuartizadas y las narcomantas que profetizaban la aniquilación del otro. Pronto el resto de los cárteles, incluido el de Sinaloa, adoptaron las mismas formas, no había límites para el infierno y fueron pocas las ciudades y regiones que estuvieron al margen de la bestialidad de los narcos.
Bola y cadena
OSIEL CÁRDENAS FUE DETENIDO el 14 de marzo de 2003, cuando Ríodoce iba apenas por su sexta edición. En el número ocho, publicamos un reportaje titulado “La hora del Mayo” y diseñamos la portada con un reloj de pared y un péndulo que en sugeridos movimientos llevaba los rostros de Osiel Cárdenas, Juan José Esparragoza Moreno, Benjamín Arellano, Amado Carrillo Fuentes y el Mayo al centro. No incluimos al Chapo Guzmán pues tenía poco más de dos años de haberse fugado del penal de Puente Grande y todavía no alcanzaba (o eso creíamos nosotros) el estatus de Padrino. La historia de todos ellos se ha escrito por ellos mismos.
Sentido contrario
NO SABEMOS SI OSIEL SERÁ entregado al gobierno mexicano una vez que salga de prisión, pues tiene acá pendientes órdenes de aprehensión y juicios que no están concluidos. Sin embargo, no sabemos con certeza las condiciones en que el capo colaboró con el gobierno gringo y si este se arrogará el derecho de protegerlo como lo está haciendo con Vicente Zambada, Jesús Reynaldo Zambada, Dámaso López Serrano, este último con orden de aprehensión por el asesinato de Javier Valdez.
Humo negro
QUÉ BUENO QUE CLAUDIA CURIEL DE ICAZA, quien será la nueva secretaria de Cultura del gobierno federal haya acentuado el interés de la nueva administración por atender a los pueblos indígenas. El presidente AMLO los convirtió en banderas solo en el discurso, pero no fue más allá de lo que hicieron los gobiernos neoliberales. Me dijo un periodista de CDMX, “es que ellos reconocen y quieren a los inditos dóciles y creativos, pero no a los rebeldes, no a los zapatistas”. Ya veremos si hay un cambio con la señora Sheinbaum.
Artículo publicado el 21 de julio de 2024 en la edición número 1121 del semanario Ríodoce.







