La normalidad violenta de Sinaloa, de la primavera al verano

La normalidad violenta de Sinaloa, de la primavera al verano

Julio de 2024. En Sinaloa está de nuevo trastocada la frágil “normalidad” violenta. Es un comportamiento cíclico: a cada escalada delictiva le sigue una aparente estabilidad, ya son más de cuatro décadas de una espiral de inseguridad que nos llevó a un punto donde se ve imposible regresar siquiera a los índices de fines del siglo pasado. Por lo menos. Que si los gomeros y la operación Cóndor, que si la cuna del narco en Sinaloa, que si la guerra contra las drogas, que si todo el país está igual. Sube, y la reducción es insuficiente para volver a la etapa anterior.
Esa violencia aparentemente soterrada, siempre al acecho, la que a fuerza de su permanencia se ha normalizado, debe insistirse que no es normal.

La aparición de siete personas ejecutadas, con huellas de tortura y abandonadas cuatro de ellas en una huerta en Navolato y otras tres en Conitaca, Elota, terminó por derramar de nuevo sobre la entidad la sensación de que los sucesos criminales se van encadenando y están relacionados.

Muchos gustan de llamarle a estos periodos una pax narca, refiriéndose al tiempo en que los índices delictivos, particularmente el homicidio, mantienen un comportamiento ralentizado. Es decir, el control de una organización criminal apacigua las aguas. Aunque luego, de repente, todo se dispara. Entonces esa normalidad violenta que hemos tolerado, muestra una realidad que nos arrastra a todos.

Hace tres meses y medio, al inicio de una primavera electorera, una noticia desde Sinaloa se volvió de alcance mundial: el levantamiento casi simultáneo de 66 personas, sin importar si se tratara de niños o mujeres —número oficializado en aquel momento, aunque claramente fueron muchas más.

Hoy sabemos que algunos de aquellos levantados pasaron su primavera cautivos por el crimen por más de 100 días. Sabemos también que en este verano han liberado a dos de las jovencitas que en aquel momento fueron reportadas como privadas de la libertad, Iris y Regina, y han asesinado a siete personas igualmente involucradas de alguna manera con el levantamiento masivo de marzo de 2024. Incluso, hay la certeza que muchas otras familias están en la búsqueda de quienes por esos mismos días fueron levantados de sus casas y retenidos hasta ahora.

Con todo y las acciones reactivas de la autoridad estatal y federal, que incrementó la presencia militar y de la Marina, al menos públicamente se desconoció la magnitud de la operación simultánea de levantones. Se acreditaron 66 con nombre y apellido, pero hoy queda claro que la cifra fue mucho mayor. Las familias, aun cuando no interpongan denuncia por la razón que sea, saben que siguen cautivos porque aún no aparecen.

Margen de error

(Sur y norte) Al mismo tiempo las fuerzas federales intensifican las operaciones, esta semana pasada catearon domicilios por diversos sectores de Culiacán, la semana pasada hicieron detenciones y abatieron a quienes ellos mismos ubican como destacados miembros de la Organización Sinaloa.

En los dos extremos del estado se presentan sucesos delictivos, fuera de esa normalidad no normal: en Los Mochis, violaciones sexuales a mujeres, que pone en alerta a colectivos feministas por el modus operandi de los agresores. En Escuinapa, un grupo de más de 30 personas, entre ellos extranjeros, fueron liberados por la Guardia Nacional.

Primera cita

(Decisión) Durante la campaña electoral, unos días después de los levantones simultáneos, Xóchitl Gálvez, la candidata de la alianza opositora intentó prender la mecha con el tema de la violencia. Dijo en abril pasado: “Ya basta que Culiacán tenga miedo”, y es que días antes las calles lucían desoladas en las noches, ante la zozobra de alguna acción que otra vez tomara por asalto a la ciudad como en los dos Culiacanazos —el de 2019 y el de 2023.

Hace una década, Ismael Bojórquez y yo entrevistamos a Edgardo Buscaglia en una visita a Sinaloa. El cambio del PAN al PRI no modificó el poder del narco ni la militarización nacional, Peña Nieto ante la guerra desatada por Calderón se dedicó a construir una nueva narrativa.

Buscaglia insistía en que la Organización Sinaloa seguía poderosa aun con Joaquín Guzmán en el Altiplano, en lo que definió como una “entrega pactada” como muchas en las mafias del mundo —la entrevista fue en noviembre de 2014 y el Chapo se fugaría por segunda ocasión en julio de 2015, pero eso no lo sabíamos aún.

En 10 años la situación de México y de Sinaloa ha cambiado poco. Los herederos del Chapo, sus hijos, siguen poderosos como decía Buscaglia que le ocurría a la organización. No se ha combatido el patrimonio y los ingresos, y eso la vuelve poderosa.

Buscaglia se decía optimista, si otros países como Colombia o Indonesia han hecho más con menos, México podría desde el Estado combatir la violencia extrema y las organizaciones criminales. “El gran factor faltante es la decisión política”, hablaba de la necesidad de controles judiciales, patrimoniales, de corrupción política.

Si en este número de Ríodoce apareciera la entrevista a Buscaglia, habría dicho exactamente lo mismo. Las organizaciones criminales han aumentado el poder, y los controles del Estado no se han fortalecido.

Mirilla

(Mara) Recuerdo a Mara Aréchiga detrás del periódico La Jornada, frente a un café en El Miró. La recuerdo interrumpiendo la lectura, como si reconociera los pasos de quien se acerca, y mostrando una sonrisa tan franca que llamaba al abrazo. Murió la semana pasada, cumplidos los 79 años y días después de resultar electa como diputada suplente de Tere Guerra.

Además de fundadora de los primeros colectivos feministas, Mara abrió brecha con el tema cuando nadie siquiera se atrevía a hablar de aborto o equidad de derechos. A lo largo de los años fue acumulando notas periodísticas sobre movimientos feministas hasta lograr dimensiones impresionantes y convertirse en un acervo. Ella misma lo donó para su sistematización a un colectivo femenil.

En ese acervo hay documentos de la propia Mara Aréchiga. Escribió en mayo de 1983, hace más de 40 años: “El feminismo no me hizo mujer/ porque mujer ya era/ más sí le ha dado nuevos elementos/ día con día mi conciencia ha transformado/ y quiero vivir…vivir sin el yugo opresivo/ rescatar un espacio, conquistar otra realidad.” (PUNTO).

Artículo publicado el 7 de julio de 2024 en la edición 1119 del semanario Ríodoce.

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