La pitaya, un manjar sinaloense

La pitaya, un manjar sinaloense

Delia Moraila busca incentivar el consumo de esta fruta que cada año puebla los cerros del estado

La pitaya es un manjar, que cada año puebla los cerros con su redonda figura bordeada de espinas, sobre los cactus de la serranía sinaloense.

En su interior son rojas, blancas, naranjas, amarillas con semillas negras, que más allá de ser un fruto para comerse fresco, es apta para la elaboración de tortillas, agua fresca, panadería.

Así lo explicó Delia Moraila, la maestra que durante años ha buscado incentivar su consumo en distintas modalidades. Tiene claro que además de su rico sabor, sus nutrientes son importantes y que no se le debe temer a la baba que desprende al comerse.

Se trata, dijo de una muestra de lo que la naturaleza brinda sin pedir nada a cambio. Las pitayas florecen cuando el calor en Sinaloa arde y no necesitan agua.

“La pitaya nace sola en los cerros, hay personas que ya se dedican a trasplantarla, para evitar el desbastado que surge cuando las tumban para darle más espacio al ganado”, mencionó.

“Este fruto es muy noble, que se puede congelar y utilizarse también para la cosmetología, está llena de propiedades para la salud, la semilla tiene muchos aceites especiales para la digestión, es fuente de vitaminas”.

La pitaya en un libro

Moraila nació en Guasave. Desde niña tuvo contacto con la pitaya, a su padre le fascinaban y su madre las preparaba en atole, salsas, mermelada para el pan.

Desde entonces fue guardando las recetas que llegaron a 120 para compartirlas en talleres que imparte en las propias comunidades, para que el consumo y su diversificación, no desaparezca.

“En época de pitaya siempre había en la mesa, mi mamá era amante de la cocina. No solo la comíamos fresca, preparaba agua, atole, tortillas, salsas, mermelada para el pan de trigo. Crecí con eso”, recordó.

La maestra recordó que, al poner una escuela de gastronomía, empezó a poner en práctica las recetas, que ahora se convirtieron en un libro.

“Junto al maestro Óscar Lozano, empezamos a visitar comunidades recolectoras de pitaya, para darles cursos y enseñarles que no solo era para comerse fresca, sino que se podían hacer muchos productos”.

En San José del Llano, Badiraguato, incluso se organizaron para comercializar la mermelada.

“La idea es que no se desperdicie nada de la pitaya, que se puede usar la cáscara para deshidratarla, las semillas para decoración de pasteles, además de que se puede conservar para que se puedan ofrecer productos con pitaya todo el año”.

De norte a sur

La pitaya, mencionó tiene un periodo corto, a partir de mayo y hasta que cae la primera lluvia, porque pierde el sabor y se pudre. Se da de norte a sur; Choix, Ahome, Guasave, Badiraguato, Mocorito, Sanalona, hasta San Ignacio.

“Me interesa que su consumo no se pierda, que la sigamos consumiendo en su estado natural, sin conservadores, aprovechando esta época, que volteen a verla, que la cocinen, es muy fácil”.

“Dentro de la gastronomía sinaloense, no tenía ningún precedente más que la tortilla y el atole, se consumía fresca como un manjar, las semillas las colaban para hacer tortillas, pero de 1950 a la fecha se empezó a utilizar para hacer mermelada, atole, panadería y repostería”.

Moraila indicó que esta fruta exótica es muy sinaloense, aunque también se da en zonas de Jalisco, Oaxaca, San Luis Potosí.

“Tenemos que valorarlas y no regatear cuando las compramos, porque recolectarlas no es fácil. Hay que voltear a valorar lo que tenemos y pensar en nuestra salud también”.

La maestra reunió 70 recetas en un libro que será presentado el jueves 30 de mayo, a las 18:00 horas, en el Museo de Arte de Sinaloa.

Artículo publicado el 26 de mayo de 2024 en la edición 1113 del semanario Ríodoce.

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