Propuestas para mejorar los programas sociales

Contraste de edificios y departamentos de lujo en la avenida Bonampak así como  en Puerto Cancún  donde esta el top cinco de los desarrollos mas lujosos de la ciudad  cuenta con una marina y canales de navegación y un campo de golf, centro comercial entre otras amenidades.

Invirtiendo la misma cantidad que ya destina a programas sociales, el gobierno federal pudo haber desaparecido la pobreza extrema por ingresos. No lo hizo por una serie de deficiencias.

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En 2018 el programa social del gobierno federal para adultos mayores solo entregaba dinero a quienes no tenían pensión del ISSSTE, del IMSS o de otra institución pública.

El presidente López Obrador modificó el programa: entrega dinero también a los que ya tienen pensión y da un monto mayor de apoyo.

Para permitir el análisis de sus datos, INEGI divide a la población en diez partes iguales y los ordena de menor a mayor ingreso. A cada parte le llama decil.

En el decil I se ubican los que tienen menores ingresos y en el decil X, los de mayores.

En 2018, había 410 mil adultos mayores beneficiarios del programa que estaban en el decil I, los más pobres, y 240 mil que estaban en el decil X, los más ricos.

En 2022, el número de beneficiarios más pobres subió a 530 mil, pero el de los beneficiarios más ricos aumentó a un millón 380 mil.

Decir beneficiario de programa social no es decir persona en situación de pobreza.

Los datos de la Encuesta de Ingreso Gasto de los Hogares (ENIGH 2022) muestra que el gobierno morenista apoya muchísimos mayores de 65 años cuyos ingresos promedio son de 66 mil pesos mensuales.

Entre esos apoyados se incluyen a varios gobernadores.

Hay más beneficiarios entre los más ricos que entre los más pobres.

El gobierno aumentó considerablemente el monto del apoyo, de 560 a 2 mil 400 mensuales.

En 2018, este programa entregó 2 mil 853 millones a integrantes del decil I y 1 mil 673 millones a del decil X.

En 2022, ambas cantidades se elevaron: a 15 mil 200 millones para el decil I y a 39 mil 700 millones para el decil X.

Es encomiable que existan programas sociales con presupuestos crecientes.

Que existan programas universales es una garantía, para todos los ciudadanos, de que aún en los malos tiempos habrá un piso mínimo bajo del cual nunca se caerá.

Sin embargo, el objetivo de superar la pobreza impone una estrategia gradualista en la universalidad, donde se empiece por los pobres hasta llegar a los ricos.

Además, no se debe dar el mismo monto a todos porque no todas las personas están en la misma situación. No se puede tratar igual a los desiguales.

El programa da 2 mil 400 a los que tienen un ingreso promedio de 3 mil 777 pesos, al igual que a los que tienen un ingreso promedio de 66 mil.

Todos los programas sociales del gobierno federal adolecen de que no son primero los pobres ni como población objetivo ni por el tipo de apoyo.

En 2022, los programas sociales entregaron el 15 por ciento de su presupuesto a los más pobres y el 10 por ciento a los más ricos.

No hay mucha diferencia. No son programas sociales con opción preferencial por los de menores ingresos.

Otra deficiencia es la cobertura, una cuestión operativa, de cómo llegar a los más pobres.

Encontrar a los adultos que ya tienen pensión es muy fácil, solo pides la nómina. Hallar a los que nunca han tenido pensión es más difícil, están lejos, excluidos y desinformados.

En 2022, el 61 por ciento de los hogares del decil I recibieron dinero de los programas sociales, una proporción menor al 70 por ciento del 2018.

Para llegar a los pobres, es necesario un equipo de campo con orientación técnico social sin contacto con lo electoral. Su meta debe ser atender al pobre sin importar por quien vota o si va a los eventos.

Es necesario, también, un padrón con información socioeconómica de todas las familias que identifique qué necesitan y dónde están. El padrón Bienestar no funcionó porque fue hecho en la campaña electoral y eso lo sesgó.

Para reducir todas las condiciones de pobreza, es necesario que se invierta en salud, educación, vivienda, servicios básicos, seguridad social, carreteras y alimentación. Si la política social se concentra en entregas de dinero, lo único que mejora es el ingreso, lo demás empeora.

La pobreza por ingresos baja, pero el acceso a derechos solo es para quien pueda pagarlo. Los apoyos en efectivo no sustituyen las otras obligaciones del gobierno.

Por todas estas insuficiencias aumentó el número de mexicanos en pobreza extrema a pesar de que se duplicaron los recursos de los programas sociales, como informó CONEVAL.

Programas sociales diseñados y operados para atender a los pobres contribuirían más a superar la pobreza.

Según análisis del Instituto de Estudios de la Desigualdad, si, en 2022, se hubiera beneficiado solo a los adultos sin pensión y a los estudiantes pobres, se hubiera podido aumentar el apoyo y la cobertura a los deciles más bajos por lo que habrían salido de la pobreza extrema por ingresos 4 millones más de los que salieron.

El 48 por ciento del presupuesto del 2022 de los programas sociales se entregó a las personas de los deciles medios y altos, del VI al X.

Si ese dinero se hubiera entregado a los más pobres, deciles I y II, habría desaparecido la pobreza extrema por ingresos en México.

Merecemos programas sociales que tengan como meta reducir la pobreza.

De poder, se puede, el dinero ya está, falta el querer.

Artículo publicado el 13 de agosto de 2023 en la edición 1072 del semanario Ríodoce.

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