Comida: placer que puede matar

Obesidad 66

La especie humana ha evolucionado entre el placer y el dolor, entre el placer y el sufrimiento, y entre el placer y la muerte.

Condición necesaria para sobrevivir es el aire, el agua y la comida: no se puede vivir sin oxígeno, si una persona deja de respirar por cinco minutos, tiene su muerte asegurada, si deja de beber agua por una semana, también, y si deja de alimentarse por dos meses, se muere.

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La comida como el agua y el oxígeno, acompañarán a la persona hasta su muerte. Llegados los veinte años, la identidad y el crecimiento físico llegan a su límite, salvo algunas excepciones como la maduración de la corteza prefrontal que en algunos casos se puede dar hasta los treinta y cinco años de edad.

El cerebro le avisa a la conciencia que tiene sed o hambre, después la voluntad inicia la conducta alimenticia, en el caso de la respiración y el corazón, es función automática, es decir no se necesita voluntad dado que dependen del sistema nervioso autónomo.

La voluntad para llevarse el alimento a la boca y saciar el hambre, está empujada por el placer, esa satisfacción de saborear el alimento o disfrutar el proceso de deglución como una forma de autocomplacencia, esto no tiene el mayor problema si hay un equilibrio entre lo que se come y lo que se quema, esto es el equilibrio metabólico del que tanto hablan los médicos.

La comida acumulada en forma de grasa hasta convertirse en una enfermedad llamada obesidad, empieza matando esperanzas, ilusiones, pasa de ser placer a sufrimiento, a veces mata la socialización, reduce la vida laboral, y arrincona la vida sexual incluyendo erotismo y afecto.

La persona obesa es una persona enferma que en algún tiempo estuvo sana, la estatua globosa que hoy es lleva por dentro la estatua escultural que en su momento fue. La función cardíaca, respiratoria, metabólica, y sexual, se van muriendo poco a poco; un placer mata a otros tantos.

La obesidad es como la humedad, poco a poco penetra y se apodera de la voluntad, hay conciencia del fenómeno físico, lo que no hay es fuerza para salir de la cárcel del placer, es decir, se convierte en una adicción difícil de superar.

La obesidad antes de matar el cuerpo y acabar con las ilusiones de la persona, mata otras cosas como la vida sexual, la sexualidad del obeso se acota a recuerdos y fantasías, deja de ser prioridad por las complicaciones que lo inmovilizan y atan a una vida destinada a luchan contra sí mismo.

Una vida sexual extinta representa un placer menos y eventualmente una reproducción menos, la especie está diseñada para vivir dos instintos indispensables, el instinto de conservación (alimentación) y el instinto de reproducción, cuando el placer de la comida se apropia de la vida de la persona, los demás placeres pueden morir.

Artículo publicado el 30 de julio de 2023 en la edición 1070 del semanario Ríodoce.

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