‘Alito’: más preguntas que respuestas

ALEJANDRO MORENO. Los tufos de la venganza.

La Fiscalía de Campeche, entiéndase el Gobierno Federal por conducto de Layda Sansores y el mequetrefe en el que han convertido a Renato Sales, solicitó a la Cámara de Diputados el desafuero, de Alejandro Moreno, Alito, para ejercer acción penal en su contra por el delito de enriquecimiento ilícito.

Una vuelta mas al engranaje que advirtió Manuel Velasco se echaría a andar “con todo” contra Alito en caso de no votar a favor de la reforma constitucional en materia eléctrica enviada al legislativo por el presidente López Obrador.

Ante eso vale la pregunta: ¿Qué va a pasar?

No se requiere de gran capacidad de análisis para colegir que la Cámara de Diputados, de mayoría morenista, tramitará fast track esta petición, turnándola de inmediato a la Comisión Instructora y elaborando el dictamen que obsequia la Declaración de Procedencia, misma que será aprobada en el pleno por los votos guindas y sus aliados.

Es fácil adivinar también que en ese caso un Juez de Campeche va a conceder a la Fiscalía la orden de aprehensión y que se movilizarán todas las fuerzas policiacas del país para capturar al “delincuente”.

Si Alito se apersona o es presentado ante el Juez, será vinculado a proceso y obvio, independientemente de lo que la Ley disponga, no tendrá derecho a gozar de la libertad provisional.

Así se ha actuado en otros casos de claro interés político disfrazado de búsqueda de justicia, como es el de Rosario Robles y el del ex Senador Jorge Lavalle, solo por citar algunos.

Claro, Alito al igual que el otro perseguido del régimen, Ricardo Anaya, puede ocultarse o salir del país, pero ante esas variables, vale la pena asomarse a lo que pueda repercutir en la dirigencia del PRI y en la conformación de la coalición opositora, tanto para las elecciones del Estado de México y Coahuila como para las del 2024.

No existe precedente en la historia de este país de que el dirigente nacional de un partido se haya visto sujeto a un proceso penal y que como consecuencia del mismo sea privado de su libertad o permanezca legalmente prófugo.

Así que como no hay precedentes, podemos aventurar hipótesis de lo que política y jurídicamente podría seguir en este affaire que Alito y sus aliados seguirán replicando en los foros internacionales.

La primera pregunta es si Alejandro Moreno puede estar sujeto a prisión preventiva y ser dirigente nacional de un partido?

La respuesta es sí, puesto que no estaría privado de sus derechos políticos sino hasta que se dictara una sentencia firme que lo declare culpable, por lo que generando un mayor impacto político podría estar dirigiendo el PRI desde la cárcel.

Otra pregunta interesante es si el PAN y el PRD, que hasta ahora han expresado solidaridad con Alito seguirán en esa dinámica y estarían dispuestos a que los convenios de coalición se firmen desde alguna mazmorra campechana o desde “algún lugar no revelado”?

¿Renunciará Alito a la dirigencia “para no dañar al partido y enfrentar los ataques en su contra” y con la capacidad de maniobra que aún tiene dejará sucesor?

¿Será el Consejo Político Nacional el que lo destituya, considerando que Alito prófugo o su estancia en la cárcel equivalen a la “ausencia” a que se refiere la fracción XV del artículo 83 de los Estatutos priístas, que en ese caso faculta al propio Consejo a elegir a quien deba cumplir el periodo?

Miguel Ángel Osorio, Claudia Ruiz Massieu y los ex gobernadores que en forma mezquina han maniobrado para poner la cabeza de su dirigente en “charola de plata”, ¿Tomarán por asalto el PRI y por vías de hecho se posesionarán de la dirigencia?

El desafuero de Alito, su presentación ante el Juez y su permanencia en prisión o la fuga ¿Restarán votos al PRI o serán en cambio motor de simpatías ante la conocida propensión de ir al lado del “débil”?

Pareciera que Alito está dispuesto a enfrentar con energía política y jurídica al Gobierno Federal y hasta construir el escenario de ser “mártir de la democracia” jugando con la presión política y los juicios de amparo en tribunales federales.

La última pregunta sin respuesta es ¿Si Alito estaría considerando convencer a México de que en su contra hay un abuso de poder que lo hace merecedor de la candidatura presidencial de 2024?

Lo que sin riesgo de equivocación hoy puede contestarse y afirmarse es que México ya no es el mismo y que las reglas de la política cambiaron. El poder regresó a la forma en que el gobierno se relacionaba con la oposición en los años setentas.

¿Será para bien o para mal?

Esa pregunta sí tiene respuesta: definitivamente es malo… muy malo.

Artículo publicado el 21 de agosto de 2022 en la edición 1021 del semanario Ríodoce.

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