Echeverría: el ‘halcón’ que se fue impune

Echeverría: el ‘halcón’ que se fue impune

La imagen más vieja que tengo de Luis Echeverría Álvarez es la de un amigo de la secundaria que me dijo mientras caminábamos a la escuela “Ignacio Manuel Altamirano”, de Los Mochis, que un diario nacional había publicado una nota titulada “Echeverría, Tlatelolco te espera”. Era 1970 y seguramente el PRI lo acababa de “destapar” como su candidato a la presidencia de la república. Y lo más probable es que el diario que publicó la nota haya sido el Excelsior de Julio Scherer. Después su nombre se nos hizo familiar a todos. El país se llenó de banderines, bardas y tendones con su nombre y su cara, como si no hacerlo hubiera significado el riesgo de perder la elección. No había tal riesgo, pero era una forma de “legitimar” una candidatura cuestionada de suyo por la masacre de estudiantes de octubre de 1968, cuya herida sangra todavía porque nunca se hizo justicia. Echeverría era entonces secretario de Gobernación. Después vendría la represión del 10 de junio de 1971 y Luis Echeverría dio, con el “halconazo”, certeza a los que lo habían acusado de estar detrás de la matanza del 2 de octubre.

Nunca fue castigado. Durante el sexenio de Vicente Fox fue acusado por delitos de lesa humanidad –la matanza del 2 de octubre y la desaparición de decenas de militantes de izquierda durante la llamada “guerra sucia”– y se le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria, pero años después, en 2009, ya bajo el gobierno de Felipe Calderón, fue absuelto “por falta de pruebas”.

Vicente Fox creó la Fiscalía Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), con el fin, se dijo entonces, de que se conociera la verdad sobre los hechos represivos del pasado y se castigara a los responsables, pero nunca se castigó a nadie, la fiscalía y el fiscal, Ignacio Carrillo Prieto presentaron un informe a principios de 2006 sobre los crímenes cometidos por el Estado durante las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz, Luis Echeverría y José López Portillo.

Se documentó que, durante esos sexenios, cientos de mexicanos fueron asesinados y/o desaparecidos por las fuerzas del gobierno. También que “miles más fueron torturados, ilegalmente detenidos, o sujetos a hostigamiento y vigilancia por parte de las autoridades”. Sin embargo, nadie fue llevado a la cárcel y todo quedó en pesquisas ministeriales y en los juzgados que terminaron archivándose. Y en reportajes y denuncias de la sociedad civil que terminaron como gritos en el desierto.

Una lección nos debe dejar a los mexicanos el caso del “halcón” que acaba de morir. No deben cometerse crímenes de estado, crímenes desde el Estado, sin que los autores materiales e intelectuales sean castigados. La responsabilidad de Luis Echeverría, como la que tuvo Díaz Ordaz en los hechos del 68 y José López Portillo en la represión contra militantes de izquierda en Guerrero, Jalisco y Sinaloa –por decir lo menos– era indudable, pero todos se fueron de esta vida sin recibir castigo.

Y la lección tendría que ver con heridas recientes no menos graves. Allí están los hechos de Iguala, la historia de los 43 jóvenes estudiantes de Ayotzinapa, que nos reclaman justicia. Fue muy evidente que desde el gobierno federal se ocultó la verdad, que esta verdad se supo desde un principio en las altas esferas del gobierno, en la entonces PGR, en el Ejército, en la Policía Federal y en Los Pinos. Y también quedó claro que esa verdad se trató de ocultar con la llamada “verdad histórica”, revictimizando a las familias de los muchachos y burlándose de los mexicanos que exigían justicia.

Y aquí ya no son los viejos priistas, los de la Revolución, sino los tecnócratas, los neoliberales, empezando por Enrique Peña Nieto, Jesús Murillo Karam, los responsables de la seguridad, Tomás Zerón, que ahora anda huyendo, los jefes del Ejército, los que manipularon las evidencias para ocultar lo que realmente había ocurrido…

Y no tienen que pasar cincuenta años para que alguien diga que sí, efectivamente, las cosas no ocurrieron como se había dicho, pero ya no se puede hacer nada porque ya todos están muertos.

Bola y cadena
ECHEVERRÍA ÁLVAREZ FUE EL penúltimo presidente de la Revolución; nos heredó a José López Portillo, que se ufanaba de haber sido el último, aunque nos haya dejado el país en ruinas. Los que vinieron después no fueron mejores, inauguraron una nueva etapa en la vida política y económica de México, el neoliberalismo, que trajo aún más pobreza, más desigualdad, más corrupción… Empezó con Miguel de la Madrid, que inauguró la época de los fraudes electorales —antes no habían sido necesarios debido al control que el PRI –gobierno tenían sobre el pueblo “agachado”– y sufrió su primer gran revés con la llegada de AMLO al poder, proponiendo un gobierno cuya catadura no termina por definirse, en medio de jaloneos, dudas y no pocos fracasos. La llegada del PAN en el 2000 no significó cambio alguno en los enfoques neoliberales y solo sirvió para reforzar lo que los neoliberales priistas habían comenzado.

Sentido contrario
EL DECOMISO DE MEDIO MILLÓN de pastillas de fentanilo, cocaína, heroína y precursores químicos en una bodega del sector Las Flores, de Culiacán, nos indica que la ciudad está sentada en un mar de drogas sintéticas. Hay mercado, hay demanda, y hay oferta. La guerra contra las drogas ha sido un rotundo fracaso desde que arrancó a principios de los años 70´s y lo seguirá siendo. No lo entienden los gringos o se hacen patos, que es lo más probable. Que no chillen entonces.

Humo negro
ESTE SÁBADO INICIÓ LA CONSULTA “indígena” para definir si se hace o no la planta de amoniaco en Topolobampo. Una consulta manipulada desde su origen. Ya sacaremos cuentas cuando culmine. Y contaremos la historia.

Artículo publicado el 10 de julio de 2022 en la edición 1015 del semanario Ríodoce.

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