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  • Dias de Impunidad

A la calle

MITIN DE MORENA EN EL ESTADO DE MÉXICO. Moviditos.

A veces en las mañaneras se dice la verdad y una de a “kilo” que dijo el presidente hace unos días es que ya no son tiempos en los que regía aquella máxima de la política, de que “… el que se mueve no sale en la foto”.

Ahora hay que mostrarse, moverse, decir yo quiero, exponer las ideas y dejar ver las actitudes de quienes se mencionan como posibles candidatos a la presidencia para el 2024.

Vicente Fox, Felipe Calderón, Peña Nieto y el mismo López Obrador, empezaron sus campañas desde años antes de la elección y en el ambiente nacional se fueron prefigurando sus candidaturas resultando, a la postre, electos como presidentes.

Hasta ahora los únicos en movimiento son las piezas de Andrés Manuel (me resisto a llamarlos “corcholatas”), mientras que en la oposición se discute: primero si van en alianza; segundo si se queda “Alito”; tercero si convencen a Dante y cuarto, el método a diseñar para en “unas primarias” definir su candidato.

El disparo de salida ya se dio y los únicos corriendo son las cartas del presidente, y empezarán a moverse otros personajes que esta semana el propio Andrés Manuel sumó a la carrera, aunque más como “fauna de acompañamiento” que con verdaderas posibilidades de recibir la Banda Tricolor de manos de su jefe.

La importancia de posicionar figuras radica en que en el escenario nacional todos los partidos están desdibujados y a ninguno le alcanza con su voto duro para ganar la presidencia.

Morena no es materialmente un partido. Es un movimiento de conjunción de intereses y “agencia de colocaciones” como en su tiempo fue el PRI, que perdió la disciplina partidista cuando la oposición creció y la “clase política” aprendió que había otras vías de acceso al poder y al chambismo en el gobierno.

Hoy esas otras vías no aparecen, por lo que Morena aun siendo un mazacote ideológico, sigue luciendo fuerte y capaz de aglutinar el voto por el efecto “bandwagon” o arrastre del ganador.

PAN, PRI y PRD, comparten ahora la identidad de ser perdedores de posiciones de una elección a otra. Están todos ellos en sus niveles más bajos de aceptación y siguen jugando a la aritmética de la suma automática de votos descuidando lo principal: lanzar al ruedo a los hombres y mujeres que pueden tener su aceptación para ser postulados.

Por decirlo de manera coloquial, están “poniendo la carreta por delante de los bueyes” cuando la historia electoral moderna nos está demostrando a gritos que hoy está en desuso otro de los paradigmas priístas setenteros de “primero el programa, luego el hombre”

Por su lado Movimiento Ciudadano no ha logrado implantarse como partido nacional y está prácticamente fuera de la carrera presidencial. Es imposible que de aquí a 2024 cambie esta circunstancia.

Colosio en Monterrey, lo primero que hizo fue aclarar que agradecía a MC haber sido conducto para su candidatura pero que se separaba del partido para servir a todos los regios sin distingo, por lo que su inclusión, en su caso sería arropada por los demás partidos y no tendría necesariamente su origen en Movimiento Ciudadano.

No se puede regatear a López Obrador su pericia electoral y sabe que primero tiene que insertar en el imaginario colectivo el nombre de su candidato o candidata; luego concretar su decisión con una “encuesta”; mantener dentro a los inconformes y exigir a los gobernadores, propios y ajenos, que lo hagan ganar en sus respectivas demarcaciones.

Esto ya empezó a operarlo desde hace más de un año y el domingo pasado en Toluca pasó a otra etapa de más intensidad e hizo crecer en número a los aspirantes incluyendo otros nombres para que acompañen el “pelotón” hasta que tenga que despegar al o a la que quiera favorecer con su encuesta.

Por eso, si alguna posibilidad quiere tener la oposición debe alentar a quienes desde ahora se mencionan o tienen alguna presencia nacional que los coloque en la carrera. Si los dirigentes siguen pasmados, deben ser los propios pretensos quienes tomen la decisión de decir “yo quiero” y saltar a la palestra para medirse y crecer en la calle.

Si crecen o no; si Morena sigue siendo esa eficaz maquinaria electorera; si la oposición sigue lenta y carente de reflejos y nadie por fuera se anima a entrarle por su lado, de cualquier forma es un alivio a mediados de dos mil veintidós, estar hablando de ¿Quién va a suceder a Andrés Manuel? y no tener en la discusión nacional la reelección o la prolongación de mandato.

Además todavía hay y habrá INE, luego entonces el poder está en la credencial para votar y aunque ahora unos luzcan ganadores y otros perdidos, en política nada es para siempre…

Artículo publicado el 19 de junio de 2022 en la edición 1012 del semanario Ríodoce.

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