abril 18, 2021 6:09 AM

Morena, Rocha y los retos de la congruencia

ROCHA Y CUEN. La alianza cuestionada.

Creo que era el 2 de julio de 2018, un día después del aplastante triunfo de Morena en las elecciones, cuando les pregunté a Rubén Rocha y a Imelda Castro, quién de los dos buscaría la gubernatura cuando llegara el momento. Fue en una rueda de prensa que ofrecieron, pues los dos iban derechito al Senado de la República. Titubearon pero al final ambos dijeron que no tenían esas pretensiones y fue Rocha el que afirmó que iban a demostrar que ellos eran diferentes…

En realidad la pregunta llevaba un dejo de picardía, pues era obvio que desde ese momento los dos estaban pensando ya en la gubernatura. Más Rubén Rocha, que había sido dos veces candidato al gobierno del estado, rector de la UAS, coordinador de asesores de dos gobiernos —priistas, por cierto. Es decir, un hombre de poder.

Pero me llamó mucho la atención eso de que demostrarían que eran “diferentes”, porque estoy convencido de que frente al poder muy pocos escapan a sus propias debilidades. Y si bien pueden ser fuertes frente a algunas de las tentaciones que ofrece, pueden caer de rodillas frente a otras. Un gobernante puede no ser débil ante el dinero (pienso en AMLO), pero al mismo tiempo hincharse de soberbia (también pienso en AMLO).

Lo que se ha visto en estos dos años que Morena lleva en el poder, es que, en muchos aspectos, no son nada distintos a aquellos que dicen combatir. Para empezar hay en ese movimiento una mezcolanza atroz que le ha impedido cuajar un proyecto sólido, con un andamiaje ideológico, más allá de lo que Andrés Manuel López Obrador trae en la cabeza y lo cual repiten como pericos de jaula todos y cada uno de los morenistas.

No nos vayamos lejos. Veamos lo que ha estado ocurriendo con los personajes que tenemos más cerca de nosotros, algunos alcaldes y diputados locales; qué representan más allá del discurso Chapman en Ahome, el Químico en Mazatlán, Eliazar Gutiérrez en Navolato… y la caterva de diputados locales que no se sentaban todavía en la silla cuando ya estaban traicionando a sus electores.

Es muy triste, pero Morena está reproduciendo con una velocidad de vértigo los peores defectos de la izquierda mexicana. Tal vez porque no es de izquierda y esa podría ser una explicación que llevaría a buscar cierto consuelo a los que todavía son de izquierda… “a pesar de la izquierda”.

El proceso de selección de candidatos de Morena a la gubernatura fue todo menos democrático. Al margen de quienes fueron designados, predominó el desaseo y la turbiedad, todo con una línea de conducción desde el palacio nacional. Pero es más costoso aceptarlo “en nombre de los más caros anhelos del pueblo bueno”, que negarlo cuando todo ha sido tan evidente.

Por su propia naturaleza, Morena enfrenta ahora —y lo hará en todo el país durante este proceso electoral— sus más lacerantes contradicciones y será como enfrentarse a sus propios demonios. Su exacerbado pragmatismo los ha llevado a condenar primero y luego abrazar al condenado. Ahí está el caso del Partido Sinaloense y su dirigente, Héctor Melesio Cuen, con quienes Rubén Rocha ha planteado una alianza “estratégica” a través de candidaturas comunes y que ahora está siendo rechazada por un grupo de personajes de Morena, diputados locales, federales, la senadora Imelda Castro y el alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez. Es una postura muy fuerte que no podrá ser desdeñada pero que, al margen de lo que resulte, pone en el centro de la discusión los derroteros de Morena, hacia donde quiere ir y con quién, cómo y a qué precio.

No es el único caso, ahí está también el de Gerardo Vargas Landeros, un hombre que fue torpedeado antes de la designación del candidato la gubernatura, acusado de lo más corrupto del pasado reciente en Sinaloa y ahora reivindicado por Rubén Rocha cuando afirma que es parte de lo que llaman “Cuarta transformación”. No fue gratuita su declaración, pues un día antes habían desayunado en Culiacán y no ha de haber sido para refrendar su amistad, como dijo al salir de su reunión con el Químico, en Mazatlán.

Bola y cadena
EN LOS DOS CASOS, DEBE TENERSE CLARO, están las cuotas —y de paso los cuates— que Rocha y el partido tendrán que pagar a cada uno de los grupos que lo integran o que se quieren colar para asegurar el apoyo en las campañas y el trabajo de operación el día de la elección. Si le dan al PAS, le tocará menos al Químico y a Imelda y a los diputados… Es así como se estila en otros lados y se ha hecho siempre. No hay ninguna diferencia. En esa parte no son distintos.

Sentido contrario
POR EL LADO DEL PRI YA NO TARDA la definición, que le corresponderá, sin ninguna duda, al gobernador Quirino Ordaz Coppel. Hay un viejo adagio que aplica a la perfección en un sistema centralista: “virrey no pone virrey. Se hizo famoso en los tiempos del PRI, cuando algunos gobernadores se empeñaban en imponer a sus hombres de confianza. Siempre los decidía el presidente. Igual que ahora lo hace en el caso de los candidatos de Morena. Pero esta regla se rompe cuando el poder local lo detenta un partido distinto al del poder central. Ocurrió por primera vez en los tiempos de Vicente Fox y aplica ahora. Así, Quirino tomará en cuenta opiniones, perfiles simpatías, intereses, lealtades y deslealtades, compromisos, etcétera, pero al final de cuentas él, y nadie más, tomará la decisión. ¿En quién recaerá? Pues ya no tarda en saberse. No hay, como hace cuatro años, una decena de pretensos. Ahora sobran dedos de una mano para contarlos. Pero una cosa parece quedar clara: Quirino Ordaz logró fusionar en su propia gestión el poder político con el poder económico. Y creo que pretenderán, ambos poderes, seguir en la misma ruta.

Humo negro
2020 HA SIDO UN AÑO PARA olvidar aunque creo que lo llevaremos tatuado en la carne y en el alma. “Nunca me imaginé que viviríamos algo así”, me dijo alguien que quiero mucho. Hemos perdido amigos, familiares y muchos de los que queremos están en cama, luchando contra esta peste que nos tocó padecer. No sobra, a pesar de la tragedia, desearnos a todos un feliz año. Cuídese.

Columna publicada el 10 de enero de 2021 en la edición 937 del semanario Ríodoce.

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