febrero 16, 2020 10:46 am

La leche y sus eternos dilemas

GULA leche

Seguramente usted ha escuchado o leído alguna vez que la leche es mala para los adultos, que somos los únicos mamíferos que consumen leche de otra especie o, en contraparte, que es muy buena, necesaria, un alimento que no debe faltar en la canasta básica.

La discusión de si la leche aporta o no beneficios para la salud es bastante amplia. La disyuntiva se extiende a discusiones científicas incluso, en donde cada uno de los interesados expone sus argumentos. Antes de hablar de ellos, pasemos por entender qué es la leche.

La leche es, aunque no lo parezca a simple vista, es una mezcla heterogénea líquida de grasa, azúcares, proteínas, minerales y agua. Ésta es producida por las hembras mamíferas con la finalidad de alimentar a las crías en etapas tempranas.

La leche más popular dentro de la dieta humana es la leche de vaca, misma que es consumida en su forma líquida o en cualquiera de sus derivados como por ejemplo los quesos, crema, mantequilla y nata, principalmente.

 

La intolerancia como señal biológica

Uno de los principales argumentos en contra del consumo de leche es la propia intolerancia láctea por la que gran parte de la población pasa al entrar en años.

La periodicidad de la producción de leche en hembras mamíferas va ligada a la maternidad y su duración es proporcional a la etapa de crianza de cada especie. El que esta misma producción no sea constante puede ser tomado como una señal biológica de que tanto humanos como cualquier otra especie de mamífero no necesita de la leche en etapas adultas.

 

La industria versus la ciencia

A lo largo de los años el principal mensaje de la industria productora y de una gran parte del nicho de nutriólogos ha sido “beba leche y evitará la osteoporosis”. De esta manera, se ha vendido como un imprescindible en nuestra dieta, dándole el tinte de canasta básica y poniendo a niños con bigotes de leche en comerciales televisivos. Esto no es precisamente defendible.

La afirmación de obtener el calcio necesario para fortalecer nuestros huesos parece más bien otro truco publicitario; así lo afirman científicos que aseguran que, si bien los niveles de calcio en el producto son altos, su biodisponibilidad es muy baja, por lo que el mineral termina siendo expulsado en su gran mayoría.

Un estudio de la Universidad de Harvard, realizado a más de 78 mil mujeres a lo largo de 12 años, reveló que el aumento en el consumo de leche u otras fuentes de calcio no las protege contra fracturas propias de la osteoporosis como la de antebrazo y cadera.

La verdadera paradoja del calcio viene del estudio del doctor William Ellis, de la Academia Americana de Osteopatía, quien concluyó que quienes toman de tres a cinco vasos de leche diariamente presentan niveles más bajos de calcio en sangre. El razonamiento es que al ingerir grandes cantidades de leche promueve la ingesta también de proteínas lácteas, mismas que producen un exceso de acidez que nuestro organismo compensa con la liberación de minerales alcalinos; el calcio uno de ellos.

 

Batido de hormonas bovinas

Otra de las implicaciones de la leche es la carga hormonal que ésta presenta. Es de sentido común asegurar que las hormonas liberadas por las vacas no son de necesidad humana, y que incluso pueden alterar el ritmo hormonal en nosotros.

La leche contiene alrededor de 60 tipos de hormonas, que, combinadas con la cantidad de proteína hacen que las crías crezcan velozmente.

Sobre esto, la profesora Jane Plant, autora de “Tu vida en tus manos”, explica que la hormona IGF-1, cuyos niveles en leches industriales son bastante altos, incrementa hasta tres veces el riesgo de padecer cáncer de mama o de próstata en los consumidores. Así como que los estrógenos que se añaden a la leche bovina estimulan la expresión nociva de esta hormona, lo que promueve la aparición de tumores.

Artículo publicado el 09 de febrero de 2020 en la edición 889 del semanario Ríodoce.

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