El conjuro 2: el caso Enfield

 
el conjuro 2
 Cuando Billy (Benjamin Haigh) va de regreso a su cuarto, esa madrugada que baja sediento a la cocina a beber un poco de agua, mete a su improvisada tienda de campaña en el área de juegos de su casa, ese carro de bomberos que extrañamente está en el pasillo, con la sirena de emergencia activada, y se va a la cama a seguir durmiendo. Segundos después, el pequeño auto llega a su recámara con ese desesperante sonido, y al niño no le queda más opción que gritar a su mamá (Frances O’Connor) para que lo auxilie.
En otra ocasión, a sus hermanas Margaret (Lauren Esposito) y Janet (Madison Wolfe) les irá peor: sus camas se estremecerán solas como en un terremoto, y no podrán dormir; la televisión cambiara sola de señal, el control remoto aparecerá en lugares diferentes, en apariencia, por sí mismo, y lo peor será cuando Janet hable como anciano, se apaguen las luces, los muebles se muevan y las puertas se cierren sin que alguien las toque, por lo que no habrá más remedio que huir de esa casa.
El caso de la familia Hodgson es tan atractivo, que su difusión llega al otro lado del Atlántico, hasta Estados Unidos con los Warren: Ed (Patrick Wilson) y Lorraine (Vera Farmiga), los esposos cazafantasmas que consideran que pueden hacer algo, por lo que viajarán a Londres para investigar qué sucede en realidad con Janet y, de seguro, demostrar que se trata de un hecho paranormal.
La tarea no será nada sencilla, tanto porque hay que descifrar quién es y que quiere ese demonio que se posesionó de la niña para llevar a cabo su plan, y por lo complicado de que las personas crean en este tipo de sucesos.
Ahí están la mayoría de los recursos para que El conjuro 2: el caso Enfield (The Conjuring 2/EU/2016) funcione como una cinta de terror: un sótano oscuro con algún problema que dificulta moverse en él (en este caso el agua); objetos inofensivos/infantiles (la ambulancia y el zoótropo); un demonio suelto que se vale de un alma débil para atacar; elementos religiosos que detengan las acciones diabólicas y si los crucifijos, biblias y monjas lucen afectados y/o contribuyen con el mal, es mucho mejor.
Si eso no es suficiente, habrá que considerar una música apropiada, una canción sencilla que suene antigua y se repita cuantas veces sea posible; sombras, ruidos, gritos, levitaciones y apariciones sorpresivas.
Lo más interesante de la cinta dirigida por James Wan (El conjuro, 2013), basada en el caso, supuestamente real, que experimentaron los Hodgson entre 1977 y 1979, es que todo eso que ya se sabe que está ahí para provocar el miedo, característico de este tipo de cintas, haga que algunos salten de la butaca impulsados por el pánico: ¿Cómo? ¿Por qué? ¿No es demasiado predecible?
La película tiene una duración innecesaria. Los Warren se tardan mucho en entrar en acción, y con esa escena final en su museo de objetos malditos, Ed todavía amenaza con regresar, ¿para qué? Sin conocer la historia que tiene en mente, ya se sabe cómo puede terminar.
Eso sí, el diseño de producción es excelente y muy preciso, y algunas actuaciones y la referencia a Elvis Presley, disfrutables. Vaya a verla… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

Share on facebook
Facebook
Share on twitter
Twitter
Share on whatsapp
WhatsApp
Share on email
Email

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

RÍODOCE EDICIÓN 855
16 de JUNIO del 2019
COLUMNAS
OPINION
Ñacas y Tacuachi
BOLETÍN NOTICIOSO

Ingresa tu correo electrónico para recibir las noticias al momento de nuestro portal.

DEPORTES