lunes, enero 24, 2022
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  • Dias de Impunidad

Caída libre

 
caida libre
 
 
Una de las veces que salen a correr, Kay (Max Riemelt) pone sus labios en los de su compañero Marc (Hanno Koffler) y le pasa el humo del cigarro. Éste le pregunta si está loco. Sin ningún problema, el otro le dice que es broma, que se calme.
Es tanto lo que Marc se sacude, que prefiere quedarse sentado cuando su colega, que recién conoció en la academia de policías, le sugiere continuar con la caminata, e intentará olvidar el atrevimiento durante el fin de semana, en la visita a su novia Bettina (Katharina Schüttler), que está embarazada.
Kay le da un golpe en la espalda a Marc y le recomienda mantener el ritmo en la respiración, cuando lo alcanza en el bosque, otro de los días que salen a correr. Le dice lo mismo dos veces y Marc se molesta. Comienzan una pelea que termina en un beso largo y con caricias, que al futuro papá ya no le desagrada tanto como aquel roce de labios.
Marc se deja llevar, pero reacciona, teme, se zafa, se arrepiente y corre lo más rápido que puede en sentido contrario al que iban. Pronto se convencerá de que no hay camino de regreso, por más hijos que vengan, amor y atenciones de la esposa, y apoyo de los padres en una recién formada familia. Tendrá que lidiar con la discriminación, el maltrato y las habladurías, y ser valiente para aceptarse a tiempo y no correr el riesgo de quedarse solo.
Caída libre (Freier Fall/Alemania/2013), dirigida por Stephan Lacant y escrita por él junto a Karsten Dahlem, puede ser una cinta más en la que se aborda cómo una persona descubre que es homosexual, que puede tener una aventura a escondidas con alguien de su mismo sexo, esperando que no se desestabilice la vida que sí muestra, pero la distingue el proceso de su protagonista al adentrarse a ese mundo nuevo.
El filme intenta ser más atractivo al ubicar la historia en una academia de policías, donde se supone que sólo hay “hombres”, por lo que los estereotipos hacen más complicado que se piense que entre los agentes hay uno gay: los rudos, fuertes, toscos, bruscos, que usan armas y saben pelear, sólo pueden ser heterosexuales que rechazan las “mariconadas” y, si es posible, discriminan, maltratan y golpean a quienes no comparten sus gustos.
Borgmann lleva a su personaje de la sorpresa a la curiosidad, interés, deseo, euforia y plenitud en la práctica de una nueva sexualidad, sin dejar de lado que por la magnitud de la experiencia, por momentos también rechaza, repele, reniega, se cree culpable, confunde, arrepiente, pero finalmente se identifica e intenta aceptarse. El de Riemelt no tiene problemas: ya pasó por eso, ahora sólo quiere ser correspondido y su lucha por logarlo es creíble.
Schüttler comienza como una esposa enamorada, abnegada y sumisa a la que no le queda más que aceptar ir a vivir a la casa contigua a la de sus suegros, pero evoluciona cuando nota los cambios en su esposo y se revela al confirmar sus sospechas, al grado de ser ella quien se imponga y determine qué y cómo de ahí en adelante.
Así como la vida de Marc, el final de Caída libre es ambivalente e interesante: el policía despertó, ya no es el mismo, ahí está su familia, pero también su deseo. Véala en Netflix… bajo su propia responsabilidad, como siempre.

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