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 El sueño de un jardinero, logro de Carlos Murillo Depraect

 

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El pasado sábado 19 de diciembre de 2015, atendí una invitación pública convocada por la Sociedad Botánica y Zoológica de Sinaloa, I.A.P., presidida por el licenciado Agustín Coppel Luken; asistí al Jardín Botánico de Culiacán cuyo director es el ingeniero agrónomo Carlos Murillo Michel. El objetivo fue celebrar el 29 aniversario del jardín.
A las 10:30 horas iniciamos un recorrido conducidos por Salvador, un joven que al paso nos iba informando, con soltura y datos interesantes sobre cada uno de los árboles, palmeras y belleza floral que fuimos admirando con la atención del neófito que se asombra ante lo desconocido. Punto de encuentro que nos hizo conocer algo del acervo botánico, conocimiento breve sobre la flora y la fauna de un lugar maravilloso y sorprendente, que podemos presumir al mundo, pues las singularidades que ofrece este jardín son valiosas y algunas exclusivas.
Por ejemplo, cuenta con variedades de los cinco continentes y más de 1 mil 600 especies, entre la que destaca la flora de nuestra región, la colección más completa de palmeras; jardín acuático y alegorías de arte creadas por artistas mundialmente famosos. En sus diez hectáreas existe suficiente espacio para recreación, auditorio, y en comunión con el parque Constitución, forman un gigantesco pulmón natural que oxigena nuestra ciudad.
El ingeniero Carlos Murillo Depraect (1925-2006), nació en Culiacán, realizó sus estudios de secundaria, preparatoria e ingeniería civil en Guadalajara; fue el ciudadano que con esfuerzo, dedicación y amor, logró que ahora nuestro Jardín Botánico sea considerado entre los más importantes de nuestro país.
Sus padres que eran dueños de un vivero, lo respaldaron para que alcanzara la carrera de  ingeniero civil y construyera casas y edificios. Lo cumplió con creces, pues edificó las mansiones de los más importantes empresarios de Culiacán, pero la influencia de haber nacido rodeado de matas, arbustos y macetas, lo llevó a convertirse en un arquitecto empírico que no se conformó con lo rústico, sino que buscó el conocimiento y lo encontró en personajes como el famoso arquitecto norteamericano Frank Lloyd Wright, el alemán Le Coubusier y el brasileño Roberto Burle Marx; de ellos aprendió y se convirtió en gran diseñador de casas y jardines.
Don Carlos se entregó con pasión al Jardín Botánico de Culiacán; formó un pequeño ejército de laboriosos obreros y  luchó para  mantenerlo, sostenerlo contra viento y marea, logrando su ideal de transformarlo en el hermoso vergel que muestra el ingenio de sus sueños; desde la entrada uno empieza a sentir el despertar de los sentidos, la vista y el olfato se impactan con la belleza y los olores, luego el oído escucha el rosar del aire con las hojas de los árboles y las flores que al tocarlas, se disfruta el sabor de sus mieles.
Para logra esta hazaña, el ingeniero Murillo Depraect buscó y encontró el apoyo de otros, también valiosos ciudadanos como el ingeniero y arquitecto Jorge Hernández Monge, el químico fármacobiólogo Rosendo Flores Esquerra, y el licenciado Agustín Coppel Luken.
Gracias al decidido apoyo de ellos, pudo asistir a congresos para informarse de lo más moderno en tecnologías y avanzar en su objetivo, a la vez que buscaba ampliar las variedades y especies de la flora mundial; fue así que importó el olivo negro que se ha distribuido por el municipio con más de 500 mil árboles.
También amplió la variedad de ceibas, cactáceas, agaves, malváceas y palmas; de esta última existe un ejemplar único en el país, se trata de “La Talipot”, palmera de un espesor impresionante, que alcanza una altura de hasta 35 metros, al cumplir los 60 años produce las semillas que han de servir para que subsistan nuevas plantas, y luego muere. Don Carlos también nos trajo el árbol que camina, y una extraña variedad de cactus que producen flores de intensos colores.
Ahora está como responsable de la dirección del Jardín, su hijo, el ingeniero Carlos Murillo Michel. Lleva sobre sus espaldas una gran responsabilidad; lo bueno es que recibió las enseñanzas de don Carlos, quién fue un hombre sencillo, de pocas palabras, que prefirió demostrar con hechos sus cualidades y virtudes, fue austero en todo, menos en entregarse al quehacer para lograr sus objetivos, aplicando una férrea y vehemente pasión en sus ideas, mismas que defendió para lograr su meta: el sueño del jardinero.
Ello lo convirtió en un hombre fuera de serie, un ejemplo para aquellos que aspiran servir y hacer el bien a la humanidad. Un apóstol que acondicionó para los mexicanos, sinaloenses, y en especial para los culichis, un lugar donde podemos oxigenar cuerpo y alma. Caminar aspirando los olores de nuestra flora regional, empatada con la de otros lugares lejanos y extraños, que aunque parezca increíble, se experimenta una sensación que te hace levitar, y por momentos creer que estamos en el limbo, donde el nirvana del paraíso es real… de veras, no exagero.
El Patronato tiene un programa permanente de actividades para beneficio de los amantes del arte en general, para ejercitarse al aire libre, cursos de capacitación para la jardinería, funciones de cine, lectura, presentaciones de libros, conferencias, etcétera. Todo esto, convierte a nuestro Jardín Botánico en un punto de reunión excelente, pero también en un icono turístico que debemos difundir y presumir. Haz germinar con tu visita este espacio; siéntelo, presúmelo, difúndelo; es tuyo.
leonidasalfarobedolla.com
 
 

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