martes, diciembre 7, 2021
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  • Dias de Impunidad

Punto de Nostalgia: De cantina en cantina

 

cantina 2

 

 

                                                             Caminante no hay camino… se hace camino al andar.

                                                              Joan Manuel Serrat.

 

Cuando El Zurdo levantó las sillas de la mesa contigua, me di cuenta que ya me estaban corriendo de la cantina El Guayabo. Miré alrededor. Sí, yo era el último parroquiano. El famoso cantinero, haciendo gala de amabilidad, me indicó la salida; me dio las buenas noches y remató con el consabido: cuídese. Deseo y advertencia impuesta por la inercia de la violencia imperante.

Me paré en la esquina de Francisco Villa y Teófilo Noris, indeciso caminé hacia la avenida Rodolfo G. Robles, y seguí hacia la Juan José Ríos, sin todavía decidir mi destino; mis alternativas eran El Siete mares para escuchar Las bodas de Luis Alonso con el magistral violín del Cachi, o El Mesón para disfrutar de Mujer de magia blanca, con la mágica guitarra de Fito Penney. Cruzaba la 27 de septiembre cuando me di cuenta que aquel hombre se paró y se me quedó mirando; la sombra de su gorra negra le oscurecía el rostro; su actitud me pareció sospechosa y me tensé un poco. Metí la mano a la bolsa del pantalón y empuñe mi charrasca, una navaja chola.

¡Qué ondas camarada! ¡Pinche Saturno! —exclamé eufórico, soltando la tensión—, cuanto tiempo sin vernos, ¿qué haces por estos lares?

Vivo aquí cerca, me dijo señalando al desgaire; de su mofletudo rostro destacan sus ojos que parecen estar asustados; me incomodan.

Saturnino Canales fue mi condiscípulo, hace ya 800 años, en la Prevo era el machetero del grupo.

—Salí a que me pegara el aire, siento que se me revienta el cerebro —le dije.

—Con tanta ciencia acumulada, eso te puede pasar, amigo. Necesitas sacar esa sabiduría y repartirla entre tanto idiota que andamos a oscuras en este mundo que está al borde del abismo; ¿no crees?

—No cámara, el mundo siempre ha sido el mismo. Somos nosotros los que andamos mal de la testaroleta. A ver dime, ¿quién crees que ha sido el inventor más grande del mundo? Gutenberg.

—¿Y ese qué inventó?

No podía creer que Saturno, el Chiluca más chingón de la Prevo, me saliera con que no sabía de tan importante personaje; por eso le reviré: “¡Ya! No me digas que no sabes, desarrolló el más grande de todos los inventos: la imprenta”.

Saturno desmesuró más los ojos y me pareció que se le salían, sus cachetes se pusieron más rojos, y por un instante pensé que reventaría; y sí, reventó: ¡Nooo, no, no me salgas con esa mamada, pinche enano! Estuve a punto de mentársela, pero calculé que con el peso y lo iracundo de aquella mole, la llevaba de perder. Métetelo en la cabeza, güey. ¡El más grande de los inventores es Einstein! ¡Albert Einstein! afirmó echándome su acedo aliento en la cara. Quedamos en silencio.

Ahora mismo traigo en mi cabeza una bronca —reinició mientras encendía un cigarrillo, que el muy cicatero no me invitó—, me acabo de encontrar con una novedad. Pensé que Saturno cambiaría de tema para suavizar la situación, pero no. Encontré que en su ecuación, Einstein afirmó que la teoría de la Relatividad General era estática. No fue así; el que lo sacó de su error fue Isaac Newton; afirmación que hicieron Lamaitre y Hubble.

¿Y eso es malo? —le pregunté dubitativo, mostrando mi ignorancia—. No, Cámara. Lo que sí es catastrófico, es que yo no estaba enterado. Ahora entiendo por qué Einstein una vez dijo: “introducir la constante cosmológica, ha sido el error de mi vida”. Ah, eso quiere decir…  Cámara, qué el maestro reconoció a Newton. De ahí nace la frase: “es de sabios reconocer errores” ¡Ándale! Cámara, hasta que diste una. Saturno sonrió, luego me echó su brazo derecho sobre mi hombro izquierdo y con voz suave dijo: Vamos, te invito una en el Mesón. Todo en él cambió; me pareció simpático, y hasta más delgado se me hizo cuando aligerando el paso enfilamos rumbo al sacrosanto recinto.

Llegamos a la cantina. Había buen ambiente a pesar de que el grupo del Fito estaba en receso. Saturno no se anduvo por las ramas; pidió una cubeta con seis de TKT. Empinábamos la primera cuando de la mesa contigua me llegó la frase: los más grandes benefactores de este mundo son los políticos; son personas que se preocupan por los asuntos públicos; son juiciosas, sensatas, educadas y amables.  

Un silencio se interpuso, pero luego surgió otra voz. ¿Me podrías dar el nombre de un político al que puedas endilgarle esas cualidades? Winston Churchill. No güey, dame uno actual y que sea mexicano. Ora sí que me la pusiste muy difícil. Sí, ¿verdad? Pero ya que conoces la parte amable de los políticos, ahora explícame la parte contraria. Fácil: en principio no son políticos. Son politiqueros y son fáciles de identificar por patanes, prepotentes, ambiciosos, corruptos, abusones. ¡Yaaa párale! No, ahora te aguantas, porque ahí te va lo más interesante. ¿Sí? Sí, son mayoría y uno de sus lemas es: “en la grey política, robar es tarea de todos”. Eso me parece injusto, porque no todos son rateros. Tienes razón, pero qué me dices de los que no lo son, pero sí permiten que sus colegas lo sean. En ese punto, nosotros también tenemos algo que ver. ¿Por qué? Pues porque tampoco hacemos nada para impedirlo y…

La guitarra de Fito Penney jaló nuestra atención. Saturno tuvo la feliz idea de alzar su botella, y brindamos. La rola nos envolvió, y nos fue llevando hacia la sola embriaguez que solemos disfrutar en las cantinas. ¡Salud!

leonidasalfarobedolla.com

 

 

 

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