domingo, julio 3, 2022
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 Caminar sobre escombros  

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Los huérfanos del narco, nuevo libro de Javier Valdez

Lo más lamentable de la realidad de México es que el tema del narcotráfico ya demostró ser inagotable. Entre más se escarba más se encuentra. Por eso Javier Valdez Cárdenas (Culiacán, 1967) compara su nuevo libro Los Huérfanos del narco (Aguilar 2014) con un recorrido por escombros. En cada una de las historias que narra va encontrando dolor, coraje y destrucción, piedras inservibles de lo que antes era una vida.

Otra palabra que usa Javier Valdez para describir su quinto libro es descarnado. Y es que en las 10 historias están las heridas abiertas, especialmente en esos niños y niñas que esperan en medio de la incomprensión a sus padres y madres desaparecidos o muertos.

Javier Valdez logró con Huérfanos del narco historias pausadas en medio de tanto caos. “Lo que siento que hay detrás es la intimidad del dolor, nunca antes  un libro mío había sido tan íntimo.”

Para las 10 historias que componen el libro Javier Valdez recorrió una parte del país, y se encontró con niños que se les terminaron los dedos para contar los días en que sus padres no llegan, niñas que se encerraron en el silencio. En Sinaloa y Michoacán, en Ciudad Juárez y en el Distrito Federal.

“Me metí a los hogares, yo sentí que estaba junto a los niños cuando lloraban bajo sus cobijas, a oscuras y a solas. Y junto a las madres, que lo hacen por separado. Ni uno ni otro se dicen que estuvieron llorando, no se lo cuentan.”

Luego de toda una vida de reportero, de millones de caracteres, aun es posible impresionarse. Y de esa impresión es de la que habla Javier Valdez en la siguiente plática con alguien de casa… pero esta vez se grabó:

 

—¿Cuándo te planteas hablar con los niños y niñas, como víctimas directas?

—Desde un principio. Me pareció un valor agregado. Un trabajo que podría significar mucho más que los otros trabajos que había hecho. Pero yo cuando me enfrenté a ellos me sentí aterrado. ¿Qué le preguntas a un niño triste? ¿Qué le preguntas cuando te dice que ya se quedó con sus puños cerrados porque ya no puede seguir contando los días que su padre se tarda en llegar? Y obviamente yo sabía que tenía que pasar por las madres, ese fue otro momento difícil, decirles a las madres que querías entrevistar a sus hijos. Siempre preferí que ellas estuvieran presentes cuando se dieron esas entrevistas.

 

—El dolor los ha hecho valientes ¿no crees?

—En sentido contrario a lo que puede uno pensar, que los replegó. Esa gente recuperó mucho de la valentía que a muchos mexicanos nos hace falta de la dignidad. El dolor y el miedo lo hecho para adelante. Los mandó a la calle, los hizo conocer a mucha gente desconocida que también tiene ese problema. Coincidió con ellas en marchas, en protestas, en caravanas. Y sin embargo, por dentro, están muriendo. Es la dualidad de la búsqueda y la esperanza de encontrarlos a sabiendas que quizás no los encuentren o quizás esté muerto o lo encuentren muerto.

 

—Y sabiendo que para ti escribir, es también sufrir.

 

—Ya no alcanza el español, nuestras palabras para contar lo que pasa ya no alcanzan, de plano. Se necesitan muchos adjetivos y nos quedaríamos cortos.

 

—Hay en todo el libro tragedias personales, pero hay también un problema social no atendido.

—Sí, y muy grave, que el gobierno quiere achicar, quiere desconocer, y por eso tienen razón los familiares cuando dicen que los desaparecidos son invisibles. Y la sociedad también quiere ignorar, tampoco quiere ver eso. Porque es una responsabilidad, porque es sentir, porque es sufrir, porque significa asumir una postura frente a eso y no la quieren asumir porque también es una forma de sobrevivencia.

“Yo creo que si los desaparecidos son invisibles. Entonces ¿qué son sus hijos?, si no existen públicamente. ¿Qué son las viudas? El gobierno no solo no está preparado, no quiere, no tiene la mínima disposición.

 

—Y cuando lo atiende parece una burla. Narras el caso de El Choco (el periodista asesinado en Ciudad Juárez) que acusa a muertos del crimen del periodista. Señala a muertos como culpables.

—El Gobierno asume respuestas fáciles, económicas, burlescas incluso. La postura del gobierno es peor que la realidad que están viviendo los desaparecidos y sus familiares. Por ejemplo la CEAV —Comisión de Atención a Víctimas—, no están preparados, es hora que nos e organizan. A la gente las traen de un lado para otro. No hay política seria, integral, humana, social. No hay un solo estudio actual sobre el fenómeno de los niños y niñas. Nadie le entra a este tema, y esa es una orfandad total.

 

—¿Viste a niños y niñas dañados, que los podría llevar a cobrarle a la sociedad? Al reportear estas historias.

—En ninguno de ellos vi un atisbo de venganza y eso me da gusto. Pero sí vi mucho coraje, dolor. En la hija del Choco, después de varios años no puedes hablar de lo sucedido con ella (la niña estaba dentro del auto cuando mataron al periodista). Eso le cerró puertas y ventanas en su interior. Y no ha habido poder, ni sicólogo ni siquiatra que le ayude. Los veo doloridos, enojados.

 

—Y no será que están encabronados sin saber por qué.

—Están enojados per se, en general, por el trauma. No necesariamente contra la sociedad o el gobierno, sino que es un enojo consustancial a sus vidas por ese episodio trágico. No sé si eso sea bueno o malo.

 

 

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