mayo 18, 2021 12:01 PM

El atisbo de la derecha

Peña y Cienfuegos. La patria se salva.
Peña y Cienfuegos. La patria se salva.

No fue suficiente. El presidente de la República trató de distraer la atención del problema que le significan al estado mexicano los 43 normalistas desaparecidos, con su defensa del patrimonio de su esposa, pero no lo logró.
Las marchas del jueves pasado, pacíficas pero igualmente firmes en el reclamo de justicia, demostraron que las demandas de justicia no admiten distracción. Si Televisa le regaló a la pareja presidencial esa mansión, es algo cuyas motivaciones deberán quedar claras si es que a Enrique Peña Nieto le interesa salvar la imagen de la institución presidencial.
Pero eso es otra cosa. El tema nacional, ahora y aquí, son los 43 muchachos que a la vuelta de casi dos meses siguen sin aparecer.
Pero no habrá solución en el corto plazo. Los signos de la coyuntura son, por donde se le vea, ominosos. El gobierno federal no puede ofrecer una respuesta satisfactoria a los padres de los desaparecidos porque no la tiene y no se ve por dónde la pueda sacar.
Y entonces, dada la ira despertada por los hechos de Iguala, Guerrero, será difícil que el país entre en la calma que el Gobierno ha propuesto para, “ahora sí”, llegar a acuerdos para conducir a México por los caminos de la paz y el desarrollo.
No prendió la propuesta de Peña Nieto de llegar a un gran acuerdo por la seguridad, porque antes que eso estaba la demanda airada, de miles de mexicanos, de que los jóvenes fueran encontrados. Y puede preverse que, dada la fuerza de esta exigencia, no habrá un diálogo que satisfaga a las partes si no hay respuestas convincentes sobre el destino de los 43 desaparecidos.
México está atrapado, el Gobierno, los padres, la sociedad, incluso el movimiento que en torno al conflicto se ha generado. Con un elemento adicional: no hay cabeza que lo dirija, porque todas resultaron dañadas desde que explotó el conflicto. Y si acaso hay figuras “morales”, ahora están ocupadas en salvar sus propias naves, no en conjurar la tempestad.
Si en esta clase de movimientos siempre aparecía la izquierda a la cabeza, ahora es parte y causa fundamental de la tragedia. No solo el PRD, a cuyo partido pertenecían José Luis Abarca y su esposa, sino también Morena, que ya impulsaba la candidatura de Lázaro Mazón, padrino político de Abarca, para la próxima gubernatura. El pasmo en que cayeron estas dos entidades políticas ante el conflicto habla por sí mismo.
Cuando surgió el movimiento de 1968 solo existían el PRI y el PAN, éste último con participación simbólica en la vida pública. Las organizaciones de izquierda eran marginales e ilegales y buena parte de la fuerza política contestataria estaba en algunos sindicatos, médicos, electricistas, ferrocarrileros. No existía el abanico de partidos que hay ahora.
Pero para el caso es la misma, pues el descalabro sufrido a partir de los hechos en Iguala los descartó como opciones para arropar la lucha más amplia y profunda de que se tenga memoria después del 68.
En palabras de José Revueltas, ahora que se festejan con justicia cien años de su natalicio, estamos frente a un movimiento sin cabeza. Y sin estructuras partidarias que lo soporten y lo impulsen. De ahí su doble mérito, porque se ha estado nutriendo de la gente, de estudiantes, amas de casa, trabajadores, hombres y mujeres que están “hasta la madre” de la violencia y la impunidad que existe en el país, de gobiernos corruptos, cómplices de las organizaciones criminales. Gente que no se traga el discurso de que si los hombres se equivocan, las instituciones siempre están a salvo.
Y esa es la cuestión. Ahora que se genera el movimiento social más importante desde 1968, brota pus en pleno palacio nacional con el tema de la llamada “casa blanca”.
Respecto a la presión por la presentación de los 43 desaparecidos, se esperaba un manotazo de Peña Nieto a su regreso de su gira por Asia, pero, al contrario, terminó condecorando al secretario de la Defensa, “por sus 50 años al servicio de las fuerzas armadas”. Para el presidente, Tlatlaya quedó atrás. Las instituciones y la patria están a salvo.
Bola y cadena
EN EL HECHO VA EL MENSAJE. El Gobierno no está en condiciones de dar respuesta a la exigencia de justicia y buscará consensos por otro lado tratando de aislar el movimiento. Está endureciendo el discurso “contra los violentos” y no es remoto que en las próximas semanas también endurezca las acciones. No hay que olvidar que es en estos nudos cuando asoman las respuestas autoritarias. Si un Estado no tiene salidas a un conflicto social, lo reprime. Esa ha sido la historia de este país.
Sentido contrario
Y AHORA RESULTA QUE NADIE sabía que el Changuito era yerno del subdirector de la Policía Ministerial, Martiniano Vizcarra, y que éste tampoco sabía que su hija estaba casada con un malandrín. ¿Quién habló, desde la Policía Ministerial para que soltaran al Changuito y al Monki aquella vez que Carlos Ontiveros, siendo secretario de Seguridad Pública los detuvo con armas? ¿Quién es el responsable de que Ontiveros tuviera que renunciar al cargo por las amenazas de muerte que se derivaron de esos hechos?
Humo negro
ANTE EL ABOMINABLE CRIMEN de María Luisa Zambada Gallardo, sus dos sobrinas y su hija, el gobernador hace un llamado a cambiar el tejido social. Sería bueno que ese cambio empezara por el tejido del Gobierno que encabeza, corrompido hasta la ignominia. Incongruente con su propio llamado, no deja de ser un lamento anodino. El cambio que está operando en las policías es debido a una instrucción nacional, no porque esté muy interesado en “limpiar” las corporaciones.

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