Inzunza, Dámaso, Almanza… ¿testigos de qué?

Inzunza, Dámaso, Almanza… ¿testigos de qué?

Enrique Inzunza Cázarez será llevado a un tribunal y será sentado en el banquillo de los acusados. Lo sabe. Se defenderá como abogado de sí mismo. Lo ha dicho. Y apenas él y la FGR saben qué cargos enfrentará. Por lo pronto.

El encuentro que tuvo el 22 de mayo en el restaurante del Country Club de Culiacán, con el también Senador, Javier Corral, pudo allanarle el camino de dudas de que paseaba un día en Batequitas y otro en Culiacán. Una noche escuchando el chillido de las lechuzas y otra el silencio de una ciudad que se apaga a las diez. Las más inmediatas, al menos. Que serían citados a declarar como “testigos”, por ejemplo. Lo que hicieron él, Rubén Rocha Moya, Juan de Dios Gámez, Dámaso Castro y Marco Antonio Almanza. Por dónde iría la investigación que el gobierno mexicano está haciendo a güevo, presionado por el de los Estados Unidos.

Javier Corral no vino a verlo para refrendarle su amistad ni por solidaridad. Apenas lo conoce. Vino porque se lo pidieron. Y no los líderes del Senado, Ignacio Mier o Adán Augusto López Hernández —que en un sistema realmente de derecho y de justicia debería estar en la cárcel, ya saben por qué. Se lo pidió la FGR a través de Ulises Lara, su amigo. El mismo que lo rescató de agentes de la fiscalía anticorrupción de Chihuahua el 14 de agosto del 24 en el restaurante Gin Gin de la colonia Roma, cuando intentaron ejecutar una orden de aprehensión por el presunto desvío de 98 millones de pesos, siendo gobernador.

Cuál fue el mensaje, el compromiso, la promesa, en esa mesa del Country, apenas ellos lo saben. Y lo que sucedió días después con los cinco “testigos”, también. Y no lo dirán. Tampoco la FGR, que horas después del desfile ratificó que comparecieron en calidad de testigos.

El problema de varios de los que asistieron a declarar es que la acusación que existe en la corte de Manhattan, su presunta relación con los Chapitos, conecta directamente con el secuestro de Ismael Zambada García y el asesinato de Héctor Melesio Cuen Ojeda, aquel 25 de julio de 2024. Hay una investigación abierta —hasta hace semanas llena de polvo en algún sótano—, y si se reactiva y el gobierno mexicano se sostiene en no detener y extraditar a los diez solicitados por la corte gringa, podría echar mano de ese expediente para enjuiciarlos aquí. No hay que olvidar que fue la propia FGR quien descubrió el montaje sobre el crimen de Cuen. Y que ese montaje se urdió en la fiscalía estatal, seguramente en coordinación con los Chapitos, autores del secuestro del Mayo y del homicidio del ex rector y fundador del Partido Sinaloense. Por eso renunció de inmediato la fiscal de entonces, Sara Bruna Quiñónez Estrada.

Si la FGR jala ese hilo podría generarse un efecto dominó pues, aunque en el papel la fiscalía es autónoma, nadie en el mundo piensa que no obedece líneas del tercer piso. Sara Bruna, antes jueza, llegó al cargo bajo el auspicio de Enrique Inzunza, entonces secretario general de gobierno, pero antes presidente del Supremo Tribunal de Justicia. Y obedecía ciegamente sus líneas (no se olviden los juicios contra Jesús Estrada Ferreiro, contra el Químico Benítez y contra una decena de uaseños, entre ellos un hijo de Cuen y el agraciado rector, Jesús Madueña). Si los agentes del ministerio público, los policías de investigación, los peritos, los forenses —incluso Alberto Jorge Contreras Núñez, quien era director de la Policía de Investigación en esas fechas y también acusado por la corte gringa— que sean llamados a declarar se sacuden culpas, señalarán hacia arriba, y arriba estaban Dámaso, Sara Bruna y, más allá, quienes habitaban el palacio de gobierno, Inzunza y Rocha.

¿Resistirían estoicamente Dámaso Castro y Sara Bruna Quiñónez si los culpan de haberse coludido en el encubrimiento de un crimen? No lo creo. Y aceptar que lo hicieron sería el principio de la colaboración voluntaria a cambio de beneficios procesales. Es un caminito que conocen muy bien porque ellos mismos lo pavimentaron en los juicios armados contra sus enemigos políticos. Sabrán qué hacer.

 

Bola y cadena

ESTO SIN CONSIDERAR LO QUE ya han dicho los Chapitos en los Estados Unidos y a la FGR Fausto Ernesto Corrales, quien conducía la Raptor esa noche del 25, cuando armaron la falsa historia del asalto en la gasolinera y estuvo presente cuando se llevaron al Mayo y mataron a Cuen. Ya declaró ante la FGR y fue la base para que se acusara a la fiscalía estatal de haber urdido un montaje. ¿Dónde anda este personaje? ¿Será llamado de nuevo ahora que la FGR ha cambiado de titular? Es un testigo clave de toda esta historia y la FGR lo sabe.

 

Sentido contrario

A ENRIQUE DÍAZ LE GUSTAN LAS MOTOS y se disponía a participar en dos de las carreras más famosas que se llevan a cabo cada año en Irlanda del Norte. Una es la North West 200 que se llevó a cabo del 4 al 9 de mayo en un recorrido de casi nueve millas. La otra es la TT de la Isla de Man —se encuentra entre Irlanda y Gran Bretaña—, que inició el pasado 25 de mayo y terminará el 6 de junio. Pero hacía sus trámites de registro cuando se enteró del manhattanazo. Y no lo pensó mucho. Dos jóvenes que lo acompañaban regresaron al país y él se entregó en la embajada de los Estados Unidos en Dublín. Desde entonces nadie sabe de él, tal vez su familia y algunos allegados. Y los gringos, claro.

 

Humo negro

EL EXGOBERNADOR QUIRINO ORDAZ estuvo el viernes y sábado en Mazatlán —viajó por Viva Aerobús, humilde el señor— disque acompañando de empresarios —eso me dijo—, al tiempo en que se anunciaba un desayuno entre el esposo de la presidenta CSP, el mazatleco Jesús María Tarriba y Julio Berdegué Sacristán. A lo mejor se subieron a un barco porque nadie los vio por ningún lado… aunque las especulaciones se dispararon en este Sinaloa donde todos nos miramos todos los días y a todas horas, preguntándonos qué chingados sigue.

 Artículo publicado el 31 de mayo de 2026 en la edición 1218 del semanario Ríodoce.

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