Sabía yo que Manuel Sandoval se había estrenado como homicida cuando mató a un cobrador de impuestos.
Se creía que el Culichi (nada que ver con el gentilicio de Culiacán, los habitantes de la región donde ocurrió el crimen llaman así a la gente maldita, pero cobarde, algo parecido a “culero”) tendría entre 14 y 15 años de edad, me platicaba el maestro Manuel León, originario de La Noria, quien vía oral conoce varios detalles sobre la vida de este personaje nacido en La Palma. Pero ya rondaba los 23 años.
Mientras me preparaba para la presentación del libro de Luis Antonio Martínez Peña Esteban Flores, de oficio escritor, terminé por confirmar este hecho, ocurrido el 10 de marzo de 1927 en Loma Colorada, pueblo ubicado entre El Chilillo y el Pozole, cerca del Venadillo, y no en el Cerro Colorado de Urías, como equivocadamente siempre había creído.
El 4 de agosto de 2015, Juan José Rodríguez publicó en Facebook: “Ya di con el asesino del poeta Esteban Flores… Apareció el dato buscando información sobre la Rebelión Escobarista” y publica un extracto de la tesis doctoral de Gilberto López Alfaro, es la nota al pie número 497, página 256, referida a una información de El Demócrata Sinaloense del 18 de abril de 1929 en la cual se anuncia que las fuerzas del gobierno batieron a un grupo de criminales capitaneados por Sebastián Tisnado y Julio Enciso que merodeaba a poca distancia de Veranos… “entre esa partida de salteadores figuran Manuel Sandoval (a) “El Culiche”, de triste memoria, pues fue el que de una manera cobarde y alevosa dio muerte al periodista señor don Esteban Flores, cuando el citado caballero fue asaltado en Loma Colorada, lugar a poca distancia de Venadillo”.
Martínez Peña exploró el dato y encontró la nota donde se daba a conocer el asesinato de manera pormenorizada, en la primera plana del mismo El Demócrata Sinaloense del 11 de marzo de 1927:
“El día 10 de marzo (de 1927) a las siete de la mañana el inspector federal de alcoholes Esteban Flores salió de Mazatlán en un automóvil en compañía de su chofer y otra persona que fungía como ayudante; el propósito del viaje era visitar y realizar una inspección en las vinaterías “La Angostura” y “Las Delicias”; la primera propiedad de un señor Sáenz y la segunda de un señor Tirado. Afirma que el funcionario y acompañantes estuvieron en “La Angostura” y se realizó el trabajo de inspección, pero en “Las Delicias”, al no encontrar al señor Tirado, optaron por regresar a Mazatlán. Ya en el camino vecinal adelante del pueblo del Chilillo, en un punto conocido como La Loma Colorada dos sujetos armados le hicieron el alto al chofer y le exigieron a Esteban Flores apearse del automóvil; el funcionario accedió y al estar de pie junto a ellos un tercero que se encontraba parapetado en un árbol hizo un disparo que impactó el cuello de Esteban provocando hemorragia y causando su muerte… Su cadáver fue retirado a un lado del camino por los delincuentes quienes luego echaron mano de los velices en los que Esteban Flores llevaba su documentación y huyeron al monte”.
El asesinato causó indignación, pues el poeta gozaba ya de fama en el estado por su arte y por su actividad política en Mazatlán y Culiacán donde había sido regidor, suplente y propietario y fue incluso candidato a la presidencia municipal del puerto.
Las autoridades anunciaban que tenían identificados a los asesinos y caerían presos de un momento a otro. El gobernador Juan de Dios Bátiz Paredes dio instrucciones de que se detuviera a los implicados, se solicitó la intervención del presidente Elías Calles, el coronel Feliciano Flores, hijo del poeta, solicitó al presidente que se atrajera el caso hacia el ejército, pero nunca se hizo.
Hubo protestas y reclamos. Al final, “el expediente quedaría guardado en los anaqueles de la justicia estatal enterrado en capas de polvo y olvido”, remata Martínez Peña.
El poeta Enrique González Martínez afirmó sobre este crimen que “Esteban Flores cayó asesinado a causa de su celo en el cumplimiento del deber, rechazó indignado una propuesta de cohecho, y recibió plomo en vez de plata”.
Quedó claro que el autor material fue Manuel Sandoval, el Culichi. ¿Qué razones tenía éste para matarlo? ¿Por qué se llevaron la documentación?
Sin duda, la respuesta a estas interrogantes, nos harían saber quién o quiénes fueron los autores intelectuales.
Artículo publicado el 16 de marzo de 2025 en la edición 1155 del semanario Ríodoce.







