“La lógica sirve a la realidad tanto
como la geometría a las nubes”.
Eugenio Montejo, Cuaderno de Blas Coll
Bastaría con acudir al breve texto de presentación sobre Gilberto Owen (El Rosario, Sinaloa, 1904 – Filadelfia, Pensilvania, 1952) que preludia los poemas incluidos en la célebre y polémica antología Poesía en movimiento (1915-1966), para definir al hombre y al poeta, en ningún momento disociados: “Solía tener a flor de labio el buen humor, la burla, la sátira, con que disimulaba una singular conciencia poética. Lo antintelectual de la palabra hablada en la camaradería del bar, o a la orilla de una mesa de café, escondía al hombre que, a solas, aprendió a labrar una de las poesías más hondas de las últimas generaciones mexicanas”. Tal elogio, que bien puede atribuírsele a la generosa pluma de Alí Chumacero, ya que con palabras idénticas y añadidas había construido tiempo antes un retrato más amplio sobre Owen en el prólogo que acompaña a la edición póstuma de Poesía y prosa (1953), publicada un año después de su fallecimiento en Filadelfia, se puede tener un acercamiento a la poética personalísima de Gilberto Owen: una “estética de lo imprevisto”, como lo definiría con acierto Daniel Sada.
De entre los libros de Gilberto Owen publicados en vida, resulta meritorio destacar un conjunto de poemas en prosa que fueron recopilados bajo el conciso título de Línea, el cual fue publicado en 1930 dentro de la colección Cuadernos del Plata de la editorial argentina Proa. Línea puede considerarse su trabajo más vanguardista, y por el mismo motivo es la obra que testimonia su tránsito particular como poeta: el abandono de la preceptiva de la «poesía pura» concebida por Juan Ramón Jiménez y que caracterizaba a los primeros ejercicios del joven Gilberto en Desvelo (1925) y otros poemas más tempranos que fueron rescatados de revistas literarias de la época; y lo que vendría a ser dos décadas después su obra de madurez —y, para opinión unánime de los estudiosos de Owen, también la más perfecta y lograda— inserta en Perseo vencido (1948).
La trayectoria literaria de Gilberto Owen obliga a estudiarla también desde su acercamiento al grupo Contemporáneos, el “grupo sin grupo”, en donde se formaría la voz poética de autores tan trascendentes para la literatura mexicana como Xavier Villaurrutia, Jorge Cuesta, Jaime Torres Bodet, Salvador Novo, José Gorostiza, entre otros más. Para prueba de ello está la Antología de la poesía mexicana moderna (1928) firmada por Jorge Cuesta y en donde a Gilberto Owen se le coloca al cierre de la misma, en la posición final —como si se tratara de confirmar su apuesta vanguardista—, con una generosa aportación de ocho poemas que luego formarían parte de Línea, libro que se publicaría dos años después en Argentina.
Debido a las gestiones de su amigo Alfonso Reyes, Línea vería la luz, ya que Owen —como él mismo narraría en un breve texto autobiográfico— había extraviado los textos (o cierto desencanto personal los había orillado al olvido), aunque luego serían recuperados por amistades suyas para darle forma al libro desde Buenos Aires. Gilberto Owen fecharía los textos compuestos para Línea alrededor de 1928, año en que ese joven Owen asombraría su mirada con los inmensos rascacielos de Manhattan durante una breve estancia en Nueva York, y mientras su amigo Jorge Cuesta estaría dando a la luz en México la antología antes mencionada que terminaría por lanzar al ruedo de la vida literaria al grupo Contemporáneos.
Al Owen de Línea —uno de los primeros libros en prosa poética de la literatura mexicana— puede rastreársele una influencia directa de las Iluminaciones de Arthur Rimbaud. Comparte la construcción de un paisajismo onírico, el abandono de toda lógica del lenguaje para trascender a una estética de lo delirante, que de cierta manera acerca a Owen a los preceptos de la literatura surrealista; también se evidencia su juego dialéctico con la poesía simbolista que Owen apreciaba desde su juventud. Por ejemplo, se permite aludir el célebre verso que da inicio al poema “Brise marine” de Stéphane Mallarmé (“La chair est triste, hélas! et j’ai lu tous les livres [La carne es triste, ¡ay!, y he leído todos los libros]”) elaborando una irónica contra postura (“Porque la carne no es tan triste —¡bah!— ni cuando se sueñan raíces sánscritas”) con la que Owen cierra su texto “El llamado sándalo”.
En otro texto titulado “Novela”, Owen hace lujo de un gran talento para la descripción, valiéndose de una retórica que desconcierta al lector por su onirismo e irrealidad: “Los domingos, el sol hacía impresionismo, incapaz de dibujar nada; los árboles eran una sola mancha verdinegra; pasaron los atletas de la gran carrera, y se deshacían entre la niebla como los radios de una rueda que gira; las casas, olvidando su vital geometría de verticales y horizontales, se retorcían de humo en un gótico, o un mudéjar, no recuerdo, insufrible. Nuestra Señora de la Aviación estaba al pie de todas las figuras, soplándolas hacia arriba.” Recapitulando, la primera edición de Línea reúne 23 composiciones en prosa poética que persiguen vitalmente esa directriz de Owen: la recreación de escenarios irreales a través de un descolocamiento del lenguaje, hacer patente el cosmopolitismo de sus lecturas e influencias (Proust, Gide, Mallarmé, Rimbaud) y evidenciar a través del ejercicio poético su acercamiento a las vanguardias extranjeras como el cubismo y el surrealismo.
En este sentido, Owen fue acaso el más audaz de los Contemporáneos en abrirse a otras expresiones del arte de su época, con el fin de desmarcarse —al igual que otras figuras de los Contemporáneos— de la estética nacionalista que promovieron los gobiernos posrevolucionarios. De ahí que Gilberto Owen poseyera la inteligencia de mostrarse tempranamente como un poeta solitario entre ese “archipiélago de soledades” (en palabras de Jaime Torres Bodet) que fue el grupo Contemporáneos: cada integrante con sus muy personales preocupaciones estéticas e ideológicas. Desde la atinada óptica de Vicente Quirarte, sobre Owen puede afirmarse que “considera al poema como una promesa de vértigo, un viaje de ida en el que no se llega a ninguna parte, y es siempre fiel a una línea evolutiva donde arriesga todas sus cartas a un solo juego: la búsqueda de su identidad, de su desarraigo y aislamiento”. En conclusión, para indagar más en la peculiar travesía del lenguaje que recorrió el joven Gilberto, no hay mejor testimonio fidedigno de esa “línea evolutiva” de Owen que Línea.
Artículo publicado el 20 de julio de 2026 en la edición número 26 del suplemento cultural Barco de Papel de Ríodoce.



