Habitantes de cinco comunidades realizan protesta y ‘botean’ en caseta, ante los altos cobros de la CFE

Habitantes de cinco comunidades realizan protesta y ‘botean’ en caseta, ante los altos cobros de la CFE

Todos cargan con sus recibos de luz. Los traen doblados en bolsas de plástico, guardados entre otros documentos. Algunos muestran adeudos de 6 mil pesos. Otros superan los 14 mil. Hay varios por encima de los 20 mil. Sus dueños los enseñan una y otra vez a quien se acerca a preguntar qué ocurre en la Caseta de Cobro Número 10, sobre la carretera Internacional México 15, donde habitantes de Jesús María, La Campana, El Varejonal, Las Higueras, La Anona y otras comunidades mantienen tomada la plaza de cobro desde el 6 de junio.

Los vehículos cruzan sin pagar peaje. Algunos conductores, los menos, avanzan sin detenerse. La mayoría baja el vidrio, pregunta qué está pasando y deja monedas o billetes en botes de metal que se sacuden ruidosos. Un gesto de aprobación, y hasta palabras de ánimo de los conductores acompaña la donación. Los altos cobros de la Comisión Federal de Electricidad se han convertido en una de las problemáticas más desgastantes para estas comunidades, en un estado al que no le faltan problemas.

El dinero sirve para comprar agua, hielo, alimentos y gasolina para quienes permanecen en el lugar. También para ayudar a pagar algunos de los recibos más elevados o de personas que consideran más vulnerables. Mientras mantienen la protesta, los manifestantes aseguran que exigen descuentos reales en los cobros, y no convenios para liquidarlos en parcialidades.

 

Un líder improvisado

Brígido Lara observa el movimiento desde uno de los extremos de la caseta. Es pescador de El Varejonal. Dice que decidió convocar a la gente cuando los cobros comenzaron a dispararse sin que encontrara una explicación que le pareciera razonable.

Es de complexión robusta, piel morena quemada al sol y protege su rostro adornado con un grueso bigote con una gorra de béisbol. “Anteriormente nos llegaba de 800 pesos, mil pesos. Luego brincó a 2 mil 700. Dejé pasar tres recibos, pero ya en este se brincó a 24 mil y se fue a 32 mil 800. Esa es la causa por la que aquí andamos”.

Cuenta que comenzó a recorrer los poblados cercanos invitando a los vecinos.

“Anduve por Jesús María, La Anona, Las Higueras, La Campana, Los Limones, Las Guásimas, El Limoncito. La respuesta fue mucha porque a todos les está pasando lo mismo”.

La explicación que más han escuchado, dice, es que se trata de ajustes en los consumos. La respuesta lo irrita.

“Dicen que es un ajuste de cuenta. ¿Qué ajuste de cuenta? Si está uno bien jodido. No hay trabajo y a como están las cosas de caras, ¿a dónde carajos lo están tirando a uno?”. Si pones un ‘diablito’ dicen que está robando, ¿y ellos que están haciendo?”

Brígido asegura que las historias comenzaron a repetirse conforme avanzaba de comunidad en comunidad.

“Hay personas que pagaban 450 pesos y les llegaron recibos de 6 mil. Personas que no tenían adeudos. Son personas mayores que viven con la pura ayuda del gobierno. Les llegan 6 mil pesos de luz. ¿Y qué van a comer? Pagan los 6 mil y luego les llega otro recibo. No se me hace justo”.

A pocos metros de él se encuentra Socorro Zazueta Verdugo. Sostiene una cartulina azul casi del tamaño de su torso. Tiene 32 años y vive desde hace una década en La Campana. Su último recibo llegó por 2 mil 500 pesos.

“Antes me llegaban de 700. Depende, cuando no prendo aire me llega 200, 300 pesos cuando mucho”.

 

Ha salido para pagar la luz

Brígido escucha conversaciones parecidas durante todo el día. De vez en cuando alguien se acerca para mostrarle otro recibo.

“Ya hemos pagado varios recibos y hoy vamos a pagar otros tres. Uno de El Varejonal, otro de Jesús María y uno de La Campana, lo vamos a estar subiendo a las redes sociales”, aseguró.

Se refiere al dinero que dejan los automovilistas al cruzar por la caseta liberada.

“Nos dicen que hagamos convenio, que nos dan seis meses. Pero en seis meses nos van a llegar otros tres recibos. No vamos a terminar de pagar uno cuando ya nos llegaron otros, esa no es la solución”.

Desde Jesús María llegó también Leonor, una mujer de 68 años que viste una playera rosa y lleva un trapo blanco sobre el hombro, que utiliza para secarse el sudor.

Dice que durante años sus recibos oscilaron entre mil 500 y 2 mil pesos. Después llegó uno por 14 mil.

“Yo vivo sola como quien dice. Nada más tengo un aire acondicionado y me llegaron 14 mil pesos de luz. ¿Cómo voy a pagar 14 mil pesos así de una? ¿De dónde?”.

Asegura que la situación se repite en gran parte de Jesús María.

Dulce María tarda más en decidirse a hablar. Al principio evita la cámara. Responde con frases cortas. Poco a poco el nerviosismo se transforma en enojo.

Vive en La Anona de Jesús María. Lleva una gorra negra, lentes oscuros y una bolsa cangurera de la que extrae dos recibos doblados.

El primero es por 13 mil 964 pesos. El segundo elevó el adeudo a 18 mil 810.

“Estamos aquí por los cobros excesivos que nos llegaron de luz. Hace dos meses me llegó este recibo y ahora este nuevo de 18 mil. Es una luz que yo no consumí”.

La tarde avanza y el calor sigue cayendo sobre el concreto. Los botes continúan circulando entre los automóviles. Los manifestantes comparan cantidades, revisan fechas y cuentan historias parecidas. Cambian los nombres y los montos, pero el problema es el mismo.

Artículo publicado el 14 de junio de 2026 en la edición 1220 del semanario Ríodoce.

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