Dijo que se iba a La Chingada, en un auto-retiro para tomar distancia y protegerse desde el silencio. Pero La Chingada no queda tan lejos como pensábamos. Andrés Manuel López Obrador demuestra en cada retorno que no está dispuesto a ese ostracismo a que son condenados los expresidentes en México.
Hay una diferencia fundamental, por supuesto. Desde Carlos Salinas, Presidente no pone Presidente. Se rompió el dedazo entonces y Luis Donaldo Colosio no llegó, la historia se volvió tragedia, lo mataron y entró un emergente. Zedillo no puso a Labastida, aunque muchos acusan que sí a Fox. Fox no pudo imponer a Santiago Creel. A Calderón le falló Josefina. A Peña Nieto no le alcanzó para Meade. Pero AMLO, sí seleccionó a Sheinbaum, y arrasó en la elección.
Todos los expresidentes vivos, habían asumido que después del máximo poder en México lo que seguía era el exilio y aguantarse callado cualquier mención, acusaciones, señalamientos, o lo que surgiera. No se iban tan lejos como a La Chingada, aunque sí a Irlanda o España. Desaparecían.
AMLO, en cambio, opta por resurgir cada tanto. Se hace un estruendo, pero en realidad solo publica un video, o una carta, o se deja fotografiar. Con eso basta para provocar una tormenta.
Su reciente aparición va con el tema que acapara la agenda. Ni siquiera es propio, se impuso desde Estados Unidos. Hace un mes lanzaron la bomba y todavía nos tiene en un ovillo. Peor aún, arrecia. La filtración de que otros dos gobernadores del norte, de Morena, y cercanos a López Obrador, han perdido la visa de los Estados Unidos, no es más que el preludio de mayores tempestades.
Andrés Manuel apela al Trump del pasado en su carta. Casi lo libera de culpa, señalando al grupo cercano de funcionarios que han urdido un plan para “debilitar a Morena y fortalecer a la oposición de derecha en México”. Aquí está la clave del argumento de López Obrador en este retorno epistolar.
Insiste en que apoya a la Presidenta Sheinbaum y hasta retoma el caso de Salvador Cienfuegos, recordando cómo se los arrebató de las manos a los americanos cuando ya lo tenían detenido. Lo llama una venganza política, aunque hasta ahora aún se desconocen cuáles eran los detalles de la acusación contra el general.
El embrollo no es menor, lo sabemos todos, y AMLO por eso sale del encierro para opinar. Lo hace a su modo, de manera controlada, cautelosa, arrecia en los ataques donde considera conveniente y le da palmaditas amistosas a Trump, si es que lee la carta o le platican de ella.
Queda claro que una carta no salva a la Presidenta y al país del tremendo lío, menos de las implicaciones que tendrá el asunto, cualquiera que sea el rumbo que tomen las cosas. El daño está hecho y es mayúsculo.
La Presidenta Sheinbaum se acerca al primer tercio de su mandato, le urge sacudirse este tema de las acusaciones de los Estados Unidos, de lo contrario terminará marcando su sexenio. Dejará heridos en el camino, sea cual sea la decisión. Son de esas encrucijadas donde solo queda el mal menor, pero nunca se sabe cuál es.
Margen de error
(Oxígeno) Por ahora, el estallido que llegó del norte es oxígeno para una oposición casi en la agonía. Todo lo que ha venido ocurriendo en el mes reciente le ha permitido a distintos personajes articular una narrativa. Si antes no acertaban con el tema, o quedaban rezagados, ahora pueden tomar la iniciativa porque les sobran puntos flacos para el ataque.
Mal harían en desperdiciar la oportunidad. La política como cualquier guerra, depende de los tropiezos del oponente, de aprovecharse de los errores y fallas. Así es cualquier disputa por el poder.
Estamos justamente a un año de las elecciones intermedias de Sheinbaum. Ella misma habla de que todo esto es para influir en el proceso del 2027. Un año es mucho y es poco, todo dependerá de la manera en que lo afronten todos los actores, desde el partido en el poder y los personajes que surjan de la oposición
Este oxígeno puro está aprovechándose por algunos de esos actores, pero ha sido insuficiente para que surja alguna figura de entre todos ellos. Eso es justamente lo que le urge a una oposición que todavía luce como noqueada, desde 2018.
Primera cita
(Pasado) Está todo tan revuelto, que hasta se le ha dado vuelo a un bulo mayor. Han resucitado al Villano Favorito, a Chuytoño. Reviven un muerto y —según— reviven su expediente, si es que alguna vez existió.
Jesús Antonio Aguilar Íñiguez está muerto legalmente, como tal es inimputable. No hay forma de mandarle un requerimiento, una invitación para declarar como testigo, o girarle una orden de aprehensión. Chuytoño ya no es más que un mito.
Bueno, es parte de la historia del poder en Sinaloa. Cerca, pegadito a los encumbrados, así se explica la historia del policía que por más de 30 años estuvo en las corporaciones de seguridad en Sinaloa, desde cuico —como decía él— hasta jefe mayor.
En aquellos tiempos, 2019, también lo señalaron en un juicio. Los americanos lo vieron demasiado menor para ocuparse de él.
Mirilla
(Futuro) Muchos ven en este episodio la esperada grieta para ir derrumbando a Morena. El daño estructural que modifique el mapa en el ejercicio del poder. De ese tamaño es la encrucijada en que nos encontramos. Aquí se verá el tamaño de Claudia Sheinbaum y si López Obrador sigue en La Chingada, o mantiene sus retornos periódicos (PUNTO)
Artículo publicado el 07 de junio de 2026 en la edición 1219 del semanario Ríodoce.







