Yoremes indoblegables

Yoremes indoblegables

Es una de las pocas etnias que sobreviven en el noroeste de país, la yoreme. Son miles, distribuidos en decenas de pueblos que van desde la Bahía de Ohuira hasta el sur de Sonora. Más de 100 mil, pueblo por pueblo. Y resisten gracias a sus tradiciones. Una de ellas es la lucha por la defensa de sus territorios, tal vez una de las más arraigadas. Otra es la lengua mayo y una más sus fiestas tradicionales reivindicatorias de su historia y de su cultura.

Quitarle un pedazo de tierra a un yoreme es provocar una revuelta. Se sublevaron hace 300 años y lo podrían hacer ahora. Los masacraron entonces, pero eso no puede ocurrir ahora. Los yoremes se han ganado un lugar en la historia a fuerza de esfuerzo, de trabajo, de sangre, de amor por sus comunidades y de respeto a su origen; y de resistencia ante el avasallamiento de un capitalismo salvaje que hubiera querido aniquilarlos.

Todo esto aflora en la lucha que las comunidades indígenas alrededor de Topolobampo han desarrollado desde hace más de una década, cuando se concibió una fábrica de amoniaco en el corazón de la Bahía de Topolobampo, sin consultar a quienes durante siglos han sido residentes, defensores y usufructuarios de sus riquezas ancestrales, principalmente su santuario, el mar. Capitales nativos ligados a políticos insaciables, entre ellos los Labastida, idearon una empresa que les dejaría miles de millones en ganancias sin preocuparse por el daño que le causarían a un área protegida por la UNESCO dentro de los criterios de lo que denominan sitios Ramsar, entornos productivos y cunas de diversidad biológica, ecosistemas indispensables para el equilibrio ecológico y por lo tanto vitales para el desarrollo de las comunidades. Meterse con ellos es meterse con la vida.

Cuando la lucha de los indígenas nació y a pesar de amenazas y crímenes cometidos contra algunos de sus líderes continuó, los dineros locales fueron retirados y entonces aparecieron capitales extranjeros, suizos y alemanes, que le han estado apostando a acuerdos con los gobiernos del país, hambrientos siempre de empleos y de mejorar sus estadísticas, metiendo debajo del colchón, principios y convicciones. Lo hicieron gobiernos de derecha y lo hacen ahora también gobiernos de izquierda, no hay distingos y sí mucha hipocresía.

Los indígenas mayo-yoremes han librado una lucha en el terreno, pero también en los tribunales. Y han apelado a la sensibilidad de la sociedad, en sus territorios, pero también más allá. Por eso en 2022 se apostaron frente a la embajada de Alemania en México para denunciar que una empresa de su país, Proman, asociada con Gas y Petroquímica de Occidente (GPO) pretenden instalar en Topolobampo una fábrica de amoniaco que pone en riesgo el sistema lagunar Santa María-Topolobampo-Ohuira, que abarca 22 mil 500 hectáreas, con todo lo que significa en cuanto a flora y fauna.

Por eso es comprensible lo que ocurrió el jueves, cuando el gobernador, Rubén Rocha Moya,  asistió a un evento simbólico para colocar la primera piedra de la empresa Mexinol, que pretende producir metanol. Dos días antes, un juez de distrito había resuelto un amparo en contra de las comunidades indígenas, que autoriza la construcción de la planta. Y por eso pretendían arrancar su construcción sin que el litigio hubiese concluido, pues el caso será llevado a la Suprema Corte de Justicia de la Nación, presidida ahora por un indígena.

Después de que el evento fue boicoteado por los indígenas, el gobernador se comprometió a que la obra no avanzara si no hay antes una consulta. Ya se hizo una respecto a la construcción o no de la planta de amoniaco, pero fue amañada, porque incluyeron a pueblos, indígenas, sí, pero que no tienen nada que ver con estos humedales. Nada. Y votaron yoremes y yoris —a los que les pagaron 200 pesos por su voto—, manipulando el resultado. El alcalde, promotor desaforado de la planta, era entonces Gerardo Vargas Landeros.

Bola y cadena

UNO DE LOS INVITADOS DE LA EMPRESA Mexinol a colocar la primera piedra fue el embajador de Estados Unidos, Ronald Johnson, quien tuvo que retirarse a hurtadillas de la trifulca que se armó y que dijo, ya resguardadito en un hotel de Los Mochis, que las inversiones en México necesitan certeza y sobre todo no estar ligadas a la corrupción. Fue tan duro su discurso, que tuvo al día siguiente respuesta de la presidenta Claudia Sheinbaum subrayando que también en su país debe haber un ambiente para las empresas, libre de corrupción.

Sentido contrario

LA DIPUTADA TERESA GUERRA podría jurar que, si Morena decide mandar a una candidata —no un candidato— por la gubernatura, ella será la elegida. Saca sus cuentas. Sabe que no le favorecen las encuestas, que la senadora Imelda Castro le lleva mucha ventaja —porque, dice, tiene años recorriendo Sinaloa—, pero que el factor Rocha será determinante. Está convencida de que si el poder que tiene el gobernador no le alcanza para dejar un sucesor a modo —aunque cree que sí y que ese sería Juan de Dios Gámez— ese poder le alcanzaría de sobra para vetar… Y entonces, deshilvana, si es mujer, seré yo. Pero solo son sus cuentas. Entre güevos fritos, un taco de lengua y chilaquiles, le dejé ver que no se entusiasmara demasiado. La vida no es tan fácil.

Humo negro

¿QUIÉN LE DIJO A LA SENADORA Imelda Castro que traer al también senador, Gerardo Fernández Noroña a sus “asambleas informativas” en Sinaloa era una buena idea? ¿No hay nadie que piense por esos rumbos? ¿Noroña como imagen?

Artículo publicado el 26 de abril de 2026 en la edición 1213 del semanario Ríodoce.

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